Una manifestación recorre las calles de Santoña durante la última jornada de huelga

La patronal del sector de las conservas de pescado y los sindicatos siguen sin alcanzar un acuerdo que posibilite la firma del convenio colectivo. Los últimos paros generales han cerrado las fábricas de Galicia y Cantabria, comunidades donde se asienta una buena parte del tejido industrial conservero, para poner en evidencia, según los agentes sociales, “que el sector ocupa en su mayoría a mujeres precarias que perciben los peores salarios de la industria alimentaria y sufren una brecha salarial sangrante respecto a sus compañeros hombres”. 

Ahora, en numerosos municipios de tradición conservera, como Santoña, el popular pueblo de las anchoas, las plantillas esperan que, de un momento a otro, se avance en la negociación de un convenio colectivo que afecta a más de 1.200 empleados en la región y a 20.000 en todo el país. Ante ese escenario, la principal reivindicación es la equiparación salarial de los denominados grupos profesionales 5 y 6. El primero lo constituyen las mujeres que elaboran la pesca, y el segundo aúna oficios varios como carretilleros, mecánicos o personal de almacén. 

Salarios pegados al SMI

César Conde, secretario de CC.OO Industria de Cantabria, explica que “la cualificación necesaria para uno de esos puestos es la misma que para el grupo de mujeres productoras, pero hay entre un 4% y un 13% de diferencia entre las categorías equivalentes de esos grupos. No estamos pidiendo que se equipare de hoy para mañana, pero la patronal nos está haciendo una oferta de equiparación, en la que a ese grupo 5 que cobra menos, se le daría un 0,3% más de subida cada año. Pero eso es totalmente insuficiente. En algunos grupos nos sale la cuenta de que se equipararían los salarios en 4.000 años. Y en otros, que no se van a equiparar nunca. Por ejemplo, una subida del 3% en un grupo y una subida del 3,3% en el grupo inferior. No llegarían nunca a juntarse”. 

Se trata de salarios, dice, “que están muy pegados al SMI (salario mínimo interprofesional). Son puestos de trabajo que necesitan cualificación porque podemos pensar que cortar el pescado o pelarlo es sencillo, pero no. Aquí, en Cantabria, tenemos a las trabajadoras de la anchoa. Y eso es un arte. Desde que empiezas a trabajar hasta que ya dominas la técnica”. 

El otro escollo para los sindicatos es la petición de la patronal para la ampliación del horario a fines de semana. “Dicen que para nuevas incorporaciones, y no estamos de acuerdo en incorporarlo ni tampoco con la retribución que han querido ponerle a este turno”, comenta Conde. 

La batería de reivindicaciones de los trabajadores del sector conservero incluye permisos retribuidos de acompañamiento a familiares de primer grado, “porque al final, ese grupo 5 está poblado esencialmente por mujeres y la sociedad ha relegado a las mujeres a  este tipo de cuidados, de los mayores y de los hijos”. 

Patronal, pandemia y encarecimiento de las materias primas

En opinión de Eduardo Sanfilippo, presidente de CONSESA (Asociación de Industriales de Conservas, Semiconservas y Salazones de Pescados de Cantabria), “son dos grupos completamente diferentes y es normal que tengan condiciones diferentes en cuanto a salario. Ellos dicen que esto es discriminación y aquí no hay discriminación. Si hubiese discriminación eso se debería solucionar a través de los planes de Igualdad de las compañías, de la Inspección o los mecanismos oportunos, pero un convenio no regula eso”. 

Respecto al sector confiesa que “la mayor amenaza a la que estamos asistiendo es la del aumento de las materias primas, sobre todo las materias primas auxiliares. Luego tenemos que ver que las materias primas principales vienen con incrementos. Estamos recibiendo aumentos de precios de hojalata, de cartón en torno al 20% y el 40%. El transporte también se ha incrementado. Pasamos de fletes que podrían estar en torno a los 2.000 euros y ahora cuestan 10.000, sin olvidar las dificultades para poder trasladar estas subidas al mercado. Lógicamente, en un entorno de pandemia, donde el consumo se mira con lupa, no es fácil. Al final supone una merma de márgenes de la industria”.

Un sector que debe modernizarse

Por su parte, Luis Díez, Secretario General de UGT-FICA en Cantabria, abriga la esperanza de que el convenio garantice la subida salarial del 10%, acordada antes de la ruptura de las negociaciones, “viendo cómo quedó el IPC del año pasado, que ya con eso es un 6,5%”.  

