Parque Nacional de Doñana.

El humedal más importante de Europa no pasa por su mejor momento. De hecho, el 80% del territorio de la cuenca del Guadalquivir fue declarado, el pasado mes de noviembre, en «situación excepcional por sequía extraordinaria» por la Confederación Hidrográfica. La falta de lluvias y un acuífero sobreexplotado han provocado que Doñana no pueda ofrecer un entorno adecuado para muchas especies que vienen a pasar la invernada, en especial las aves acuáticas. Muchas se ven obligadas a concentrarse en los pocos lugares donde queda agua, como arrozales o balsas de riego. El peligro que entraña estriba en que muchos de estos espacios se ubican en lugares donde la caza está permitida, una vez que se abre la temporada de acuáticas que transcurre desde el 14 de noviembre hasta el 30 de enero, sin que las aves puedan resguardarse en espacios vedados como el Parque Nacional.

Ante esta situación, las asociaciones ecologistas y conservacionistas consideran que se dan los supuestos para aplicar lo dispuesto en el artículo 55 sobre «Limitaciones y prohibiciones en beneficio de la caza y medidas de seguridad», de la Ley 8/2003, de 28 de octubre, de la Flora y la Fauna Silvestres que dice textualmente que «con carácter general se prohíbe: cazar en los llamados días de fortuna, es decir, en aquellos en que, como consecuencia de incendios, epizootias, inundaciones, sequías u otros accidentes, las piezas de caza se vean privadas de sus facultades normales de defensa y obligadas a concentrarse en determinados lugares».  E igualmente sería de aplicación la suspensión temporal prevista en el artículo 7 del Decreto 126/2017 por el que se aprueba el Reglamento de Ordenación de la Caza en Andalucía «cuando exista una situación de emergencia que conlleve daños o situaciones de riesgo para las especies cinegéticas o sus hábitats, como consecuencia de circunstancias excepcionales de tipo meteorológico».

Ecologistas en Acción, SEO/BirdLife y WWF España se han dirigido a la Consejera de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, Carmen Crespo, y a la Directora General del Medio Natural, Biodiversidad y Espacios Protegidos, Araceli Cabello, para solicitarles formalmente que igual que otras administraciones toman medidas excepcionales, se prohíba de forma temporal la modalidad cinegética de «acuáticas» en la Comarca de Doñana y el Estuario del Guadalquivir.

Las organizaciones han remitido también sendas cartas al presidente del Consejo de Participación del Espacio Natural Doñana, Miguel Delibes, y al director del Espacio Natural Doñana, Juan Pedro Castellanos, con el fin de que se sumen a esta petición en beneficio de la conservación de las especies acuáticas consideradas cinegéticas del entorno del espacio protegido.

Hay que recordar que Doñana se declaró parque nacional, entre otras cuestiones, por su importancia como humedal de invernada para muchas aves migratorias europeas, entre las que destacan la cigüeña negra, la grulla común, o la garceta grande, dentro de las no cinegéticas, y, especialmente, el ánsar común, entre las cinegéticas. Estas son especies emblemáticas de las Marismas del Guadalquivir, que están vinculadas de forma vital con los humedales, dependiendo de ellos para su alimentación, descanso y reproducción, que paran en Doñana en su viaje desde los países escandinavos, Holanda, Alemania, oeste de Polonia y la República Checa, por lo que la salud y el número de sus poblaciones dependen en gran medida de las condiciones que se encuentren en estas marismas.

A ello hay que sumar que los estudios de la Estación Biológica de Doñana, organismo dependiente del CSIC, indican que la mitad de las aves amenazadas que invernan en Doñana presentan una tendencia de conservación negativa, como la cerceta pardilla, en grave Peligro de Extinción, y que no se diferencia en sus rasgos y forma apenas de la cerceta común; o el porrón pardo, que se puede dar por extinto a nivel local. Esta medida, que cuenta con un antecedente en el año 1998 tras la catástrofe de Aznalcóllar, de aplicar por «días de fortuna» la prohibición y la limitación de caza de acuáticas y otras especies en Doñana, tiene, por tanto, un carácter extraordinario.

«Entendemos que ante los nuevos retos y escenarios que el cambio climático plantea, como sequías prolongadas, falta de años húmedos e inundaciones extraordinarias, y los efectos que pueden tener s sobre la propia organización de la actividad cinegética y las aves acuáticas, ya sean especies cinegéticas o no, las administraciones públicas deben ser capaces de adaptar las vedas y periodos de caza a las nuevas circunstancias», concluyen las organizaciones.

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