Los informes del US National Snow and Ice Data Center (NSIDC) arrojan datos alarmantes: en septiembre, el hielo ártico de verano ha alcanzado la duodécima extensión más baja de la historia, y la cantidad de hielo multianual (el que ha sobrevivido al menos a una temporada de deshielo en verano) muestra uno de los niveles más bajos desde que se comenzó su registro en 1984. También el hielo marino de Groenlandia se encuentra actualmente en su nivel más bajo. A ello hay que añadir que cada año se pierden unos 80.600 km2 de hielo marino; es decir, casi la superficie de Andalucía.

Ante esta situación, ECODES considera que para frenar el deshielo es esencial reducir de forma drástica y urgente los forzadores climáticos de corta vida, entre los que se incluye el carbono negro, muy emitido por el transporte marítimo. De hecho, una quinta parte de las emisiones de los buques que afectan al clima proceden de este contaminante; y cuatro quintas partes, del CO2. Además, permanece en la atmósfera durante días o semanas antes de depositarse en la tierra o el mar, y afecta de especial manea al Ártico debido a su proximidad a la nieve y el hielo. Por ello, minimizar sus emisiones disminuiría el impacto del calentamiento prácticamente de inmediato.

Para impulsar esta reducción, la fundación es miembro de la Clean Arctic Alliance (la Alianza por un Ártico Limpio), una coalición internacional de más de 20 ONG que buscan proteger el ecosistema y las comunidades indígenas de este frágil territorio, afectado por el calentamiento global tres veces más rápido que la media mundial.

En este sentido, cabe recordar que en agosto de 2021, tras la publicación del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) Climate Change 2021: The Physical Science Basis, la Clean Arctic Alliance ya hizo un llamamiento a la Organización Marítima Internacional (OMI), el organismo de la ONU encargado de la navegación, para que redujera inmediatamente las emisiones de carbono negro procedentes del transporte marítimo tanto en el Ártico como a nivel mundial.

«El estado del hielo marino, los impactos en cascada del cambio climático y las conclusiones del IPCC hacen que los niveles de ambición climática y los plazos que se han puesto sobre la mesa para el transporte marítimo en la OMI sean totalmente inadecuados. Es fundamental que se refuercen las medidas para garantizar que se reduzcan rápidamente las emisiones de CO2 y de carbono negro de los buques, especialmente de los que visitan el Ártico», comenta Marina Gros, representante de ECODES en la Clean Arctic Alliance.

Ahora, este organismo tiene una nueva oportunidad, ante la celebración en noviembre de su próxima reunión del comité de prevención de la contaminación, la MEPC 77. “No podemos olvidar que el transporte marítimo internacional no está fuera del Acuerdo de París, que cubre los contaminantes climáticos de toda la economía. Dando un paso adelante, la OMI demostraría que el sector está a la altura de los compromisos climáticos y que los países que la integran son coherentes con la ambición que expresarán en la COP26 de Glasgow”, concluye Gros.

El 16 de septiembre, el hielo marino del Ártico alcanzó probablemente su extensión mínima anual de 4,72 millones de kilómetros cuadrados). El mínimo de 2021 es el duodécimo más bajo en los casi 43 años de registro por satélite. Los últimos 15 años son los 15 de menor extensión de hielo marino en el registro satelital. La cantidad de hielo plurianual (hielo que ha sobrevivido al menos una temporada de deshielo en verano), es uno de los niveles más bajos del registro de la era del hielo, que comenzó en 1984.

En la Antártida, la extensión del hielo marino está disminuyendo rápidamente, pero aún es demasiado pronto para suponer que se ha alcanzado el máximo. El máximo de hielo marino antártico suele producirse a finales de septiembre o principios de octubre. Sin embargo, la extensión del hielo marino antártico es muy variable cerca del máximo debido a las tormentas que actúan para expandir o compactar el borde de hielo extendido. Los vientos cambiantes o el derretimiento aún podrían reducir la extensión del hielo ártico, como ocurrió en 2005 y 2010. Los científicos del NSIDC publicarán a mediados de octubre un análisis completo de la temporada de deshielo en el Ártico y analizarán el crecimiento del hielo marino en el invierno antártico.

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