Una madre cuida de su bebé en una unidad de cuidados intensivos neonatales en Mbeya (Tanzania). Foto: UNICEF/Reinier van Oorsouw

Un nuevo informe de Oxfam Intermón revela que el 1 % más rico de la población mundial generó en 2019 la misma cantidad de emisiones de carbono que los 5.000 millones de personas que componen los dos tercios más pobres de la humanidad. El informe se publica con motivo de la cumbre de las Naciones Unidas sobre el clima, que se celebrará en Dubái, en un contexto lleno de dudas sobre los acuerdos que mantengan el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 °C.

Estas emisiones desmedidas del 1% más rico causarán 1,3 millones de muertes más sobre lo previsto asociadas al calor, una cifra que equivale aproximadamente a la población de toda la ciudad de Dublín (Irlanda). La mayor parte de estas muertes tendrán lugar en el periodo 2020-2030.

«Los efectos del cambio climático afectan más a quienes son menos responsables: personas en situación de pobreza y exclusión y a las generaciones futuras. El modelo económico y de consumo actual es insostenible. Se tiene que poner fin a prácticas destructivas e implantar soluciones sostenibles», señala Lourdes Benavidesresponsable de Justicia Climática de Oxfam Intermón.

«Los mayores contaminadores del planeta, las corporaciones de combustibles fósiles y los súper ricos del mundo, son los principales responsables de la crisis climática. Están obteniendo ganancias récord, mientras que los menos responsables de la emergencia climática son golpeados por sus devastadoras consecuencias. Quienes más contaminan deben asumir el coste«, afirmaBenavides.

El informe Igualdad climática: un planeta para el 99 % se basa en la investigación que la organización ha llevado a cabo junto al Stockholm Environment Institute (SEI), y analiza las emisiones ligadas a los hábitos de consumo de distintos grupos de renta en 2019, último año para el que se dispone de datos. El estudio revela la enorme brecha entre las huellas de carbono de los más ricos –cuyo estilo de vida e inversiones en industrias contaminantes como los combustibles fósiles impulsan el calentamiento global– y el grueso de la población mundial.

El 1% más rico (77 millones de personas) fue responsable del 16 % del total de emisiones según sus hábitos de consumo en 2019, una cifra mayor que la totalidad de las emisiones generadas por desplazamientos en coche y el transporte por carretera. El 10 % más rico generó la mitad (50 %) de las emisiones totales.

El caso de España

En nuestro país, en 2019, el 10% de las personas con mayores ingresos (4,7 millones de personas) generó casi una tercera parte de todas las emisiones. Esto equivale a las emisiones del 53% de las personas con menores ingresos (24,8 millones de personas).

Se calcula que cualquier persona perteneciente al 99 % más pobre de la humanidad tardaría alrededor de 1.500 años en generar las emisiones que los milmillonarios más ricos producen en un año.

Cada año, en el mundo, las emisiones que produce el 1% más rico anulan los ahorros en emisiones de carbono que generan casi un millón de turbinas eólicas.

En comparación con la mitad más pobre de la humanidad, desde la década de 1990, el 1% más rico ha consumido el doble de carbono disponible para emitir sin provocar un aumento de la temperatura global superior al límite seguro de 1,5 °C.

El 1 % con mayores ingresos en España necesitaría reducir sus emisiones en un 95% de aquí al 2030 para limitar el aumento de temperatura a 1,5ºC.

De cara a 2030, se prevé que el nivel de emisiones generadas por el 1 % sea 22 veces mayor que el compatible con el objetivo de mantenerse por debajo del límite fijado en el Acuerdo de París.

La crisis climática y la desigualdad conforman un círculo vicioso

Oxfam Intermón ha sido testigo de primera mano de la forma desproporcionada en la que las personas en situación de pobreza, las mujeres y niñas, las comunidades indígenas y la población de los países del Sur global padecen los efectos de los impactos climáticos, los cuales, a su vez, aumentan la brecha de la desigualdad. La investigación señala que la cifra de personas fallecidas a causa de inundaciones en países en los que la desigualdad es más grave es siete veces mayor. El cambio climático ya intensifica las desigualdades tanto dentro como entre los países.

Los Gobiernos pueden abordar la doble crisis de desigualdad y cambio climático combatiendo el exceso de emisiones de las personas más ricas, e invirtiendo en la mejora de los servicios públicos y el logro de los objetivos climáticos. La organización calcula que gravar los ingresos del 1 % más rico a un tipo del 60 % reduciría las emisiones hasta cifras cercanas a las emisiones totales generadas en el Reino Unido en un año. Permitiría, además, recaudar 6,4 billones de dólares al año, que podrían destinarse a financiar la transición hacia energías renovables, abandonando los combustibles fósiles.

«Aplicar impuestos a la riqueza extrema aumenta nuestras posibilidades de combatir la desigualdad y la crisis climática. Están en juego billones de dólares, unos recursos indispensables para reducir las brechas de desigualdad y limitar rápidamente los impactos en el medio ambiente; fondos que revertirían en nuestras democracias”, señala Benavides».

Nuevos impuestos a grandes empresas y fortunas

La organización ha instado a los Gobiernos a reducir significativamente la desigualdad, mediante una redistribución global de los ingresos y calcula que sería posible proporcionar a todas las personas que viven en situación de pobreza unos ingresos diarios mínimos de 25 dólares y, al mismo tiempo, reducir en un 10 % las emisiones globales (una cifra equivalente al total de las emisiones de la Unión Europea aproximadamente).

También ha pedido el abandono de los combustibles fósiles de forma urgente y justa, pues considera que los países ricos «son quienes han contribuido de forma desproporcionada al cambio climático, y deben poner fin a la producción de petróleo y gas con la celeridad correspondiente». Creen que «nuevos impuestos a las grandes empresas y las grandes fortunas de milmillonarios supondrían una ayuda para financiar la transición hacia energías renovables».

Por último, reivindicar «anteponer el bienestar de la población y el planeta a la búsqueda implacable de beneficios, la extracción y el consumo. Dejar de usar el crecimiento del PIB como indicador del progreso de la humanidad».

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