La propuesta de «preparación para el invierno» de la Comisión Europea no acaba de convencer a los ecologistas de Greenpeace. Dicen que se queda corta a la hora de ofrecer una estrategia justa de reducción de la demanda energética, que apoye las necesidades de energía limpia de la población a largo plazo. Consideran que el plan se centra excesivamente «en facilitar el cambio a fuentes de combustible sucias como el petróleo y el carbón, así como en asegurar el dinero para la industria, pasando por alto los impactos perjudiciales para el clima de las fuentes de energía no sostenibles». Tampoco comparten que la Comisión intente que la propuesta se apruebe utilizando el artículo 122, «una disposición legal que le permite eludir al Parlamento Europeo y, por tanto, a la ciudadanía de la UE».

Se supone que la propuesta prepara a los países europeos para afrontar el hipotético corte del suministro de gas fósil ruso de cara al próximo invierno, cuando las personas y las empresas usuarias de energía podrían verse obligadas a reducir el consumo de gas fósil. Para permitir estos «cambios de combustible», la Comisión Europea permite que los países pierdan de vista los compromisos frente a la emergencia climática y aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero.

En palabras de Thomas Gelin, responsable de la campaña de Greenpeace en la UE: «Esperábamos que la Comisión Europea presentara un plan de reducción energética justo para todas las personas. Lo que hemos obtenido es una luz verde para que las industrias vuelvan a recurrir a fuentes de energía insostenibles como el petróleo y el carbón, un inadmisible paso atrás; mientras que los hogares, cuyas necesidades energéticas para la calefacción aumentan durante la temporada de invierno en Europa, se quedan sin apoyo real y sin alternativas concretas. En lugar de cambiar a combustibles sucios de nuevos proveedores, Europa debería dar prioridad a la reducción del despilfarro de energía y no retrasar una vez más la acción sobre el cambio climático en beneficio de las industrias sucias». 

Repercusiones climáticas

Al elaborar el plan de invierno, indica que la Comisión «ha pasado por alto las repercusiones climáticas de algunas de sus recomendaciones, como el apoyo sin condiciones de los contribuyentes a las industrias de alto consumo energético, como la siderúrgica, la cementera o la química, para compensar sus pérdidas, o la subvención de medidas de descarbonización, que las industrias deberían haber puesto en marcha hace tiempo, beneficiándose de los derechos gratuitos del sistema de comercio de emisiones de la UE».

Las medidas de ahorro y gestión de la demanda, absolutamente necesarias y urgentes, y por razones climáticas deberían ser permanentes, «no sólo cuando haya amenaza de corte de gas ruso, y ser de aplicación para todo combustible fósil de cualquier origen. Lo que merece un rechazo frontal es la pretensión de relajación de límites o controles de emisiones, así como cualquier subvención a la quema de fósiles”,  argumenta José Luis García Ortega, responsable del área de Clima, Energía y Movilidad de Greenpeace España. Cree que “España debería responder a este plan acelerando la transición energética a las energías renovables, la eficiencia energética y el ahorro de energía, empezando por los sectores industriales, que son los que más gas consumen, para llegar cuanto antes a un sistema energético 100 % renovable, eficiente, inteligente y participado por la ciudadanía, sin caer en la trampa de dar marcha atrás hacia el carbón ni desviar recursos a infraestructuras de gas que tendrán los días contados. El único hub que tiene sentido es el de las renovables”.

Mientras, está previsto que los ministros europeos de Energía debatan esta propuesta de la Comisión durante una reunión extraordinaria del Consejo de Energía el 26 de julio.

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