Cristina Rois, portavoz del Movimiento Ibérico Antinuclear

Se cumplen 53 años del escape radiactivo de la Junta de Energía Nuclear (JEN). Fue un accidente originado tras una serie de fallos humanos que provocaron el vertido de entre 40 y 80 litros de agua contaminada a los ríos Manzanares, Jarama y Tajo.

La JEN se fundó en 1958 y estaba orientada a la investigación nuclear civil y militar. Se localizaba en la Ciudad Universitaria. En 1968 incorporaría a «Coral-1», el famoso reactor nuclear de investigación, suministrado por Estados Unidos.

Aunque el régimen tardofranquista afirmaba que las investigaciones de la JEN iban dirigidas a la medicina, la agricultura y otras aplicaciones industriales, una parte tenía como fin la obtención de plutonio con fines militares y el desarrollo de armas nucleares, una idea firmemente defendida por el almirante Luis Carrero Blanco.​

Cristina Rois, portavoz del Movimiento Ibérico Antinuclear nos adentra en algunas cuestiones clave de ese episodio y en la política sobre residuos radiactivos de nuestro país.

¿Qué sucedió aquel 7 de noviembre de 1970? 

Pues era sábado por la mañana, como las 11:00. Tenían que hacer un trasvase de residuos radiactivos líquidos del reactor experimental. Tenían que pasarlo a un tanque de residuos radiactivos. Lo que ocurrió es que parte de ello se vertió o se salió de las tuberías y pasó al alcantarillado. Y el vertido, pues entró en el Manzanares, pasó a Jarama y al Tajo. Los residuos eran disueltos en agua, pero eran residuos radiactivos importantes. Estroncio 90, cesio 137, rutenio 106, hasta partículas de plutonio… El que tiene la vida media más corta es de 28 años, como el estroncio 90, lo cual garantiza que había emisiones de radiactividad bastantes altas en aquel momento. Se hablaba 11 billones de becquerelios.  

«Les dieron excusas como que había sido un vertido de gasóleo o que estaban investigando nuevas formas de producir piensos para el ganado»

El caso es que los trabajadores terminaron su jornada a mediodía y se marcharon a casa y no se tomó ninguna medida hasta el lunes 9 de noviembre. Ese día empezaron a recolectar algunas de las hortalizas que venían cultivando agricultores en las riberas del Manzanares y del Jarama. Les dieron excusas como que había sido un vertido de gasóleo o que estaban investigando nuevas formas de producir piensos para el ganado. Y bueno, dos meses después, en enero del 71, la Junta de Energía Nuclear hizo un informe, y las medidas que daba pues estaban ya fuera de plazo. Impedir el consumo de los vegetales que crecieran en zonas contaminadas, impedir el riego con agua de sus canales y ríos, y evaluar los riesgos de la ingestión de alimentos, sobre todo con estroncio 90, pero claro, gran parte de la cosecha ya había sido comercializada y consumida. Luego, la otra parte importante de todo esto fue el secretismo. No se habló del accidente hasta el año 1994.

¿Ese experimento formaba parte del proyecto Islero? 

Sí, entiendo que formaba parte del proyecto Islero, que era desarrollar investigaciones en nueva tecnología nuclear para conseguir una bomba atómica. La Junta de Energía Nuclear era el centro de investigación nuclear en España en la época y trataba todo el ciclo del combustible, desde la minería, se ocupaba de la protección radiológica, de la gestión de los residuos y de la seguridad. O sea, era juez y parte en todo esto. Hasta que en 1980 se creó el Consejo de Seguridad Nuclear y a partir de la Junta de Energía Nuclear se creó el Ciemat. Entre que era una cuestión militar, el desconocimiento de los efectos de la radiactividad, pero la alegría con que todo se trataba y el menosprecio por los posibles daños a la salud, más el secretismo, pues claro, se tenían muchas cartas de baraja para el desastre. 

«Eran 8 enterramientos, pero dos de ellos hoy en día no están localizados y en algunos otros hay alguna infraestructura»

España intentaba reincorporarse a las relaciones internacionales normales después del ostracismo causado por alinearse con el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial y un elemento clave para eso parece que era permitir que los americanos pusieran bases en España. Los americanos regalaron a Franco, un reactor nuclear. En ese contexto se ve tanto el interés por la nueva tecnología como el ser complacientes con ese desarrollo y con que España fuera uno de los de los actores en este tema. 

¿Qué ocurrió con las zonas afectadas posteriormente? 

