Han pasado apenas tres meses desde que el mundo dio un frenazo en seco. Ninguno de nosotros nos podíamos imaginar, al menos inicialmente, que la situación que íbamos a vivir llegase a ser de tal magnitud.

Con la declaración del estado de alarma se extendían a la totalidad del territorio nacional una serie de medidas que han tenido un gran impacto en el sistema de formación profesional para el empleo, que se ha visto gravemente afectado al no permitirse, con carácter general, continuar la ejecución de la formación, programada hasta aquel entonces, tal y como esta modalidad se encontraba regulada.

El sector de la formación ha sabido adaptarse a esta nueva situación recuperando modalidades de impartición de la formación que, por unas u otras cuestiones, habían sido relegadas a un segundo plano. En este proceso de adaptación ha jugado un papel fundamental la Resolución de 15 de abril del Servicio Público de Empleo Estatal.

Con este nuevo escenario de fondo, una a una, todas las comunidades autónomas, dentro de sus competencias, han establecido su propia regulación lo que ha favorecido que la totalidad de la formación que se estaba impartiendo se pudiese adaptar a la  nueva realidad; una realidad que, en nuestro sector, ha estado ligada al empleo de las nuevas tecnologías   como   cauce   para   el mantenimiento de la actividad. En general, las empresas españolas se han digitalizado más en estos tres meses que en los cinco años anteriores.

Y, aunque todavía es pronto para emitir ciertas afirmaciones, según datos oficiales, el sector de la formación es uno de los sectores en los que no solamente se ha mantenido el empleo sino que se ha aumentado la cifra de personas ocupadas en dicho sector. Estos datos deben ser analizados con cierta cautela puesto que estamos hablando  de los datos contenidos en la Encuesta de Población Activa (EPA Primer Trimestre 2020) que, únicamente, refleja apenas dos semanas tras el inicio de la pandemia.

Conscientes de que la formación y la capacitación de las personas constituyen, hoy más que nunca, uno de los principales activos que una economía posee para mejorar sus resultados y su competitividad y en un entorno económico como el actual, donde los efectos de la pandemia están provocando nuevas formas de organizar la distribución del trabajo se hace necesaria una transformación paralela del capital humano.

Basta con analizar, nuevamente, los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA Primer Trimestre 2020) para darnos cuenta de que uno de los principales escollos con los que se encuentra el mercado de trabajo es el bajo nivel de estudios que presenta la población trabajadora. Así :

  • El 32% de las personas ocupadas (más de 6,2 millones de personas) tienen bajo nivel de estudios
  • El 49% de las personas en situación de desempleo (más de 1,6 millones de personas) tiene bajo nivel de estudios.

De estos datos podemos deducir que la tasa de paro guarda estrecha relación con el nivel de estudios: a mayor nivel de estudios menor tasa de desempleo. Así, frente a una tasa de paro total del  14,41%:

  • La tasa de paro en personas con 1a etapa educación secundaria o similar es del 19,09%, alcanzando el 26,40% en personas con educación primaria y hasta el 27,27% en personas con estudios primarios incompletos
  • La tasa de paro en personas con 2ª etapa de educación secundaria con orientación profesional (incluyendo post-secundaria no superior) es del 15,67% y del 14,77% en personas con segunda etapa de educación secundaria con orientación general
  • La tasa de paro en personas con educación superior es del 8,98%

Estas cifras anteriores evidencian que elevar el nivel de estudios de la población trabajadora, sea por medio de la educación, sea por medio de la formación para el empleo, es una condición necesaria para rebajar las tasas de desempleo.

Con este telón de fondo, el sector de la formación debe seguir  apostando por convertirse en un referente de la inevitable reconstrucción a la que la pandemia nos ha abocado. Es por ello, por lo que se está impulsando un Plan de Nacional Extraordinario Formación para el Empleo y la Reconstrucción en el bienio 2021- 2023 cuyas líneas estratégicas  son  las siguientes:

1º- Ayudar a la recolocación de los trabajadores que pierdan su empleo por motivo de la crisis sanitaria provocada por la COVID19

2º- Favorecer una clara apuesta por los sectores estratégicos de nuestro país: tecnología, economía de los cuidados, turismo  de  calidad, industria esencial y función pública

3º- Desarrollar una reconstrucción de nuestra fuerza de trabajo entre 2021 y 2023

El aprendizaje en telepresencia que hemos experimentado durante  la crisis sanitaria nos ha demostrado que, con todas las dificultades y brechas que sea necesario corregir, la tecnología debe ser una herramienta formativa de primera magnitud. De ahí que la apuesta por la tecnología como medio para formar a grandes capas de población trabajadora debe ser la tónica general en cualquier experiencia de formación para el empleo en el contexto actual.

Todo ello va a permitir que los centros de formación se conviertan en actores estratégicos favoreciendo el hecho de que la formación se convierta en la palanca del crecimiento económico a largo plazo y en el catalizador crítico para la superación de la crisis.

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