Según las organizaciones ecologistas, no se han previsto suficientes medidas en el ámbito del uso de la tierra y la silvicultura mediante la restauración y protección de los ecosistemas naturales | Foto: Markus Spiske/Pexels

La reacción a las recomendaciones que la Comisión Europea acaba de presentar respecto a los nuevos objetivos de reducción de emisiones para 2040 no se ha hecho esperar entre las principales organizaciones ecologistas. Con esta publicación, finaliza el análisis encargado al Consejo Científico Europeo para el Cambio Climático (ESABACC, por sus siglas en inglés) para evaluar tres posibles escenarios climáticos. A pesar de que las conclusiones del informe señalan como mejor opción una reducción del 95 %, la Comisión Europea ha ignorado esa opción reduciendo el compromiso al 90 % de las emisiones netas.

En el Estado español, la sequía en el noreste peninsular, los fenómenos meteorológicos extraordinarios o las altas temperaturas primaverales de los últimos meses son un tráiler de lo que está por venir si no se reducen de forma drástica y urgente las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ello, Ecologistas en Acción ha recordado que «la única senda de reducción posible es aquella capaz de limitar la temperatura global en 1,5 ºC y señala que, con esta propuesta, la UE está lejos de cumplir con la ciencia y la justicia climática».

La organización ecologista declara que «el texto muestra una falta de ambición política que impacta especialmente al sur del continente europeo poniendo en grave riesgo ecosistemas como los mediterráneos». Además,  señala que existen menciones muy preocupantes en la redacción, que parece confiar «en técnicas peligrosas y no contrastadas como la captura de carbono o la energía nuclear». En cuanto a esta última, las pretensiones de la UE de dar continuidad a las centrales nucleares o el apoyo a los pequeños reactores nucleares modulares (SMR), afirma la organización que «ponen en riesgo a toda la ciudadanía europea».

Para Javier Andaluz, coordinador de Clima y Energía en Ecologistas en Acción, «la apuesta por estas falsas soluciones es errónea e intenta ocultar la pretensión de que los combustibles fósiles sigan jugando un papel en el mix energético en 2040. Incluso plantea la continuidad de centrales térmicas para la producción de electricidad, cuando la descarbonización de este sector debería estar casi completada en 2030».

Sin fecha para el fin de los combustibles fósiles

Según Greenpeace, los objetivos climáticos de la UE no incluyen fechas para el fin de los combustibles fósiles. La quema de combustibles fósiles para producir energía representa alrededor del 75% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano en la UE. En palabras de Pedro Zorrilla Miras, responsable de la campaña de Greenpeace contra el cambio climático: «La ausencia de un plan para el abandono de los combustibles fósiles, e incluso de las subvenciones, no sólo retrasa la acción climática que necesitamos urgentemente, sino que acabará perjudicando más a la gente. Esto tiene tanto sentido como pretender prevenir el cáncer de pulmón sin dejar de fumar. Según el propio estudio de impacto de la Comisión Europea y el informe del Consejo Científico de la UE, la Unión Europea debe perseguir un objetivo de reducción de emisiones más ambicioso, con emisiones netas cero en 2040, si queremos evitar los peores efectos del cambio climático».

Por su parte, Francisco del Pozo Campos, portavoz de combustibles fósiles y nuclear de Greenpeace, ha señalado que «la Comisión Europea dedica mucha atención a falsas soluciones como la nuclear o el almacenamiento de carbono, lo que puede desviar fondos para las renovables y para reducir el despilfarro energético de forma rápida, barata y justa, asegurando la conservación de la biodiversidad y la participación de la ciudadanía. Las plantas nucleares son la manera más cara, lenta, sucia y peligrosa de dejar de emitir CO2. Las escasas plantas nucleares europeas en construcción tienen sobrecostes de miles de millones de dólares  y muchos años de retraso».

La organización considera que la Comisión ha dado marcha atrás en sus planes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura. Explica Helena Moreno, responsable de la campaña de Greenpeace de sistemas alimentarios sostenibles que «los agricultores y agricultoras son los primeros perjudicados por la crisis climática en Europa. Las sequías, las altas temperaturas, las lluvias torrenciales… están causando una verdadera crisis en el campo, sumado a la ultraliberalización del comercio, los bajos precios en origen, la falta de verdadero apoyo institucional… Sin embargo, los políticos están haciendo oídos sordos a las medidas de los estudios científicos para combatir esta crisis climática con medidas ambiciosas para el campo que permitan a los agricultores, que son los verdaderos aliados de la naturaleza, alejarse de la sobreproducción industrial de alimentos. Es necesario un apoyo férreo donde se facilite y apoye una transición agroecológica que permita una sostenibilidad económica, social y ambiental de sus producciones».

