Foto: Greenpeace

La invasión rusa a Ucrania llevó, en abril de este año, al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) a proporcionar datos «muy limitados» asegurando que los niveles de radiación eran «normales» y no representaban un problema importante para el medio ambiente o la seguridad pública. Sin embargo, Greenpeace ha podido documentar, junto con los científicos ucranianos de Chernóbil que, debido a las acciones militares rusas contra los laboratorios, las bases de datos y los sistemas de control de radiación, «se han producido graves daños en los equipos e infraestructuras técnicas y científicas desarrolladas de forma exclusiva en cooperación con la comunidad científica mundial, incluido el equipo de laboratorio necesario para estudiar el impacto de la radiación en las personas y el medio ambiente, lo que amenaza así la seguridad de esta y futuras generaciones».

Con la aprobación y la cooperación de la Agencia Estatal Ucraniana para la Gestión de la Zona de Exclusión de Chernóbil (SAUEZM) y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, el equipo de Greenpeace pudo realizar un estudio limitado sobre la radiación dentro de la zona de exclusión de Chernóbil, de 30 km, altamente contaminada. El equipo se vio limitado por el hecho de que la mayor parte de los 2.600 km2 de la zona no ha sido revisada ni limpiada de minas terrestres rusas.

Greenpeace ha dado a conocer los resultados de su investigación durante una rueda de prensa celebrada en Kiev, a la que también han asistido el director de SAUEZM, Yevhen Kramarenko, su director adjunto, Maksym Shevchuk, y Serhiy Kireev, director general de la empresa estatal especializada EcoCenter de Chernóbil.

Vínculos entre el OIEA y la agencia estatal nuclear rusa

A la organización ecologista le preocupa que el OIEA «se vea gravemente comprometido en su papel sobre la seguridad nuclear en Ucrania por sus vínculos con la agencia estatal nuclear rusa, ROSATOM, incluido su actual director adjunto del OIEA, Mikhail Chudakov, funcionario de ROSATOM desde hace mucho tiempo».

Shaun Burnie, especialista nuclear de Greenpeace Alemania, ha afirmado que «entender los complejos efectos de la radiación en Chernóbil es esencial para el mundo y eso significa realizar investigaciones y trabajar con científicos internacionales». Todo eso se ha puesto en peligro por la guerra de Rusia contra Ucrania. Los científicos y los trabajadores que llevan a cabo un control de la radiación se ven ahora amenazados por las minas terrestres y minas antipersona rusas. «Este es otro indignante legado de la guerra ilegal de Rusia y es un crimen contra el medio ambiente y la ciencia mundial. El OIEA parece reacio a explicar la magnitud de los riesgos de radiación en Chernóbil y el impacto de la ocupación rusa», denuncia.

En el Bosque Rojo

El equipo de Greenpeace midió, en un campamento ruso cerca de Stantzaya Yanov, tasas de dosis que iban desde 0,18 µSv/h (microSieverts por hora) hasta 2,5µSv/h a una altura de 10 cm. «El nivel más alto es más de tres veces la estimación de la OIEA. En un cruce, a 1,5 km del antiguo control de carretera ruso y junto al Bosque Rojo, la tasa de dosis fue de 7,7µSv/h, mucho más alta que la facilitada por el OIEA», exponen.

En las muestras tomadas en un laboratorio móvil sobre el terreno, se observó un fuerte contraste en las concentraciones de Cs-137, que iban desde 45000 Bq/kg hasta menos de 500Bq/kg. La alteración de las capas del suelo por parte del ejército ruso pudo hacer aflorar a la superficie suelos más contaminados de capas más profundas o suelos más contaminados de otras capas. Esto puede conducir a un mayor nivel de migración de radionúclidos en el medio ambiente.

Un factor 40 veces más alto

Además, las mediciones realizadas con un vehículo aéreo no tripulado (UAV) a 100 metros de altura revelan niveles de radiación aún más elevados en una zona más amplia hacia el sur. Se midieron unos 200 cps (cuentas por segundo) por encima del campamento ruso, mientras que a 600-700 metros al sur la actividad más alta fue de casi 8000 cps, un factor 40 veces más alto.

«Hemos medido niveles de radiación gamma en el interior de las trincheras rusas abandonadas que los califican como residuos nucleares de bajo nivel. Está claro que los militares rusos operaban en un entorno altamente radiactivo, pero eso no es lo que comunica el OIEA. Sólo podemos concluir que el OIEA, por alguna razón, decidió no esforzarse en investigar a fondo. De nuestro estudio se desprende que no hay nada normal en los niveles de radiación dentro de la Zona de Exclusión de Chernóbil, a pesar de lo que la OIEA quiere hacer creer al mundo», declaró Jan Vande Putte, principal especialista en radiación de Greenpeace Bélgica.

Informe de análisis por satélite

Para la investigación de Greenpeace Alemania fue esencial un informe de análisis por satélite encargado a McKenzie Intelligence Services (MIS), con sede en el Reino Unido, que mostraba la ubicación de las operaciones militares rusas durante febrero y marzo de 2022. El análisis llevado a cabo por expertos militares de las imágenes multiespectrales del satélite de la constelación Sentinel 2 y del Visible Infrared Imaging Radiometer Suite de la NASA identificó incendios en la zona de exclusión que McKenzie concluyó «que fueron provocados deliberadamente por los militares rusos».

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