Luis Abinader es un presidente que está cumpliendo sus promesas y eso escuece a quienes pensaron que lograrían arrebatar la voluntad del pueblo a base de mentiras y fake news. Los hechos son invencibles para la propaganda destructiva del trumpismo dominicano y, por esta razón, están recurriendo a un juego sucio que no tiene más finalidad que la de ejecutar una especie de «golpe de Estado» contra el legítimo presidente del país caribeño.

Ante los resultados positivos de las políticas de Abinader, el trumpismo dominicano, liderado por el expresidente Leonel Fernández, no tiene más recurso que acudir a la anécdota para intentar convertirla en cuestión de Estado. A través de las redes sociales, a través del manejo del big data, se está pretendiendo hacer ver a la ciudadanía dominicana y al mundo entero una especie de apocalipsis que, en realidad, no existe.

Cuando los resultados que se están obteniendo durante la gestión de Luis Abinader son históricos, cuando República Dominicana está recibiendo un reconocimiento internacional ignoto desde el día de su independencia en 1844, la oposición no tiene más salida que utilizar la mentira y la expansión de la misma a través de herramientas mediáticas con las que se quiere contraprogramar lo evidente.

El diario digital estadounidense Washington Times, uno de los altavoces de la extrema derecha y defensor de los asaltantes al Capitolio del 6 de enero de 2021, ha publicado un artículo de opinión lleno de falsos datos y manipulados que no sólo afectan a Abinader, sino al prestigio de República Dominicana. Hasta ahí están dispuestos a llegar los de las juramentaciones solemnes y los de los llantos de cocodrilo ante la bandera de la república.

Ese medio de comunicación residual, que apenas alcanza los 3 millones de visitas mensuales, es el que han utilizado los trumpistas dominicanos para intentar desprestigiar y crear un caldo de opinión que lleve a la ciudadanía, sobre todo a la de la diáspora, a generar una situación como la provocada por los hackers y la inteligencia rusa en el año 2016 en Estados Unidos. La intervención exterior sobre los procesos democráticos en base a la mentira, el bulo y la añagaza.

Sin embargo, es un medio muy bien elegido, puesto que es leído por las diásporas de diferentes países latinoamericanos, sobre todo de los que no han salido de sus países por motivaciones económicas, sino políticas, como Cuba o Venezuela, y que tanto apoyan a Donald Trump y al ala ultraderechista del Partido Republicano. Lo que se busca es un efecto contagio con el que Abinader tiene que estar alerta, puesto que se puede generar un escenario en el que los migrantes dominicanos puedan llegar a contagiarse del trumpismo dominicano.

Estos apologistas del populismo dominicano seguramente han contratado a un columnista del Washington Times y le han contado su versión manipulada de lo que sucede en República Dominicana bajo el gobierno de Luis Abinader y se ha publicado un artículo de opinión tan patético que podría destruir el prestigio de cualquier profesional del periodismo.

La columna, firmada por Peter Roff, reconocido ultra y defensor de Donald Trump, pretende hacer ver que Estados Unidos está perdiendo peso en Latinoamérica en favor de China y, en este contexto, dedica gran parte del contenido del presunto artículo a desprestigiar a Luis Abinader con mentiras que cualquiera que esté bien informado las descubre a kilómetros de distancia, pero que bien colocadas en tuits, post de Instagram o en vídeos manipulados de Youtube pueden crear el caos, es decir, el objetivo de la oposición populista y trumpista.

Para entender la falacia hay que partir de la base de que el Washington Times coloca como ejemplo de buena gestión al pseudo dictador salvadoreño Nayib Bukele, a quien coloca en la categoría de aliado de Estados Unidos, pero que en su política contra las bandas criminales está vulnerando sistemáticamente los derechos humanos y democráticos de miles de personas. Es lo mismo que hizo Trump con el sátrapa filipino Rodrigo Duterte o con Vladimir Putin, a quien una facción de la extrema derecha norteamericana considera un aliado.