Bueno, en las zonas afectadas lo que se hizo, en aquella época, fue retirar los contaminados, sobre todo de la Real Acequia del Jarama, que es un canal paralelo casi al curso del río Jarama, durante un trecho. Los lodos más contaminados se metieron en bidones y se llevaron a El Cabril, que es el almacén de residuos de muy baja, baja y media actividad. Los que estaban menos contaminados los dejaron allí. Y los de contaminación intermedia se enterraron a los márgenes del Canal, en lo que llamamos las Banquetas de Jarama. Como zonas contaminadas, se documentó cómo quedaban. Eran 8 enterramientos, pero dos de ellos hoy en día no están localizados y en algunos otros hay alguna infraestructura, por ejemplo, una variante de la A-4 pasa por encima de una de las zonas o hay alguna torre de electricidad puesta sobre otras. No se hizo mucho más. Parece que nunca se hizo un estudio médico hasta que en el año 1994 se desclasificaron los documentos y entonces la prensa empezó a tratar el tema.  

«Hay un limbo legal sobre los terrenos contaminados radiactivamente»

Por tanto, quedan residuos hoy día… 

Sí quedan todavía. En el año 1995, la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid, entró a investigar el tema y el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) analizó de nuevo el estado de las Banquetas del Jarama. Y lo que dijeron es que no pensaban que hubiera riesgo, si no se alteraban los enterramientos. Pero claro, con el paso del tiempo, tantos años y sin una vigilancia y una señalización especial, pues seguramente eso habrá pasado. En el año 2012, el CSN abordó el tema en un informe que se llamaba “Análisis de la Información, del plan de actuaciones del Ciemat para el estudio radiológico de las zonas de enterramiento situadas a lo largo del Canal Real del Jarama”. Y ahí consideraron que había que realizar una nueva caracterización más completa y una nueva estimación del riesgo, pero eso no se ha hecho 

¿Por qué? 

Porque hay un limbo legal sobre los terrenos contaminados radiactivamente. Hay una ley sobre suelos contaminados, pero no con radiactividad y, entonces, digamos que no hay una declaración oficial de que están contaminados y como que nadie tiene que hacer nada y no se distribuyen las responsabilidades. En principio, hace bastantes años que se está detrás de arreglar esta cuestión. Había que modificar alguna que otra ley, como la ley de energía nuclear. Eso parece que ya se ha hecho y que se ha avanzado y que está próximo a que entre a tramitación por el Ministerio de Transición Ecológica. Pero bueno, por ahora no sabemos cuánto tardarían suponiendo que este Ministerio con la gente que ha trabajado hasta ahora siguiera, si no, pues no me atrevo ya a pensar lo que puede pasar. Así que, sí quedan restos, y lo que habría que hacer es retirarlos. En este caso, medir, buscar, hacer un reconocimiento de la zona, retirar los sitios donde todavía exista material radiactivo y guardarlos a buen recaudo para evitar que se sigan diseminando en el medio ambiente y que sigan afectando a las personas. 

«No se ha hecho ningún estudio sobre la salud»

Parece ser que este no es el único punto negro por contaminación radiactiva a lo largo y ancho de la geografía española… 

No, no es el único. En 2018, Ecologistas en Acción y Jarama Vivo realizaron una acción para denunciar esta contaminación en las Banquetas del Jarama. Y al hilo de la resonancia que tuvo en los medios, el CSN hizo pública una nota de prensa donde reconocía que había terrenos contaminados con radiactividad en España. La relación de sitios contaminados, pues es Palomares en Almería, por la caída de cuatro bombas termonucleares, dos de las cuales se rompieron. Está contaminado con plutonio 239 y americio 241. En Huelva, las Marismas de Mendaña, en el estuario del Riotinto, unos 1.600 m2 con presencia de cesio 177. En el Riotinto, por los fertilizantes, hay una balsa de fosfoyesos con una extensión de 1.200 hectáreas con radio 226. También por fertilizantes cerca de Cartagena, en Murcia, en El Hondón, hay un depósito de fosfatos, unas 108 hectáreas de superficie, con uranio 238. Y por fabricación de fertilizantes, en el embalse de Flix, en el Ebro, en Tarragona, con lodos de fosfatos, con presencia de uranio 238, que en principio han sido retirados, según el CSN, totalmente, pero Ecologistas en Acción no estaba de acuerdo. También hay otras antiguas minas y explotaciones de uranio en las que se han llevado a cabo actuaciones de restauración, pero no ha desaparecido toda la radiactividad. En definitiva, malas costumbres de no transparencia, de desprecio por los efectos de la radiactividad y por los derechos de las personas. Y esperemos que lo retiren lo antes posible. 

