Un campamento militar ucraniano cerca de Dmitrivka, en el norte de Lugansk. Los bosques en el Donbass se han visto afectados por los componentes mecánicos y químicos del armamento utilizado en el conflicto. Foto de Jan A. Nicolas / DPA / PA.

Un eventual ataque de Rusia a Ucrania no sólo será un varapalo económico, político y social. También veremos un país que se resiente aún más, desde el punto de vista medioambiental, pues todavía no se ha recuperado de los impactos ambientales que ya recibió a lo largo del último conflicto bélico en la región del Donbass. Se trata de un área con importantes recursos minerales, como sus yacimientos de sal de roca, yeso, materiales de cemento en bruto, piedra caliza y dolomita, así como granito y arcillas. En cambio, en lo relativo a la biodiversidad, el Donbass se ha convertido en una de las regiones más contaminadas del país. Aún permanecen en sus suelos los desechos tóxicos de casi dos siglos de minería intensiva. La economía de la región continúa dominada por la industria del carbón, la construcción de máquinas, la metalurgia y la producción de materiales de construcción. La provincia de Donetsk, que aporta más de 23,5% a las exportaciones de Ucrania, alberga a 1.000 empresas y organizaciones.

Especies en peligro

El 80% de las tierras es cultivable y está controlado por empresas agrícolas y granjas, una presión adicional sobre las 50 especies de mamíferos amenazadas, 38 de peces, más de 10 de reptiles y alrededor de 300 de aves que habitan el área. Además, el conflicto armado ha añadido a los ecosistemas locales otros daños de consideración.

Un año antes de que estallara la guerra, la región contaba con 5.500 industrias que generaban cerca del 44% de las emisiones del país. Ahora, como consecuencia de la destrucción de las infraestructuras de producción y los mecanismos de emergencia, los riesgos de degradación ambiental han aumentado de manera alarmante.

Ríos contaminados

El río Siverskyi Donets, el más contaminado de Ucrania antes del conflicto, es un afluente del río Don, que pasa a través de la vecina Federación Rusa. La contaminación generada por el conflicto plantea riesgos de salud para la población que se abastece principalmente del Don.

Por otro lado, la suspensión de la agricultura dio espacio a la maleza y los roedores para que prosperen y se reproduzcan, poniendo en peligro aún más la salud pública.

«El Donbass está al borde de una catástrofe ecológica alimentada por la contaminación del aire, el suelo y el agua por la combustión de grandes cantidades de municiones en los enfrentamientos y las inundaciones en las plantas industriales. Existe una necesidad urgente de un monitoreo ecológico para evaluar y minimizar los riesgos ambientales derivados del conflicto armado», explica Leila Urekenova, analista de ONU Medio Ambiente.

530.000 hectáreas de ecosistemas destruidos

Durante la guerra, las instituciones que protegen los espacios naturales han perdido personal, lo que ha provocado un aumento en las violaciones de las leyes ambientales, la caza furtiva masiva, la tala ilegal y la interrupción de la gestión de los residuos. Este caldo de cultivo ha conllevado la llegada de especies invasoras como el chacal, el pez luna y el escarabajo asiático, que han colonizado la zona de conflicto y otras áreas colindantes.

Según un estudio realizado por la Plataforma de Ciencia y Políticas sobre Medio Ambiente y Seguridad de ONU Medio Ambiente, el conflicto ha afectado, dañado o destruido ecosistemas en un área de al menos 530.000 hectáreas, incluyendo 18 reservas naturales que cubren 80.000 hectáreas. Además, 150.000 hectáreas de bosques se han visto afectadas y se han registran 12.500 incendios forestales en la zona de operaciones militares y alrededores.

A esto se suman los impactos mecánicos y químicos directos en los árboles, incluyendo el daño con metralla en cortezas, ramas, copa y la vegetación del suelo, lo que se produjo el debilitamiento o la muerte de plantaciones enteras. La zona de operaciones militares también se ha visto contaminada por explosivos sin detonar cuya eliminación podría llevar años o décadas, si hacemos una mirada retrospectiva a la experiencia en otros países como Bosnia y Herzegovina, Serbia y Macedonia.

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