Por otro lado, el todólogo Roff afirma que Luis Abinader está «empleando métodos de ‘prisión preventiva’ para mantener su rodilla en la garganta de sus oponentes políticos. En marzo, más de una docena de figuras de la oposición fueron encarceladas sin cargos, incluido su oponente presidencial de 2020. Muchos de ellos permanecerán encerrados hasta después de las próximas elecciones».

Esto es falso, dado que la detención de estos políticos deriva de un gravísimo caso de corrupción, el Caso Calamar. Esta defensa a ultranza de corruptos es la muestra de que quienes han instigado (o pagado) la publicación de este artículo defienden el estado corrupto impuesto durante los gobiernos de Danilo Medina y, sobre todo, de Leonel Fernández.

Gonzalo Castillo, el dirigente que concurrió a las elecciones contra Abinader y perdió, que está presuntamente implicado en este caso de corrupción, ya fue señalado por hechos cometidos durante su etapa como ministro de Obras Públicas del gobierno de Danilo Medina. Varios medios europeos publicaron en junio de 2020 diferentes corruptelas de Castillo sin que dijera nada, publicaciones que generaron gran escándalo en República Dominicana y que tuvieron una importancia vital en la victoria de Abinader en las elecciones presidenciales. El pueblo dominicano no quiere corrupción ni, desde luego, medios de comunicación que la intenten tapar o que presenten a los corruptos como mártires.

El periódico de la extrema derecha norteamericana olvida que desde el año 2004 hasta agosto de 2020, República Dominicana fue uno de los epicentros mundiales de la corrupción y del crimen organizado. Durante los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), liderados por Leonel Fernández y Danilo Medina, se generó un escenario marcado por la corrupción más absoluta y eso se trasladó a las leyes que dictaron y que, en algunos casos, siguen vigentes a pesar del cambio de presidente. Fue tal el nivel de corrupción, del que se beneficiaron los altos dirigentes del PLD, que el país caribeño se convirtió, en proporción, en el líder absoluto del Caso Odebrecht.

A Roff no le han contado, o no le ha interesado contar para no agraviar a sus benefactores, que la llegada de Luis Abinader a la Jefatura del Estado ha provocado un cambio histórico que le ha llevado a recibir el reconocimiento internacional por su trabajo en contra de la corrupción. Además, las cifras están ahí, lo que ha derivado en que en los diferentes rankings mundiales República Dominicana haya escalado puestos como nunca lo había hecho en su historia.

El Washington Times cataloga como una mala noticia que el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, pusiera como ejemplo de lucha por la democracia las medidas anticorrupción del gobierno de Luis Abinader. Estas palabras de Biden, evidentemente, fueron un duro golpe para quienes hoy se presentan, como hizo Donald Trump o los líderes de la extrema derecha filofascista europea, como salvadores de la patria pero que cuando gobernaron pusieron la impunidad como elemento fundamental de sus gobiernos.

Hay que recordarle a ese diario digital del populismo trumpista que en su discurso de toma de posesión, el presidente dominicano fue muy claro con sus intenciones respecto a la lucha contra la corrupción: «Y hoy, aquí, les digo que nuestra democracia has ido dañada. En este punto quiero ser muy claro, preciso, y contundente. En el gobierno que iniciamos hoy, no se permitirá, bajo ningún concepto, que la corrupción del pasado quede impune, el que robó dinero del pueblo, tiene necesariamente que pagar en la justicia por sus actos. De igual manera quiero hacerles una advertencia a los nuevos funcionarios que me acompañarán en el gobierno del cambio: no voy a tolerar ningún acto de indelicadeza y mucho menos de corrupción en mi gobierno. El funcionario que se equivoque con el dinero del pueblo será inmediatamente destituido y puesto a disposición de la justicia».

