Catedral de Alejandro Nevski

En la impresionante novela de Ilija Troyanov El mundo es grande y la salvación acecha por todas partes esa es la conclusión a la que llega este autor sobre su país, quizá uno de las naciones más desconocidos de los Balcanes y también del continente: que Europa quizá termina en Bulgaria pero no se sabe si comienza. Lo mismo podría decirse de la acogedora pero desconocida capital de este país, situada entre Oriente y el Occidente, entre Europa Central y los siempre indómitos Balcanes. A un paso de Estambul y Salónica, enclavada casi en el centro de la región, esta ciudad ofrece un sinfín de posibilidades y es una urbe moderna, atractiva para los negocios y con un creciente desarrollo en los últimos años, sobre todo desde la entrada de este país en la Unión Europea. Atrás ha dejado su pasado siniestro y una cierta imagen plagada de tópicos que la ligaban al mundo oriental y a una cierto subdesarrollo que cargan, como una pesada losa, casi todos los países de la Europa poscomunista.

Sofía es la capital de Bulgaria desde hace más de un siglo, concretamente desde el año 1879 en que se liberó del yugo otomano que había dominado este país durante siglos y reprimió su vida social, cultura y religiosa. Hace un siglo tenía apenas 13.000 habitantes y se puede decir que era un villorrio búlgaro triste, abandonado y con apenas vida. Hoy es una ciudad moderna de algo más de 1,3 millones de habitantes, cuenta con una buena oferta de servicios y buenos museos y unas buenas comunicaciones. Y también de un sinfín de lugares de diversión y esparcimiento, como el famoso bulevar Vitosha, epicentro de la noche y la “marcha” de Sofía.

A continuación te damos cuenta de los principales lugares que no deben faltar en tu visita a la capital búlgara, pero siempre sin perder de vista que un buen viajero hace un viaje a su medida y debe buscar también aquellos espacios alejados de los focos y de los lugares comunes más propios del turismo convencional.

1. La mezquita Banya Bashi. Se trata de un edificio del año 1576, en plena dominación otomana, y es uno de los pocos vestigios que nos quedan de este periodo histórico en la ciudad. El lugar se puede visitar cumpliendo las reglas básicas relativas a la vestimenta y se encuentra ubicada en pleno centro de la ciudad, a muy poca distancia de los principales lugares de interés de Sofía. Hemos podido leer en un blog de viaje esta nota que reseño por su brevedad y concisión: “Recuerda a alguna de las mezquitas que hemos encontrado por nuestros viajes por los Balcanes y algo menos a las de Estambul. Sin embargo, el templo tiene la firma de Mimar Sinan, el más grande de los arquitectos del Imperio Otomano y uno de los más importantes de la Historia del Arte”. 

2. Antiguos baños públicos. Aunque están cerrados, se encuentran muy cerca de la mezquita anteriormente citada. Es un edificio que data del siglo XIX y tiene influencias otomanas, modernistas y centroeuropeas. Muy interesante en términos arquitectónicos y parece que próximamente acogerá un museo. Esta cerrado y no se pueden conocer sus interiores

3. Mercado Central. Este gran centro comercial fue inaugurado en 1911 y se encuentra muy cerca de la mezquita Banya Bashi y los antiguos baños públicos. Todavía sigue abierto a pesar de la decadencia de estos lugares y por el día tiene una gran actividad, siendo uno de los centros comerciales todavía no desplazado por los grandes y modernos espacios de tiendas y comercios abiertos en los últimos años en Sofía. Su arquitectura exterior tiene elementos neoclásicos, centroeuropeos y bizantinos, recordando, aunque salvando las distancias por la grandeza y dimensiones del húngaro, al Central de Budapest.

Mercado central de Sofía

4. Sinagoga de Sofía. En la actualidad sigue activa para la escasa comunidad judía que vive todavía en la capital búlgara y alberga a su lado el Museo Judío de Bulgaria. Se puede visitar –aunque lo encontré cerrado la última vez que estuve en Sofía- y la decoración del lugar, así como su aspecto exterior, resulta muy interesante, decorado con elementos otomanos, neomudéjares e incluso góticos. Es una de las más grandes de Europa del Este y data del año 1905, en que se terminó su construcción. “La Sinagoga de Sofía, ubicada en el edificio contiguo al mercado, fue inaugurada en 1909. Se trata de la segunda sinagoga sefardí más grande de Europa. Además del enorme templo, con su cúpula central, no hay que dejar de visitar el interior, donde brilla (literalmente) la gran lámpara de araña de bronce de 2.200 kilos. Esta sinagoga, junto con las cercanas mezquita de Banya Bashi, la catedral católica de San José y la iglesia ortodoxa de Sv. Nedelya, conforman el llamado “Cuadrado de la Tolerancia”, señala el blog de viajes Los apuntes del viajero.

5. Catedral de San Alejandro Nevski. Es el emblema y símbolo de esta ciudad por naturaleza y liga a Sofía con la religiosidad ortodoxa, una de las señas de identidad clave del pueblo búlgaro. Es un lugar muy bello, acogedor, amplio y diferente, en su forma y estructura, de las catedrales católicas. Este templo fue abierto en 1912 en estilo neobizantino y mide 72 metros de largo, 42 metros de ancho y 52 metros de alto, tiene una superficie de 3.170 metros cuadrados y capacidad para 10.000 personas. Al parecer, según cuentan las crónicas, el templo fue erigido en honor de los patriotas búlgaros que lucharon por la independencia de la patria y los soldados rusos que dieron su vida en la guerra ruso-turca de 1877-78, que llevó a la liberación definitiva de Bulgaria del agónico Imperio Otomano de entonces.

6. El parlamento búlgaro. Es un edificio muy pequeño, casi no parece el legislativo de este país y se asemeja más a una suerte de casa residencial que a las instalaciones que realmente alberga: la Asamblea Nacional de Bulgaria. Es una construcción con elementos neorrenacentistas y claramente centroeuropeos construido a comienzos del siglo XX, como casi todos los edificios civiles más importantes de esta ciudad. Enfrente de este edificio, y coronando una gran plaza donde se encuentran algunos de los mejores hoteles de la ciudad, está la estatua ecuestre de Alejandro II de Rusia, considerado el libertador de Bulgaria.

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