Si alguien pensaba que Leonel Fernández ya había alcanzado los límites máximos del populismo, se equivocaba. Si alguien creía que alguien que había sido presidente de República Dominicana no iba a superar determinadas líneas rojas, se equivocaba. Leonel está dispuesto a todo con tal de recuperar, incluso a través de la felonía, lo que él piensa que es suyo por decisión divina.  

Es difícil recordar tanta deslealtad, infamia o vileza en la actividad política. Se puede estar en contra o en desacuerdo con las decisiones del gobierno de Luis Abinader, pero Leonel ya juega otra liga y ha dejado de ser un político para pasarse al lado oscuro del populismo de corte trumpista.

Y no hay nada más populista que utilizar la inflación y el precio de la canasta básica para culpar de la situación al presidente Abinader, quien, si se hiciera caso de lo que ha dicho, dice y dirá Leonel [cosa que las personas inteligentes no hacen], es el culpable de todo, incluidas las crisis bélicas en Ucrania y Gaza.

Leonel siempre va por detrás, pero, eso sí, cuando llega lo hace con todo el populismo posible. En estas fiestas navideñas, estuvo presente en una entrega de cajas para los ciudadanos que se quisieran acercar a la sede de su partido. Evidentemente, esta situación, muy aproximada a las entregas de caridad de los terratenientes del siglo XIX, era un caldo para el populismo que Leonel no podía dejar escapar, y lo hizo de la manera más vil y manipuladora.

El líder trumpista de la oposición dominicana participó en una entrega de lotes de alimentos patrocinada por su partido que, en realidad, fue un acto electoral. Las cajas llevaban una foto de Leonel y, en consecuencia, estaban intentando comprar votos a través del clientelismo tan propio de los años en los que gobernó Fernández.

Además, Leonel realizó unas declaraciones cargadas de manipulación, mentira y que mostraban al mundo una situación en la que él mismo, que tan patriota dice ser, estaba humillando a su propio país al pretender comparar la situación actual con la de países del tercer mundo. ¿Se puede ser más vil?

Según recogieron diferentes medios locales, Leonel afirmó que «hacía años que la economía dominicana no se había desacelerado tanto, pero también un año en que los precios de la canasta básica se mantienen muy alto. He estado en contacto con sectores populares de la población y, nos manifiestan lo difícil que es poder acceder a los artículos básicos y la necesidad que tienen de alimentarse, la alimentación se ha convertido en el tema fundamental de la sociedad dominicana».

Es decir, que la visión de República Dominicana que pretende trasladar Leonel es que la ciudadanía está pasando necesidades para poder sobrevivir y que tienen dificultades para encontrar esos alimentos y productos básicos. En consecuencia, la visión de Leonel es la de un país no alejado de cualquier nación del África subsahariana.

Sin embargo, las cifras oficiales, tanto internas como de importantes organismos internacionales, dicen lo contrario que lo denunciado por Leonel. Es más, la realidad demuestra que lo que pretende hacer el líder de Fuerza del Pueblo es la aplicación maximalista del principio de la exageración y la desfiguración creado por el jerarca nazi Joseph Goebbels. Esta estrategia propagandística, también aplicada en otros regímenes autoritarios (incluido el de Trujillo), se basa en convertir cualquier anécdota en una amenaza grave. Es decir, generar miedo a través de la mentira y la manipulación de las cifras.

¿Hay inflación en República Dominicana? Sí, no se puede negar lo que es evidente, como hace Leonel. Sin embargo, es un fenómeno global que ha afectado a todas las naciones del mundo. Sólo China, Arabia Saudí, Omán y Tailandia tienen una subida de precios al consumo inferior al 2%. República Dominicana, según los datos del Fondo Monetario Internacional, se encuentra con una tasa de inflación del 4,9%, muy por debajo de países con economías avanzadas como Reino Unido (7,7%), Italia (6%), Francia (5,6%), Alemania (6,3%), Australia (5,8%), Noruega (5,8%) o Suecia (6,9%). Entonces, ¿de qué habla Leonel?

Respecto al crecimiento de la economía, el líder trumpista de la oposición ha afirmado que no subirá más allá del 2%, algo que es falso, según indicó el FMI, que dio una previsión del 3% para 2023, del 5,2% en 2024, cifra que se mantendría hasta 2028. Es decir, el Fondo Monetario avala las políticas de Luis Abinader, sobre todo si se toma en consideración el hecho de que República Dominicana está por encima de las tasas de crecimiento de Estados Unidos (2,1), Canadá (1,3), España (2,5), Francia (1), Italia (0,7), Reino Unido (0,5), Alemania (-0,5), Australia (1,8) o Japón (2).

Respecto a las tasas de pobreza, Leonel no tiene unas cifras de las que presumir durante los 12 años que gobernó. Según datos del Banco Mundial, el coeficiente Gini cuando Fernández dejó la presidencia en el año 2000 estaba en 51,5. En su segunda etapa, ese índice llegó a alcanzar los 52,1 puntos, dejándolo en 2008 en 48,9. La gestión del presidente Abinader se traduce en que ese coeficiente se estableció en el año 2021 en 38,5.

Es más, el propio Abinader anunció este mes de diciembre que la tasa de pobreza se había situado en el 23,4%, es decir, el más bajo de la historia. Esto se ha conseguido gracias a importantes subidas salariales. En concreto, durante la actual administración se aplicaron dos aumentos de salarios mínimos, un 19 % de aumento en 2022. De igual modo, un 15 % de aumento en 2023, más 4 % de aumento en febrero de 2024, para un 19 %. Dijo que el aumento acumulado del 2022 al 2024 sería de 38 %. 22.7 % de inflación acumulada de 2020 al 2023.

El propio presidente afirmó que en sus tres años en la Presidencia, el salario mínimo en dólares se había incrementado en un 35,7%.

Todas estas cifras demuestran que Leonel no tiene nada que ofrecer al pueblo dominicano, nada más que caridad interesada, muchas palabras y un currículum que debería dar pánico. La ciudadanía de la República Dominicana no quiere eso, quiere crecer, y sólo tiene un camino para lograrlo: seguir y perseverar hacia un futuro mejor basado en hechos, no en leyendas.

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