El informe compara los impactos entre la extracción y procesado de metales procedentes de la minería convencional con los metales recuperados o secundarios. «Se revela de forma clara cómo los bajos precios de la minería ocultan los impactos negativos que tiene esta actividad sobre los territorios y las comunidades en las que se desarrolla», explica la organización.

En la UE, los residuos mineros ya son la segunda principal fuente de residuos. Generan entre el 25 % y el 30 % del total. En las explotaciones de metales como el oro o la plata, más del 99,9 % de lo que se extrae acaba convirtiéndose en residuos. Para el caso del cobre, la producción de una tonelada de metal genera 110 toneladas de lodos y 200 toneladas de estériles de escombrera. Cada año se extraen unos 150.000 millones de toneladas de rocas que generan, entre otros residuos, 13.000 millones de toneladas de lodos.

Minería urbana frente al extractivismo

El porcentaje de la demanda total satisfecha a partir de metales secundarios, para elementos como el niobio, indio, litio, tantalio, berilio, disprosio, galio, hafnio y escandio, entre otros, es del 0 %, según reconocía la Comunicación de la Comisión Europea de septiembre de 2020.

La demanda cada vez mayor de metales ha provocado el inicio de multitud de proyectos mineros en todo el mundo. Ese aumento se justifica por la obtención de materias primas para la electrificación y descarbonización de la sociedad, «pero raramente se considera cómo esa misma extracción primaria está generando nuevos y mayores problemas ambientales que se suman al que se pretende solucionar, la crisis climática global», plantea el informe.

Frente a los nuevos proyectos de minería de cobre propuestos en la Faja Pirítica Ibérica -incluyendo la reapertura de Aznalcóllar-, en Alconchel (Extremadura) o en Touro (Galicia), o los proyectos de minería de oro de Salave (Asturias), de Corcoesto (Galicia) o de Cañaveral (Extremadura), la investigación realizada en este informe concluye que «la cantidad a reciclar de estos metales, contenida en el stock nacional de baterías, vehículos y aparatos eléctricos y electrónicos (AEE), supera a la demanda estatal prevista para la fabricación de las tecnologías de transición analizadas, con un 5.814,3 % en el caso del cobre y 137,5 % en relación al oro».

La concentración de algunos elementos en residuos tecnológicos es mucho más elevada que la concentración en los yacimientos minerales. En el caso de un teléfono móvil inteligente, el oro se encuentra 100 veces más concentrado que en las minas de mayor ley.

Efectos del reciclaje de metales

Los efectos positivos de la obtención de metales a partir del reciclaje frente a su obtención a partir de minerales procedentes de la extracción incluyen la reducción de la presión minera, con los problemas ambientales que esta implica. Por ejemplo, reciclando una tonelada de acero se evita la extracción de 1,4 toneladas de mineral de hierro y una cantidad similar de “estériles” sin valor económico, que se descartan como residuo en escombreras. En términos de afectaciones hídricas, «el acero reciclado supone reducciones en la contaminación de las aguas del 76 % y de consumo de agua en un 40 %».

Por otro lado, al frenar o impedir la incineración, depósito en vertedero o abandono de metales con potencial de provocar daños ambientales, «supone de por sí una externalidad positiva en términos sociales y ambientales».

Políticas industriales a favor del reciclaje

El documento incide en la necesidad de una política industrial que establezca la creación de empresas públicas y una planificación de las capacidades de reciclaje futuras. Cuestiones como el desensamblaje y separación de componentes «son muy intensivas en mano de obra, pero hacen posible maximizar la recuperación. Considerando apenas el valor en metales preciosos (oro, plata, cobre, platino, paladio, rutenio, rodio, iridio y osmio) y materiales críticos (cobalto, paladio, indio, germanio, bismuto y antimonio) contenidos en los RAEE generados en 2019, su extracción secundaria generaría 50.000 millones de euros».

Por ese motivo, sostiene que «es importante el desarrollo de medidas como condicionar la extracción primaria de metales a la recuperación secundaria o el impulso de soluciones innovadoras de recuperación de metales».

Impulso para el cambio

No hay tiempo que perder sugiere el informe, pues las décadas que quedan por delante «son fundamentales para llevar a cabo una transición ecológica que transforme estructuralmente nuestras sociedades». Y esa transición va mucho más allá de una mera sustitución tecnológica. «Una gran cantidad de estos minerales ya está llegando a los cauces oficiales de gestión y tratamiento de residuos». Por ello, se plantea un impulso que permita sistematizar su reciclaje y aprovechamiento.

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