Con su evaluación de impacto de los objetivos climáticos para 2040, la Comisión Europea ha analizado las distintas vías de la UE hacia la neutralidad climática. En conjunto, la Comisión estudió tres opciones de reducción de emisiones, todas ellas entre el -75 % y el -95 %. En este sentido, WWF ha lamentado que «la evaluación no haya examinado medidas proporcionales a la gravedad de la emergencia climática y, por tanto, la posibilidad de alcanzar la neutralidad climática en 2040. Ello sería coherente con el llamamiento del Secretario General de la ONU, António Guterres, para que las economías desarrolladas alcancen cero emisiones netas para esa fecha».

Michael Sicaud-Clyet, responsable de políticas climáticas y energéticas de la Oficina Europea de Políticas de WWF sostiene que «es muy decepcionante ver que la Comisión Europea ni siquiera ha contemplado la posibilidad de alcanzar la neutralidad climática en 2040, y por lo tanto se aleja claramente del Acuerdo de París. Hemos visto en las recientes crisis sanitarias y de seguridad energética lo que los gobiernos pueden hacer cuando se lo proponen, y deberíamos tratar la emergencia climática como la amenaza existencial que es. La UE es en gran medida responsable de la situación actual, por lo que no puede apoyarse en otros para solucionarla».

La naturaleza es la mejor aliada del clima

Como parte del objetivo del 90 %, la Comisión también ha señalado cómo deben contribuir los sectores a los esfuerzos de reducción de las emisiones. Desde WWF señalan que «si nos fijamos en esta parte, queda claro que no se han previsto suficientes medidas en el ámbito del uso de la tierra, el cambio de uso de la tierra y la silvicultura (LULUCF, en sus siglas en inglés), especialmente mediante la restauración y protección de los ecosistemas naturales«.

WWF también lamenta el hecho de quela Comisión Europea planee eliminar progresivamente sólo «los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles que no abordan la pobreza energética o la transición justa». Para la organización, «todos los subsidios a los combustibles fósiles deberían eliminarse inmediatamente; y el marco político de transición justa reforzado al que se hace referencia, combinado con medidas adecuadas de política social, debería garantizar la equidad en toda la sociedad, incluso en lo que respecta a la pobreza energética y las oportunidades para los hogares con bajos ingresos».

La Estrategia de Gestión del Carbono Industrial: «confiar en una tecnología que no ofrece ninguna garantía» 

Respecto a la esperada Estrategia de Gestión del Carbono Industrial, que describe cómo la UE pretende abordar las emisiones industriales mediante el aumento masivo de la captura y el almacenamiento de carbono (CCS, en sus siglas en inglés), y también cómo podrían impulsarse las tecnologías de eliminación de carbono, con el objetivo de capturar 280 millones de toneladas de carbono para 2040, WWF considera que la Comisión Europea ha perdido la oportunidad de presentar una hoja de ruta clara sobre cómo abordar las emisiones industriales.

No especifica qué sectores industriales son «difíciles de abatir» y, por tanto, deben ser prioritarios para el uso de la CCS. La prioridad para WWF es la reducción de las emisiones en origen y estudiar las soluciones alternativas disponibles para hacer frente a las emisiones industriales, «y no confiar en futuras soluciones técnicas que a día de hoy no ofrecen ninguna garantía, o que podrían tener importantes repercusiones negativas en la naturaleza, incluidos los ecosistemas marinos».

Asimismo, señala que la Comisión Europea no reconoce que la captura y almacenamiento de carbono (CCS) sigue sin estar probada a gran escala «y no es una solución milagrosa» para hacer frente a las emisiones industriales de la UE. La CCS «es una tecnología costosa, con enormes necesidades de infraestructura y serias dudas sobre la escala de disponibilidad del almacenamiento». Por ello, «debería limitarse estrictamente a las emisiones de procesos industriales inevitables en  sectores que no tienen alternativa de descarbonización total, como el sector del cemento», afirma Camille Maury, responsable de políticas de descarbonización de la industria en la Oficina Europea de Políticas de WWF.

Por último, ponen el acento en la estrategia del MCI que prevé que en 2050 siga habiendo captura y almacenamiento de carbono de las emisiones de combustibles fósiles en el sector eléctrico, «un sector que cuenta con alternativas mucho más baratas y limpias y que debe descarbonizarse por completo mucho antes de esa fecha». La UE insistió mucho en ello en la COP28 de Dubai, cuando el comisario Hoesktra declaró que «no podemos usar CCS para salir del problema».

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