Este fin de semana España presenció una lucha cruel por el alma y el futuro del PSOE que eclipsó incluso el gol tonto del año. En un lado, quienes querían a Pedro Sánchez y el no rotundo a Rajoy. En el otro, quienes aceptaban la abstención y consideraban un mal menor darle la presidencia al gallego. Ganaron los segundos. Cualquier cosa que añadas a eso es un matiz.

La gestora del PSOE es uno de esos matices. Y no entiendo el debate sobre qué hará a continuación. Un mecánico arregla coches, un humorista cuenta chistes y esta gestora garantiza la abstención socialista. La llamamos ‘gestora’, pero igual podríamos llamarla ‘abstenedora’.

El PSOE es como un equipo de NBA que diseñas para perder a lo grande durante la temporada. Como los Philadelphia 76ers de los últimos años. Una máquina de reconstruir y confiar en el futuro draft de candidatos, después del Kwame Brown en que se convirtió Sánchez a ojos del sector crítico.

La ‘abstenedora’ nace para entregarse, para rendirse, para sacar la bandera blanca. Y si no te resulta tan evidente como a mí, piensa por un momento en la alternativa a una abstención y a un gobierno popular: Unas primarias en el partido y la posibilidad real de que Pedro Sánchez vuelva a ser el candidato.

Ante ese escenario de pesadilla para el susanismo, este PSOE naufragado hará lo que haga falta para que el PP le deje subirse en su bote de remos. Cambiarán si es preciso las coderas de la raída chaqueta de pana por rodilleras y al final de las negociaciones un tren pasará por el túnel, como en el mítico final de Con la muerte en los talones.

El único asomo de duda no está en qué hará la gestora, cuyos remilgos y mohínes están enfocados a que parezca que existe la más leve intención de resistirse. Ya lo canta Taylor Swift: «Los jugadores jugarán, los odiadores odiarán y la gestora se abstendrá». O algo parecido.

La duda, y chiquitita, está en qué va a hacer el Partido Popular a continuación.

En el entorno de Génova hay quien piensa que Rajoy aprovechará para terminar con el eterno rival, pisarle la cabeza y alcanzar la mayoría absoluta.

Me extraña tanto…

Rajoy no puede presentarse ante la sociedad española como el hombre que, teniendo al rival vencido, obligó a los españoles a votar una semana antes de Navidad para poder cortarle la cabeza. Sacará todo lo que pueda de la situación de debilidad extrema del socialismo, pondrá de rodillas a la abstenedora y garantizará una mínima estabilidad parlamentaria. Pero será relativamente leal con rival en la lona y le ayudará a sentarse en la esquina. No por deportividad, sino porque lo prefiere a la alternativa y al partido le sale a cuenta mantener una oposición dividida.

¿Veremos unas nuevas elecciones? En este momento, y hasta la próxima crisis de locos, todo apunta a que no. Pero en el camarote de los Hermanos Marx en que hemos convertido la política española no hay certezas.

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