Teníamos alguna sospecha de que el PSOE que quedó después de la Transición no era el mismo Partido Socialista Obrero Español que fundó Pablo Iglesias Posse.

Abandonar el marxismo centenario en 1979 nos dio una pista, pero eso hasta cierto punto tenía lógica. El marxismo es una teoría desfasada, propia de judíos ociosos y barbudos que se tiran a sus amas de llaves. Solo los hijos de los ricos son auténticamente marxistas, y además ser obrero obrero no tiene glamour alguno. Recalquemos lo de obrero obrero, igual que uno insiste ante los amigos que la cazadora recién comprada no es solo de piel, sino de piel piel.

No, ser obrero obrero no tiene charm. Te lleva a manchas de grasa, sudor en el mono y a personas que huelen a ajo y a bocadillo chicloso de tortilla. El obrero obrero apenas se da en la fauna autóctona. El escaso que hay aquí vota al PP para que traiga de nuevo los tiempos prósperos de Don José María, en los que se levantaban 8.000 euros al mes e iban todos con un Audi A6.

No, el obrero obrero ya no existe, y además el licenciado en periodismo que gana una tercera parte de lo que gana un fontanero al mes nunca se va a considerar obrero, faltaría mas. Ese señor es clase media media, porque no importa que sea pobre como una puta rata, ese señor es alguien porque ha estudiado, que todo hay que explicarlo. Es un señor de izquierdas moderno y tiene Twitter, nunca ve Tele 5, se ha pasado el FallOut 4 en la Play, y las pelis se las descarga en inglés con subtítulos.

Por tanto tiene sentido que el PSOE se quitase lo de obrero del significado, si bien no del significante. “A tomar por culo el marxismo”, pensaron enfundados en su pana. “Que no nos vaya a caer un balazo de algún díscolo, cuando aquí de lo que se trata es de figurar”. Y así, contentos y felices, se subieron al balancín del bipartidismo, cantando Al pasar la barca, ahora subes tú, ahora subo yo.

Eran tan felices, en su socialdemocracia. Estaban tan apañados, que la irrupción del otro Pablo Iglesias les pilló en pleno periodo refractario entre polvos y resacón de Moët Chandon. Había subido la exigencia. Ya no se podía poner a calvos barrigones a competir con el que tocase en el otro lado del balancín. Porque de repente ya no había puto balancín. Había cambiado el juego, ahora era de las sillas musicales.

Tocaba poner a un guapo con pocas luces al frente. La jugada ya le había salido bien a los barones y a los jefes de los barones en el pasado con ZP. Así que se reunieron con Pedro Sánchez, reunión de la que Susana Díaz salió diciendo “Este chico no vale, pero nos vale”. El guaperas no solo salió perdedor, no en vano lleva siete derrotas consecutivas en siete elecciones, además salió rojeras y respondón. En lugar de calentarle la silla a Susana como era su obligación, el guaperas se empeñó en cortar lazos con la Guardia Gasnaturalista de la Pana en Ristre y en decirle –habrase visto cosa de la manera—que NO es NO al señor del otro lado del balancín.

Los barones corrieron enseguida a ayudar a los suyos a ganar el juego de las sillas musicales, por el expeditivo procedimiento de serrarle las patas a la de Pedro Sánchez. No fuese a ser que algún gilipollas se creyese que lo de obrero obrero iba en serio.

Mientras vemos desplomarse lentamente la silla de Pedro Sánchez, convertido en bellísimo mártir de cuadrada mandíbula y abultado paquete, nos preguntamos quién quedará de reina de los despojos, cuántas carcajadas estarán resonando ahora mismo en los pasillos enmoquetados, y si finalmente le echarán cojones y llamarán al resultado con el mucho más honesto nombre de Partido Super Oligarquico Escindido.

  1. En Twitter uno puede encontrarse muchos estudiantes de ADE y liberales que creen que son de clase alta, pero de eso hablaremos otro día.

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