¿Existen estudios sobre el impacto en la salud para las zonas afectadas?

No, que yo sepa no se ha hecho ningún estudio sobre la salud. Supongo que en su momento igual hicieron algo, pero no disponemos de la documentación, ni sabemos si existe siquiera. 

«Nuestra posición sigue siendo que lo primero que tiene que ocurrir en materia de residuos radiactivos, que la gran mayoría de los más peligrosos se derivan de las centrales nucleares, es que cierren las centrales»

¿Cómo describiría la política en materia de residuos radiactivos del Gobierno? 

Pues hay que decir que ha adoptado algún tipo de política de residuos radiactivos, porque esta política se concreta en el Plan General de residuos radiactivos, que normalmente se actualiza cuando es necesario, pero venía actualizándose cada 3 años, y el anterior es de 2006. No se ha querido tocar el tema en todo este tiempo. Pero la Unión Europea sí que estaba preocupada por lo que cada país estaba haciendo y más bien no haciendo, en cuestión de residuos radiactivos, también en cuestión de seguridad nuclear, y en 2011 hizo una directiva donde se pedía a los países que enviaran la planificación de los residuos que esperaban tener, cuantificando las cantidades y qué es lo que pensaban hacer con ellos, qué planes tenían. Y España no lo había hecho. Entonces, cuando empezó este Gobierno, pues una de las cuestiones que se puso a hacer es saber cuánto tiempo iban a funcionar las centrales nucleares en España para saber la cantidad total de residuos, algo que también necesitaban para hacer el PNIEC, el plan energético para 2030, y una vez que se convenció entre comillas a la industria nuclear de que decidiera hasta dónde quería llegar, pues se realizó el Séptimo Plan de Residuos Radiactivos. En marzo de 2020 apareció la primera versión. Hemos hecho alegaciones a este plan y en principio esperamos que el nuevo Gobierno lo apruebe pronto porque se necesita tomar medidas cuanto antes. O sea, en ese sentido, quizás habría que decir que ha sido más responsable que Gobiernos anteriores, aunque no estemos de acuerdo en todos los aspectos. Desde luego, nuestra posición sigue siendo que lo primero que tiene que ocurrir en materia de residuos radiactivos, que la gran mayoría de los más peligrosos se derivan de las centrales nucleares, es que cierren las centrales. En eso la posición no ha cambiado. 

«Pensamos que debe procederse a la clausura de El Cabril y habrá que buscar de una manera mucho más transparente y democrática otro lugar»  

¿Cuáles son esas alegaciones al Séptimo Plan de Residuos Radiactivos? 

Una parte, los residuos de muy baja, baja y media actividad van al único sitio que hay disponible ahora para que se almacenen. Son residuos radiactivos durante 300 años los de media actividad o baja y media y hasta 60 años los de muy baja, pero incluye no al combustible gastado, pero sí los residuos de derribo que tienen cierto nivel de radiactividad de los desmantelamientos de las centrales nucleares, que es algo que ya ha empezado hace tiempo. De hecho, el de Zorita está próximo a terminar y ahora se seguirá con el de Garoña. Con Garoña se va a colmatar la capacidad disponible para almacenar todo tipo de residuos de estas categorías en El Cabril. Y una cosa importante que comienzan diciendo las alegaciones es que El Cabril es un sitio muy inadecuado, es un medio natural muy interesante, con cierto grado de protección. Además, está muy lejos de todas las centrales nucleares y fue una elección a dedo, de facto, porque en los tiempos de Franco se empezaron a depositar en la mina de uranio, residuos radiactivos. Entonces pensamos que debe procederse a su clausura y habrá que buscar de una manera mucho más transparente y democrática otro lugar.  

Después, en general, pensamos que es un plan de residuos al que le faltan muchas explicaciones y justificación de las propuestas, tanto de algunas de las alternativas o de soluciones que se proponen para los residuos que han ido cambiando las diferentes versiones, como de los costes que se supone que tiene cada apartado. No, no están desglosados, y no se dan explicaciones tampoco, ni siquiera referencias a documentación que los avalen o que los expliquen. Y claro, los costes del plan de residuos es prácticamente la única cuestión que salió en prensa en su momento. 

