Ya ocurrió en el pasado y está volviendo a suceder. Las víctimas apoyando a los verdugos. En la Polonia invadida por el ejército de Adolf Hitler, muchos judíos se posicionaron del lado de los nazis pensando que, de este modo, se librarían de las medidas de exterminio. Este grupo fue denominado «Judenrat» y, finalmente, después de traicionar a su pueblo, terminaron en los campos de concentración y en las cámaras de gas.

El crecimiento del populismo en Europa se cimenta, fundamentalmente, en el odio hacia el inmigrante. Los discursos de Santiago Abascal o de Giorgia Meloni están plagados de ataques constantes a los migrantes, independientemente de su nacionalidad. Sólo les interesan aquellos que disponen del dinero expoliado a sus pueblos gracias a la corrupción, como ocurre con los ciudadanos venezolanos que se han instalado en distintos países. El resto, aquellos que abandonaros sus respectivas naciones buscando un futuro mejor, son estigmatizados y colocados en la categoría de «enemigos».

Esos discursos populistas cargados de odio y de xenofobia, además, tienen la característica común de asimilar la inmigración con la delincuencia.

No es casual que este acercamiento de dominicanos a la extrema derecha populista se haya producido cuando apenas ha transcurrido un mes desde que Leonel Fernández estuvo en España para captar adeptos y juramentar cuadros en Madrid

Lo realmente preocupante es que, al igual que sucedió en la Polonia invadida por los nazis, haya muchos migrantes que están siendo absorbidos por el discurso patriótico de formaciones como Vox.

El pasado fin de semana se produjo un encuentro en Madrid en el que cientos de personas migrantes apoyaban al líder de la extrema derecha española, Santiago Abascal. «Latinos con Abascal» se podía leer en las pancartas que mostraban con orgullo estos ciudadanos cautivados por las promesas populistas y trumpistas de Vox. Se podían ver banderas cubanas, venezolanas, ecuatorianas, brasileñas, colombianas y peruanas, principalmente.

En principio, podría parecer lógico, que no lo es, que migrantes cubanos, venezolanos o brasileños apoyaran a Santiago Abascal. Lo que no es tanto es que en ese encuentro se encontraran ciudadanos dominicanos porque en República Dominicana no hay implantada ningún tipo de dictadura sino que el gobierno de Luis Abinader está incrementando el respeto institucional a los valores democráticos, hecho que ha sido reconocido internacionalmente.

Sin embargo, aquí lo que se demuestra es que se está produciendo un proceso muy peligroso por el que el populismo está ganando a la democracia, incluso cuando hay miles de kilómetros de distancia. No es casual que este acercamiento de dominicanos a la extrema derecha populista se haya producido cuando apenas ha transcurrido un mes desde que Leonel Fernández estuvo en España para captar adeptos y juramentar cuadros en Madrid.

Para entender la grave problemática que supone esta situación que se ha generado hay que recordar los mensajes contra la migración lanzados por Vox en los últimos años. «Cualquier inmigrante que haya entrado ilegalmente en España estará incapacitado, de por vida, para legalizar su situación y, por tanto, para recibir cualquier tipo de ayuda de la administración». Además, el partido populista de extrema derecha aboga en su programa a terminar con la figura del «arraigo» para frenar la concesión de cualquier nacionalidad para quien no haya nacido en España.

En consecuencia, olvidarse de la «diáspora» ya supone un gravísimo problema para la democracia dominicana, puesto que el populismo con el que se pretende derribar al actual gobierno de Luis Abinader, ya ha entrado en contacto con las organizaciones de la extrema derecha europea y, por lo que se ve, está captando adeptos que, cuando lleguen las elecciones presidenciales, optarán por apoyar a quien durante más de dos décadas se olvidó de la «diáspora» cuando más lo necesitaba.

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