El escritor Reinaldo Arenas escribió un libro bajo este título donde recreaba, de forma literaria, su regreso a esta ciudad desde su exilio norteamericano. Arenas, dramaturgo, poeta y ensayista, se exilió en los Estados Unidos en 1980, tras haber huido de Cuba en la fuga masiva de Puerto Mariel, y se acabó suicidando en Nueva York en 1990 después de conocer que había inoculado el virus del sida. Reinares viajó a La Habana a través de sus libros porque nunca pudo regresar a su antigua ciudad y donde había escrito sus primeros versos, soñando a través de las palabras con esas calles habaneras, el malecón y el antaño español y caribeño centro de la ciudad. Pero, seguramente, si Reinares regresara ahora a La Habana se encontraría con una realidad muy distinta a que dejó cuando abandonó el país y una ciudad tristemente abandonada, destruida y abatida. Con toda seguridad, sentiría lástima y no le gustaría el resultado de sesenta años de revolución cubana sobre La Habana. Pese a todo, La Habana siempre merece una visita a través de sus recoletas plazas y calles, atravesando todo el malecón, visitando el casco viejo, saboreando el barrio del Vedado y conociendo sus coquetos rincones, como la heladería Coppelia, lugar de ligue homosexual y donde el poeta Reinares hacía de las suyas huyendo de la represión sexual imperante en la isla. También ese heladería quedó inmortalizada en la película Fresa y chocolate, un alegato anticastrista y una llamada a la tolerancia y al respeto a la diversidad sexual tras décadas de persecución a los homosexuales.

La Habana tiene algo de pueblo, cuando uno ve a sus gentes sentadas en las puertas de sus casas y a los niños jugando al fútbol a sus anchas en las calles convertidas en improvisados estadios, y también algo de gran ciudad europea, sobre todo si uno pasea por el casco viejo y por los alrededores del Parque Central, donde abundan los edificios de inspiración europea y española. Hay un aire de decadencia que impregna todo pero que recuerda a muchas ciudades de Europa y que revela su pasado de gran metrópoli. Luego, a diferencia de otras capitales de América Latina, La Habana es una ciudad tranquila, increíblemente segura y muy apta para el paseo, tanto de día como de noche. La criminalidad es mínima, por no decir nula, en la capital cubana.

Estos son los que lugares que hemos seleccionado para tu viaje, aunque no debes perder de vista que un buen viajero siempre improvisa su itinerario después de haber leído lo suficiente sobre el lugar para realizar su propia visita con sus señas de identidad personales y sus ‘descubrimientos’ en ruta.

Desde cualquier ángulo, La Habana sorprende al viajero

1. El malecón. Es el lugar más emblemático de la ciudad y es una suerte de dique de ocho kilómetros de longitud que separa, o une, según se mire, a La Habana del mar. Fue construido en 1901, durante el periodo de gobierno y administración norteamericana, y recorre la costa desde el castillo de San Salvador de la Punta, en La Habana vieja, hasta el fuerte de Santa Dorotea. El recorrido a través del malecón muestra a un lado unos edificios bastante abandonados junto con otros de cierto interés. Por la noche, está poco iluminado pero pese a todo puedes ver bastante gente paseando e incluso pescando. Si haces el paseo completo te encontrarás con interesantes pero abandonados edificios y construcciones de La Habana prerrevolucionaria y en una pequeña plazuela con el monumento a Calixto García, otro prócer de la independencia cubana. 

2. El Capitolio Nacional. Las obras se iniciaron en 1929 por orden del dictador Gerardo Machado y requirieron el trabajo de más de 5.000 obreros y varios años de intensa actividad. Es casi una copia del de los Estados Unidos -ubicado en Washington- y hasta 1959 albergó el Congreso de la República, pasando, tras la revolución de ese mismo año, a ser la Academia de las Ciencias de Cuba y la Biblioteca Nacional de Ciencia y Técnica. Dentro de este edificio encontramos una imponente estatua de la República, representada por una mujer de 17 metros de altura y 49 toneladas de peso, y una biblioteca en caoba. También se encuentran los antiguos dormitorios de los legisladores cubanos. Detrás de este edificio robusto, recio e imperial se encuentra la Real Fábrica de Partagas, que se puede conocer a través de sus visitas guiadas y siempre pagadas. Cerca del capitolio, y como curiosidad, se encuentra el Centro Gallego, emblemático lugar de la inmigración española llegada a la isla y construido por emigrantes gallegos entre 1907 y 1914. Por cierto, en Cuba conviene recordar al viajero que todas las visitas a monumentos y museos siempre son de pago obligado.

 3. El Gran Teatro de la Habana. Muy cerca del Capitolio podemos conocer el Gran Teatro de la ciudad que, con 2.000 butacas, es el más grande de la isla y el más antiguo del Nuevo Mundo o las Américas, siendo muy bello y exquisito en su decoración exterior e interior. Tiene una sala dedicada a García Lorca que alberga el Ballet Nacional de Cuba y ofrece las representaciones de la Opera Nacional. Abrió sus puertas por primera vez en 1838. 

4. El Hotel Inglaterra. Siguiendo nuestro recorrido por el centro de La Habana nos encontraremos al lado del Gran Teatro al Hotel Inglaterra, en mi opinión el más bello de la ciudad y en buen estado de conservación que contrasta con unos alrededores algo descuidados. Al parecer el héroe nacional cubano, José Martí, pronunció en este recinto hotelero un importante discurso en favor de la independencia y antes de la Revolución era el hotel preferido por los periodistas norteamericanos para alojarse en la isla. Data del año 1875 y su restaurante es cuidado y esmerado aunque sus precios son más bien altos. Muy recomendado para hacer un alto en el camino y tomar un cuba libre o una cerveza. 

Hotel Inglaterra

5. El Parque Central. Este parque se encuentra justamente enfrente del Hotel Inglaterra y en el centro se encuentra una estatua del idolatrado José Martí, héroe nacional de Cuba por antonomasia gran poeta cantado por el trovador Pablo Milanés. Es un lugar muy concurrido y donde puedes encontrar corrillos de gentes, a todas horas del día, discutiendo sobre lo divino y lo humano. Obviamente, de política ni se habla. Muy cerca de este lugar podemos visitar el popularmente conocido como palacio de los Matrimonios y la iglesia del Santo Ángel Custodio.

6. Paseo del Prado. El paseo del Prado es conocido así por todos los habaneros, pero oficialmente se llama el Paseo Martí. Las obras de este gran bulevar, que recuerda a las grandes avenidas parisinas, empezaron fuera de las murallas -destruidas en el siglo XIX- en el año 1770 y se concluyeron en 1830, estando al mando de las mismas el entonces capitán general español Miguel Tacón. 

7. Embajada de España. Este bello edificio se encuentra en el parque de los Enamorados y donde se ubica el conocido monumento a los Estudiantes de Medicina. La embajada de España tiene sus oficinas en el palacio Velasco, construido en 1912, y a su lado se encuentra el Consulado de nuestro país en Cuba, donde por el día podrás ver enormes colas para solicitar la milagrosa visa con la que salir del “paraíso socialista”. Llaman la atención los gritos de alegría de los que obtienen tan preciado documento para poder viajar a España y que hacen fotografías de la estampilla para mandar por su teléfono móvil a sus familiares y amigos.

 8. Castillo de San Salvador de la Punta. Muy cerca del parque de los Enamorados nos toparemos con el castillo de San Salvador de la Punta, proyectado por el ingeniero militar italiano Giovanni Bautista Antonelli y erigido entre 1589 y 1600. 


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