La historia de Mariamu Rasidi Tungu es la de una agricultora tanzana de 48 años y madre de siete hijos que, como otras mujeres en situación de vulnerabilidad, en las regiones de Shinyanga y Singida, han recibido el apoyo del programa conjunto de ONU Mujeres y el UNFPA para «lograr la igualdad de género a través del empoderamiento de las mujeres y las adolescentes». La iniciativa aborda los desafíos socioeconómicos a los que se enfrentan las mujeres y las adolescentes en las zonas rurales de Tanzania, que actúan como barreras para el empoderamiento económico y social y las colocan en mayor riesgo de violencia de género y prácticas nocivas.

En Tanzania, las mujeres representan más de 50% de la fuerza laboral en el sector agrícola. La mayoría trabaja en granjas familiares y pequeñas parcelas de tierra sin recibir ningún pago. Aunque las agricultoras trabajan muy duro, muchas siguen siendo pobres debido a múltiples problemas, incluida la falta de acceso a la tierra. A esto se suman las consecuencias de la pandemia, lo que ha motivado a la ONU a lanzar un mensaje claro con motivo del «Día Internacional de las Mujeres Rurales», hoy 15 de octubre: la atención se centra en la urgente necesidad de fomentar la resiliencia de las mujeres rurales a raíz del COVID-19 , para “reconstruir mejor” mediante el fortalecimiento de los medios de vida sostenibles y el bienestar de mujeres rurales como Mariamu Rasidi Tungu.

Mariamu Rasidi Tungu es beneficiaria del programa conjunto de empoderamiento de ONU Mujeres y el UNFPA.

Mujeres en primera línea de la pandemia

Actualmente, «las mujeres rurales desempeñan un papel fundamental en la agricultura, la seguridad alimentaria y la nutrición, la gestión de la tierra y los recursos naturales y las empresas rurales, pues han estado en la primera línea durante la pandemia, incluso cuando su trabajo doméstico no remunerado aumentó bajo los confinamientos, se restringió la movilidad, las cadenas de suministro quedaron interrumpidas y la crisis climática agravó el COVID-19», según Naciones Unidas.

El escenario es muy similar en India. Allí, «millones de mujeres rurales organizadas en grupos de autoayuda han ayudado a mitigar la escasez aguda produciendo mascarillas y desinfectantes para manos, proporcionando alimentos frescos a través de cocinas comunitarias, ofreciendo servicios financieros y comunicando información vital sobre el COVID-19» en las comunidades rurales. 

En China, las cooperativas de mujeres rurales han reorientado su trabajo para proporcionar mascarillas a sus comunidades. En Malí, las empresas y cooperativas rurales propiedad de mujeres están preparando kits de supervivencia para personas vulnerables. Y en Senegal , las productoras de arroz están suministrando fuentes gubernamentales para las transferencias de alimentos.

Laxmi Devi, de 55 años, muestra una mascarilla que ha fabricado en el barrio de New Ashok Nagar de Nueva Delhi.  Foto: ONU Mujeres / Prashanth VIshwanathan

Sin embargo, el denominador común de las mujeres rurales es que siguen trabajando en condiciones de extrema desventaja. Las infraestructuras y los servicios insuficientes en zonas rurales se han llevado al límite. Pero los cuidados y el trabajo productivo de las mujeres rurales durante la pandemia se ha visibilizado más que nunca, en muchos lugares sin recursos de primera necesidad como agua limpia, saneamiento e higiene o el suministro de energía y servicios de salud.

Derecho a la tierra y los recursos

La otra cara de la pandemia nos muestra el aumento de la vulnerabilidad de los derechos de las mujeres rurales a la tierra y los recursos. La discriminación aún impide que las mujeres ejerzan los derechos sobre la tierra y la propiedad en muchos países. Dado que el derecho de las mujeres a la tierra a menudo depende de sus maridos, las viudas de COVID-19 corren el riesgo de ser desheredadas. La seguridad de la tenencia de la tierra de las mujeres también se ve amenazada a medida que los migrantes desempleados regresan a las comunidades rurales, lo que aumenta la presión sobre la tierra y los recursos y exacerba las brechas de género en la agricultura y la seguridad alimentaria.

Más preparación frente a crisis futuras

Las inversiones con perspectiva de género para expandir la infraestructura básica, la atención médica y los servicios de atención en las zonas rurales nunca han sido más críticas. Reforzar los derechos de las mujeres a la tierra en la ley y en la práctica puede ayudar a proteger a las mujeres del desplazamiento y la pérdida de sus fuentes de sustento. Este «Día Internacional de la Mujer Rural es un momento clave para impulsar la acción de todas las partes interesadas para ayudar a las mujeres y niñas rurales no solo a reconstruir sus vidas después del COVID-19, sino también a aumentar su resiliencia para estar mejor preparadas para enfrentar crisis futuras.

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