Uno de los elementos en los que más se ha proyectado el nuevo estilo de gobernar del presidente Luis Abinader ha sido en la mejora incuestionable de las relaciones internacionales y en el incremento del prestigio internacional de la República Dominicana. El país ha conseguido ser puesto en valor por los líderes de las principales potencias mundiales, desde Estados Unidos hasta los miembros de la Unión Europea. Además, este fenómeno histórico ha sucedido no sólo en el ámbito político o diplomático, sino también en el económico y empresarial.

Abinader ha conseguido que República Dominicana sea respetada por todo el mundo, sobre todo por las potencias. Se trata de hechos, no de fantasías propagandísticas. Quien sí se amarra a este tipo de estrategias, evidentemente, no puede reconocer la verdad y va divulgando por todos los sitios donde se le quiera escuchar que ese incremento del prestigio del país sea cierto porque entonces el populismo queda al descubierto. Eso es lo que le está ocurriendo a Leonel Fernández, el líder de la oposición dominicana. Bueno, los hechos son los que son y cada cual ve gigantes donde sólo hay molinos de viento.

La proyección de la política internacional de Abinader ha colocado a República Dominicana en situación de liderazgo real a nivel mundial en elementos como la lucha contra el cambio climático, la recuperación del sector turístico tras la pandemia o el modelo de vacunación que, tras el éxito dominicano, fue copiado por otros países de la región. Todo esto ha sido refrendado en diferentes foros y cumbres por los líderes políticos y organizaciones supranacionales.

Además, las políticas internas aplicadas desde agosto de 2020 han logrado que el mundo se fije en República Dominicana más allá del turismo. La estabilidad económica, la lucha contra la corrupción (una lacra que ha minado al país, sobre todo desde 2004) y los modelos de transparencia han generado una seguridad jurídica que está atrayendo importantes inversiones extranjeras en múltiples sectores que han derivado en un crecimiento económico importante y sostenido, sobre todo en el escenario de crisis global actual.

Ese fortalecimiento de la imagen de país a nivel internacional se ha visto reflejado en los últimos días en la carta remitida por el presidente de la República Francesa a Luis Abinader, en la que se destaca el interés de la segunda economía de la Unión Europea en participar y contribuir en diferentes proyectos de infraestructuras en República Dominicana.

Emmanuel Macron le expresaba a Luis Abinader el deseo de Francia de participar en la construcción de una tercera línea del metro en la capital, iniciativa que podría ir acompañada de un acuerdo intergubernamental y una oferta de financiación.

Esa carta de Macron a Abinader es un duro golpe para quienes, como Leonel Fernández, han llegado a afirmar que ese prestigio conseguido por el actual gobierno dominicano es sólo propaganda. La misiva del presidente francés es la muestra de que no es así y de que, tal vez, haya quien esté reconociendo en su fuero interno que durante sus 12 años de gobierno no hizo más que implantar un régimen basado en la corrupción y el clientelismo.

Foro de Davos

Otro hecho que demuestra el crecimiento del prestigio de la República Dominicana en el mundo se ha producido en el Foro de Davos con la intervención de la vicepresidenta Raquel Peña, donde se ha ponderado la implementación por parte del gobierno de Luis Abinader de políticas transparentes y justas para la reducción de los índices de corrupción, blanqueo de capitales y narcotráfico, como las estrategias clave aplicadas desde agosto de 2020 para garantizar la estabilidad económica y social y atraer inversiones a la República Dominicana, cosa que se está consiguiendo.

En consecuencia, es indiscutible que el protagonismo de República Dominicana a nivel internacional en el mundo se ha incrementado a niveles históricas gracias a las políticas implementadas por Luis Abinader. Este hecho tiene como consecuencia que las potencias económicas invertirán y, por ende, se incrementará el bienestar del pueblo dominicano. Esto es una realidad, el resto sólo son los cuentos de los perdedores.

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