Otra cuestión importante. que en principio sería paralela al plan de residuos, pero también debería figurar en él, es la información sobre la provisión de fondos, es decir, hacer una previsión. Parte de los fondos vienen aportados por la generación de electricidad de las centrales, es decir, si no hay generación de electricidad, las centrales no aportan fondos, y habría que empezar a evaluar, cosa que no está en ninguna parte, cuántos fondos esperan con lo que tienen recaudado y su rentabilidad en los mercados financieros más seguros, en principio, para no arriesgarse y cuánto dinero se va a recaudar y con qué margen. Y sobre eso no hay ninguna información.  

«Digamos que son líneas de trazo gordo las que se hacen en el plan de los residuos, pero para saber qué se va a hacer de verdad habría que dar más detalles, más documentación y muchísimas explicaciones»

Y luego también, pues habría que hablar sobre el transporte de contenedores con el combustible gastado, que son los residuos de alta actividad y que son una una gran cantidad de residuos, pero que, en principio, según el plan, se van a quedar en explanadas especiales de resistencia sísmica impermeabilizadas en la sede de las propias centrales, en lugar de hacer un almacén temporal centralizado, lo cual significaría duplicar los transportes. Hoy en día ya tenemos 370 contenedores en las instalaciones nucleares y hasta el plan de cierre van a acumularse bastantes más. Pues de no se dan detalles tampoco. Digamos que son líneas de trazo gordo, las que se hacen en el plan de los residuos, pero para para saber qué se va a hacer de verdad habría que dar más detalles y más documentación y dar muchísimas más explicaciones. Yo creo que básicamente es eso.  

El plan lo encarga el Ministerio, lo realiza ENRESA, que es una empresa pública, lo informa el Consejo de Seguridad Nuclear, pero tendrían que hacer exposición a la población de todas las cuestiones relativas a esto para que se pueda empezar a hacer un trabajo democrático de información al país, a todos los estamentos y que todo el mundo pueda hacer preguntas para encontrar un lugar donde colocar bajo tierra los residuos radiactivos de alta actividad.  

En otros países como Francia, como Finlandia -el único que casi tiene terminado el repositorio-, Alemania, etcétera, ya han dado pasos en este sentido y es un proceso largo, que exige un gran esfuerzo y, desde luego, un acuerdo político sobre el modo de hacerlo. Y eso está mucho más allá del Plan de Residuos, pero es un paso completamente necesario. 

«La fecha de operación del almacén geológico en profundidad para 2073 es muy lejana en el tiempo y tiene que acelerarse el proceso de seleccionar un lugar»

¿Cuál es la más importante de esas alegaciones? 

Una alegación concreta es que, en la última versión del plan de residuos, donde ya no existe un almacén temporal centralizado, sino que se quedan en el lugar donde están las centrales nucleares hasta que se haga el traslado definitivo al almacén geológico en profundidad, bueno, hay que tener alguna capacidad en las centrales mientras se van desmantelando o ya sean desmanteladas para que si aparece algún tipo de problema con un contenedor con los residuos radiactivos que hay ahí, pues haya una capacidad de gestión técnica de intervenir. Eso se pretende hacer con un elemento que llaman “celdas calientes”, que es un elemento donde se puede manipular material radiactivo, pero sin contacto con humanos. Es decir, robotizado. No sé exactamente qué es, porque no está descrito en ninguna parte. Pero es algo que nosotros pensamos que debería estar en cada sitio donde permanezcan los residuos, es decir, en la sede de cada central. O bien debería diseñarse algo que pudiera transportarse rápida y fácilmente, si en algún sitio se ve que aparecen problemas. Y sobre esto sólo se nombra… pero es algo que está claramente sin desarrollar. Y bueno, pues no es suficiente información para decir qué se va a hacer con los residuos radiactivos, por ejemplo. 

En el plan se da como fecha de operación almacén geológico en profundidad, que sería la solución, entre comillas, definitiva para los residuos para 2073, y nosotros pensamos que esa es una fecha muy lejos en el tiempo y que tiene que acelerarse el proceso de seleccionar un lugar. Y de hacer todo el trabajo ingenieril y empezar la construcción, porque esto no es ya dejárselo para nuestros hijos, sino a nuestros nietos, quiero decir: una población que en principio no ha disfrutado para nada las ventajas de la energía nuclear, no se ha aprovechado de la electricidad generada, y que sólo le quedan los costes. Y además, a saber cómo está la capacidad de hacer frente a este problema dentro de tantas décadas, ¿no?. Nosotros pensamos que no se puede dejar que esto vaya tan adelante en el tiempo, que hay que esforzarse en solucionar el problema antes. 

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