A pesar del aumento en las ambiciones climáticas y los compromisos de neutralidad de emisiones, los gobiernos aún planean producir en 2030 una cantidad de combustibles fósiles más de dos veces mayor de lo que sería consistente con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5°C, reveló hoy el Informe sobre la Brecha de Producción 2021, elaborado por reconocidos institutos de investigación y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El informe, cuya primera edición se publicó en 2019, mide la brecha entre la producción de carbón, petróleo y gas prevista por los gobiernos y los niveles de producción compatibles con el cumplimiento de los límites de temperatura del Acuerdo de París. Dos años más tarde, el informe de 2021 revela que la brecha de producción no ha cambiado en gran medida.

Próximos 20 años

Durante las próximas dos décadas, los gobiernos proyectan colectivamente un aumento de la producción mundial de petróleo y gas, y sólo una modesta disminución de la producción de carbón. En conjunto, sus planes y proyecciones prevén un aumento de la producción de combustibles fósiles hasta al menos 2040, creando una brecha de producción cada vez mayor.

«Los efectos devastadores del cambio climático están a la vista de todos. Todavía hay tiempo para limitar el calentamiento a largo plazo a 1,5ºC, pero esta ventana de oportunidad se está cerrando rápidamente», dijo la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen.

«En la COP26 sobre cambio climático y después, los gobiernos del mundo deben dar un paso al frente, adoptando medidas rápidas e inmediatas para cerrar la brecha de producción de combustibles fósiles y garantizar una transición justa y equitativa. Así es como luce la ambición climática”, añadió Andersen.

El Informe sobre la Brecha de Producción de 2021 ofrece los perfiles de 15 de los principales países productores: Alemania, Arabia Saudí, Australia, Brasil, Canadá, China, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, India, Indonesia, México, Noruega, Reino Unido y Rusia. Los perfiles muestran que la mayoría de estos gobiernos siguen prestando un importante apoyo político a la producción de combustibles fósiles.

«La investigación es clara: la producción mundial de carbón, petróleo y gas debe empezar a disminuir de inmediato y de forma pronunciada para ser coherente con la limitación del calentamiento a largo plazo en 1,5ºC», afirma Ploy Achakulwisut, autor principal del informe y científico del Instituto del Ambiente de Estocolmo (SEI, por sus siglas en inglés).

«Sin embargo, los gobiernos siguen planificando y apoyando niveles de producción de combustibles fósiles que superan ampliamente lo que podemos utilizar de forma segura», indicó Achakulwisut.

Las principales conclusiones del informe son las siguientes:

  • Los gobiernos del mundo tienen previsto producir en 2030 alrededor de 110% más de combustibles fósiles de lo que sería coherente con el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5°C, y un 45% más de lo que sería coherente con la trayectoria de 2°C. El tamaño de la brecha de producción se ha mantenido prácticamente sin cambios en comparación con las evaluaciones anteriores.
  • Los planes y proyecciones de producción de los gobiernos conducirían a una producción de 240% más de carbón, un 57% más de petróleo y un 71% más de gas en 2030 de lo que sería coherente con la limitación del calentamiento global a 1,5°C.
  • Se prevé que la producción mundial de gas sea la que más aumente entre 2020 y 2040 según los planes de los gobiernos. Esta expansión mundial continuada y a largo plazo de la producción de gas es incompatible con los límites de temperatura del Acuerdo de París.
  • Desde el comienzo de la pandemia de COVID-19, los países han destinado nuevos fondos de más de US$ 300.000 millones a actividades relacionadas con los combustibles fósiles, más de lo que han destinado a la energía limpia.
  • En cambio, la financiación pública internacional para la producción de combustibles fósiles por parte de los países del G20 y de los principales bancos multilaterales de desarrollo (BMD) ha disminuido considerablemente en los últimos años; un tercio de los BMD y de las instituciones financieras de desarrollo (IFD) del G20, por tamaño de sus activos, han adoptado políticas que excluyen las actividades de producción de combustibles fósiles de la financiación futura.
  • La información verificable y comparable sobre la producción de combustibles fósiles y el apoyo a estos — tanto de los gobiernos como de las empresas — es esencial para abordar la brecha de producción.

«Los primeros esfuerzos de las instituciones de financiación del desarrollo para recortar el apoyo internacional a la producción de combustibles fósiles son alentadores, pero estos cambios deben ir seguidos de políticas concretas y ambiciosas de exclusión de estos combustibles con el fin de limitar el calentamiento global a 1,5°C», dijo Lucile Dufour, asesora principal de políticas del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD).

«Las naciones productoras de combustibles fósiles deben reconocer su papel y su responsabilidad a la hora de cerrar la brecha de producción y dirigirnos hacia un futuro climático seguro», afirmó Måns Nilsson, director ejecutivo del SEI.

«A medida que los países se comprometen cada vez más con la neutralidad de emisiones para mediados de siglo, también deben reconocer que sus objetivos climáticos requieren una rápida reducción de la producción de combustibles fósiles», dijo Nilsson.

El informe fue elaborado por el SEI, el IISD, el Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI), el grupo de expertos de cambio climático E3G y el PNUMA. Más de 40 investigadores de numerosas universidades, grupos de expertos y organizaciones de investigación contribuyeron al análisis y la revisión.

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