Eso es lo que ha hecho Abinader desde el mes de agosto de 2020 y a los trumpistas dominicanos no les gusta porque es muy fácil enriquecerse gracias al dinero del pueblo, dinero que en la actualidad está siendo invertido en mejorar los servicios sociales o en potenciar a República Dominicana de tal modo que sirva de epicentro para la captación de inversiones internacionales que creen nuevos puestos de trabajo y, en consecuencia, más prosperidad a las familias de clase media y trabajadora.

Afirmar que Luis Abinader está vulnerando los derechos humanos es desconocer lo que realmente está sucediendo en República Dominicana. La actual gobernanza está siendo puesta como ejemplo de respeto de las libertades democráticas en todos los ámbitos internacionales. Sin embargo, a los trumpistas dominicanos no les parece bien y por eso han instigado la publicación de ese artículo.

Por otro lado, el presunto artículo del panfleto de la extrema derecha afirma que China está sosteniendo a Luis Abinader en su búsqueda de renovar su mandato. Esto es, además de falso, absurdo. No hay más que ver la agenda presidencial del presidente dominicano o de su gobierno para entender que el ultra Roff no tiene ni idea de lo que ha escrito (o transcrito).

Luis Abinader y su gobierno han mantenido contactos con Estados Unidos, Japón, España, Corea del Sur, Suiza, Reino Unido, países que, precisamente, no se caracterizan por estar controlados por China. El filósofo griego Cleóbulo de Lindos afirmó en el siglo VI a.C. que «nada hay en el mundo tan común como la ignorancia y los charlatanes», algo que, 2.600 años después, es aún válido y se demuestra con la publicación del Washington Times.

Además, Roff es tan ignorante de lo que ocurre fuera del Distrito de Columbia que llega a afirmar que «la prisión preventiva» es «una herramienta favorita de dictadores y aspirantes que temen que la gente los saque del poder si tienen la oportunidad». La prisión preventiva es una herramienta judicial que se aplica en todos los países democráticos de occidente, sobre todo en los casos de corrupción.

Sin embargo, el todólogo Roff sigue con lo que han dicho desde el trumpismo dominicano e intenta asimilar la situación de República Dominicana con la dictadura de China.

No hay más que ver lo que sucede en el país caribeño con derechos fundamentales como la libertad de expresión y prensa para comprender la ignorancia del panfleto ultra utilizado por el trumpismo dominicano para verter su bilis.

La organización Reporteros sin Fronteras, durante los gobiernos del PLD, denunció en reiteradas ocasiones el clima hostil que sufrían los periodistas. Por ejemplo, el primer semestre de 2015, bajo la presidencia de Danilo Medina, fue terrible. Los periodistas que cubrían temas delicados, como la corrupción o el narcotráfico, se exponían, entre otros peligros, a violentas represalias y a amenazas de funcionarios o de los cárteles.

La misma organización, tras la llegada de Luis Abinader al poder, afirmó que a libertad de prensa y de expresión son reales y están garantizadas por la Constitución. Estos últimos años han sido testigos de un descenso de las agresiones verbales y físicas contra los periodistas. La situación que ha creado el gobierno de Luis Abinader ha derivado en que el papel de los medios de comunicación se consolide y gane fuerza. El sector es diverso y dinámico, y los periodistas regularmente revelan escándalos que involucran a figuras que están o estuvieron en el poder, o en su entorno. La población tiene acceso a todos los medios de comunicación. Los principales periódicos tienen versiones impresas y digitales, mientras que la televisión y la radio transmiten programas diarios de noticias. Internet ha crecido hasta hacerse masivo, impulsando el alcance de los medios grandes y el nacimiento de medios más pequeños.

Por otro lado, los medios de comunicación son menos utilizados para realizar campañas de desinformación. Por eso, los populistas se ven obligados a utilizar las redes sociales o pseudo diarios digitales de corte ultraderechista para ello.

El escritor británico Jules Renard afirmó a principios del siglo XX que «de vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes». El trumpismo dominicano y su gran líder, Leonel Fernández, utilizan tanto la mentira que necesitarán tres vidas para poder cumplir lo que dice Renard. Así funciona el populismo.

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