El debate más esperado de la campaña catalana desnuda la fragilidad del proceso independentista pero legitima la posición de Junts pel Sí, que celebra que Exteriores confronte de tú a tú sobre una Cataluña fuera de España. El líder de ERC recurre al marco jurídico que quiere vulnerar tras el 27-S para defender sus posiciones.

Margallo se lo buscó y Margallo se lo encontró. Sabido es que los debates electorales no son el escenario ideal para avasallar con argumentos y ganar adeptos a una causa por la fuerza de la razón. Mucho menos un cara a cara a cuatro días del crucial 27-S catalán, donde todo está girando en torno a la emotividad, a los sentimientos de pertenencia, a apelaciones a toda una vida y a las fortalezas de la unión. El propio Oriol Junqueras tiene dicho que desearía la independencia de Cataluña aunque España fuera la nación más próspera del mundo, por una cuestión de “dignidad”.

Junqueras celebra el «éxito rutilante» de sentar al Gobierno a una mesa para hablar de la ruptura territorial

En esa tesitura, es tarea hercúlea convencer a alguien de que la arcadia prometida por el secesionismo no tiene razón de ser. Pero a José Manuel García Margallo le pudo la condición, o le perdió la incontinencia verbal, y aceptó públicamente un debate propuesto por el número cinco de Junts pel Sí al que ya no podría negarse sin sufrir el síndrome de la silla vacía, sin brindar al adversario la posibilidad de proclamar que el unionismo no se atreve a confrontar opiniones y sigue anclado en el inmovilismo. Mantra que día tras día propagan Artur Mas y sus compañeros de viaje.

De modo que en prime time y ante las cámaras de la 8tv del Grupo Godó que tan comprensiva -siendo prudentes- es con el independentismo se midió el ministro de Asuntos Exteriores con el líder de ERC. Ni se negociaron bloques, ni turnos de palabra ni más condiciones que las que dispusiera el moderador, Josep Cuní. Junqueras celebró el “gran éxito” desde el primer momento. Es “rutilante”, dijo, vanagloriándose de tener enfrente a la voz más autorizada en política internacional de un “estado plenamente reconocido”. Eso refuerza el cariz “plebiscitario” de las elecciones del domingo, añadió. Los siguientes 46 minutos seguirían intercambiando pareceres sobre las consecuencias de la independencia.

Y ahí estaba la trampa. Ese es el marco que quiere el secesionismo. En el momento en que haces hipótesis sobre un escenario estás contemplando la posibilidad de que se dé. Y el discurso del Gobierno y del PP es que la ruptura de España es sencillamente irrealizable, que Mas está en un callejón sin salida. Pero Margallo abrumó con referencias legales e históricas, subrayando lo que le sucedió a otros países que se independizaron en el pasado reciente, como las repúblicas bálticas o Argelia.

Camus en escena

Con el país magrebí trató el ministro de apuntarse un tanto. Señaló que tras separarse de Francia obviamente los argelinos perdieron su condición de franceses y europeos, a lo que Junqueras replicó que la mantuvieron todos los que quisieron, empezando por Albert Camus. Se había preparado la respuesta el líder de ERC, pues no era la primera vez que Margallo esgrimía tal argumento de autoridad. Lo que no había estudiado es que los que, como Camus, conservaron la nacionalidad francesa lo hicieron gracias a que abandonaron África y buscaron refugio en el régimen de la metrópoli. “¿Está diciendo que van a pedir amparo a la Constitución Española?”, le espetó Margallo. Pero su rival estaba más que satisfecho con la analogía Argelia-Cataluña.

El ministro recuerda que los argelinos que siguieron siendo franceses tras la independencia lo lograron gracias a que pidieron «amparo» a París 

La línea discursiva del miembro del gabinete de Rajoy era muy clara: los secesionistas quieren vulnerar la legalidad con una declaración unilateral de independencia y luego beneficiarse de los derechos protegidos por el marco jurídico vulnerado, como la incontrovertible condición de español que recoge la Constitución. Se llevó incluso la última respuesta al respecto del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, pero Junqueras no se salía de su guion: Cataluña nunca abandonaría la UE porque los tratados no contemplan la evacuación de un miembro que no quiere irse, todos los catalanes que no deseen lo contrario seguirían siendo también españoles tras la secesión. Margallo le rebatía la «premisa falsa» de que partía pero su oponente se enrocaba blandiendo los pilares del marco jurídico por encima del cual quiere pasar tras el 27-S.

Junqueras admitió que las de los dos eran «interpretaciones legítimas» de tratados y regulación varia, pero insistía una y otra vez en que la independencia no implica en ningún caso la salida de la UE. Las manifestaciones de líderes internacionales al respecto, añadió, son fruto de las presiones de un Gobierno que da otros «favores» a cambio a sus homólogos, como si Barack Obama o Angela Merkel fueran susceptibles de ser influidos en sus discursos por cualquier otro mandatario a conveniencia de los intereses personales de este último.

Un «bucle» improductivo

La improductividad del diálogo llevó al moderador a denunciar el «bucle» en que caía el debate, con escaso éxito. Margallo citó los 139 votos de la asamblea de la ONU que se requieren para reconocer a un estado que se proclama independiente, eso siempre que alguno de los que tienen derecho a veto no lo ejerza. Territorios como Palestina o el Sáhara Occidental, que llevan décadas intentándolo, siguen sin lograrlo. Además, se refirió a otras regiones que pretenden la ruptura, como la ucraniana Donetsk -con porcentajes de apoyo popular a la secesión «del 90%»-, y a la poca gracia que hace a países como China o Rusia estos procesos. «No quieren ni oír hablar de ello», zanjó, porque tienen problemas parecidos con Tíbet o Chechenia.

El líder de ERC recurrió al apoyo de congresistas estadounidenses a la autodeterminación catalana –el 1,1% de la Cámara, le recordó Margallo, y tras una oscura labor de «lobby«- y se mofó del «cuento de la lechera a la inversa» que el ministro planteó sobre las consecuencias económicas de la independencia. Y es que el político valenciano aseguró que acarrearía el hundimiento del comercio por el «efecto frontera», la destrucción de 689.000 empleos -para elevar la tasa de paro al 37%, «la más alta del mundo»-, una caída de las pensiones de entre 350 y 400 euros de media, un «corralito» y «fuga de capitales».

«¿Por qué nos amenaza?, utilice algún verbo propositivo», le pide Junqueras

Junqueras sonreía ante el relato del «apocalipsis», sabedor de que el discurso del miedo le está reportando beneficios a su candidatura, pues mucha gente lo percibe exagerado y además es difícilmente acreditable. «¿Por qué nos amenaza?», respondía, «utilice algún verbo propositivo». Le recordó su posibilismo negociador ante Mas y hasta se permitió el lujo de pedir nuevos debates, incluso para tratar los postulados de la Iglesia ante la secesión -«vox populi vox dei, la voz del pueblo es la voz de Dios»-.

Margallo se defendió diciendo que solo describía la «galleta monumental» que se llevaría Junts pel Sí de ejecutar sus planes y el «precipicio» al que dicha hoja de ruta aboca. «Cuando un amigo quiere tirarse por un puente tengo que disuadirle», «se os quiere, no rompamos», acertó a decir cuando el presentador ya apremiaba para que concluyeran. Y se llevó el botín de presentar al PP como la opción contraria al independentismo y de saberse con la razón de su lado. El grado de influencia que esta tenga en la disquisición interior de los electores lo veremos el domingo.

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