Díez considera que, como toda industria, “el sector de las conserveras de pescado se tiene que modernizar y ponerse en el siglo XXI. Pero sobre todo, es una cuestión de dignidad a la hora de afrontar los retos del futuro entre trabajadores y patronal. Lo hemos podido comprobar durante la pandemia, que es un sector que ha estado permanentemente trabajando, poniendo en riesgo su salud y la de las familias, y que les ha sido a las empresas muy rentable. Y lo que es económicamente no se quiere plasmar en unas mejoras que no son desorbitadas, sino, a nuestro entender, muy justas”.

Trabajos precarios, empresas subvencionadas y paternalismo

Su homólogo en CCOO Industria de Cantabria sostiene que “a nivel laboral, es un trabajo precario, pero luego las empresas gozan de muy buena salud y gran parte de ellas están subvencionadas, con lo cual tampoco vemos esa dificultad a la hora de atender nuestras reivindicaciones. Por eso estamos pidiendo que esa bonanza se traslade también a los trabajadores. Hablamos de sectores valle, que por muy mal que vaya la economía, por mucha crisis que haya, siempre funcionan porque la gente tiene que comer. Con lo cual, no sufren la crisis como la pueden sufrir otros sectores”.

Conde describe cómo el sector tradicional de microempresa familiar se está convirtiendo, cada vez más, en una industria. “Al final ves que son grandes consorcios conserveros los que están dominando el mercado y lo que queremos es una transformación de pequeña empresa a sector industrializado como es ahora. Es un sector que sigue teniendo formas de pequeña empresa cuando ya las empresas emplean a cientos de trabajadores”, dice. 

Pero ese cambio en el tamaño de las empresas no ha ido acompañado de una nueva actitud. “Siguen funcionando como antaño, de manera paternalista. Es una zona pequeña. Por ejemplo, en Santoña se conoce todo el mundo. Entonces juegan el papel de que saben que esto es precario pero… no te quejes porque te conozco a ti, conozco a toda tu familia…Es esa forma de funcionar. Lo bueno y malo que tiene trabajar en una industria es que es más anónima de cara al trabajador. Ya no existe ese paternalismo, sino que tú tienes tu trabajo y no dependes de que una persona tenga un buen día o un mal día”, añade.

40 años del encierro de 49 trabajadoras de Conservas Albo S.A. 

La industria conservera de Santoña tiene un considerable peso en el municipio gracias a su puerto pesquero, uno de los más importantes de Cantabria. A finales del siglo XIX, con la llegada de los salazoneros italianos, el sector de las conserveras de pescado se convirtió en un motor clave para la economía del municipio. Pero también llegó la lucha obrera por la mejora de las condiciones laborales, un asunto que las mujeres más mayores del lugar conocen bien.

En 2022, se cumplen 40 años del encierro de 49 trabajadoras fijas discontinuas de la empresa Albo S.A, uno de los momentos más tensos de la lucha obrera en el sector de las conservas de pescado. Era 1982. “La mala costera de la anchoa, el descenso en las ventas y la exístencia de un almacenaje de más de 4.000 cajas de este producto”, según la dirección, fueron las razones para «preservar los puestos de trabajo de los 75 trabajadores fijos de la plantilla», y enviar al desempleo a estas trabajadoras. Las encerradas y el sindicato UGT sostenían entonces que “la situación de la empresa no es tan difícil”, mientras reclamaban turnos rótatorios de trabajo con toda la plantilla y no sólo con las 49 trabajadoras encerradas. Hoy, todo podría ser más sencillo, pero la historia tristemente vuelve a repetirse.

Nuevas movilizaciones

Mientras, CCOO de Industria, la Federación de Industria, Construcción y Agro de UGT y CIGFGAMT, mantienen el pulso a la patronal conservera en defensa de un convenio digno y prevén nuevas medidas de presión, desde concentraciones y manifestaciones a encierros y más días de huelga. Las tres centrales sindicales concretarán en los próximos días un calendario de medidas. También han expresado el deseo de «no tener que llevar a efecto este segundo calendario de movilizaciones», por lo que esperan ser convocados a una nueva reunión de la comisión negociadora del convenio de conservas de pescados «en la cual las principales reivindicaciones de las personas trabajadoras del sector, sean atendidas».

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