Río Motlava a su paso por el puerto histórico de Gdansk.

Quizá a la ciudad de Gdansk–Danzig, en alemán– le pasa los mismo que decía Churchill de los Balcanes, que tiene más historia de la que es capaz de digerir. De indiscutible cultura, identidad e esencia alemanas, esta ciudad cambió a lo largo de la historia de manos, como si fuera un cromo, entre polacos y alemanes. Tras la Primera Guerra Mundial, en el año 1920 fue adjudicada por los vencedores en la misma a Polonia, para así castigar a los vencidos, entre los que se encontraba la mancillada Alemania, sin tener en cuenta los criterios étnicos, ya que la mayor parte de su población era de origen alemán.

Unos años más tarde, en 1939, esta ciudad quizá fue el germen del comienzo de la mayor matanza de la historia de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial, al desatender el gobierno polaco la entrega de esta urbe a una Alemania ya en manos de unos exigentes dirigentes nazis que ya exhibían sin ningún pudor su brutalidad. El 1 de septiembre de 1939, tras haber disfrazado a unos soldados alemanes con uniformes del ejército polaco en una suerte de parodia de invasión de Alemania a manos polacas, Hitler atacó Polonia y comenzó en la historia de este país una de las mayores pesadillas nunca vistas. También varios navíos atacaron a Gdansk-Danzig durante horas.

Seis millones de polacos, de los cuales la mitad eran hebreos, perecerían en la contienda y el país tras años de guerra, quedó devastado y abatido tras ser sometido a una ocupación infame, brutal y que arrancó de raíz las esencias polacas, hasta que en el año 1944 el Ejército Rojo liberó Polonia a sangre y fuego. Gdansk-Danzig no se libró de esa tragedia y la ciudad quedó casi completamente destruida tras la guerra y hubo que volverla a reconstruir, casi de la nada, tras el final de la devastadora batalla por su liberación.

Unos años más tarde, en 1947, apenas quedaban alemanes ya viviendo en Danzig y se calcula que unos 130.000 fueron expulsados por las nuevas autoridades polacas en una suerte de vendetta por lo padecido y reemplazados por miles de polacos expulsados por los soviéticos de algunos territorios que quedaron bajo la égida de Moscú, como Kaliningrado y otros zona de la Polonia oriental. La historia está muy presente en esta ciudad hoy vibrante, moderna, juvenil, cuidada y muy europea, mejor dicho centroeuropea, muy al estilo de otras grandes ciudades de esta región, como Budapest, Praga o Viena.

En épocas ya muy recientes, como los años setenta, esta ciudad fue el origen del punto y final al régimen comunista instalado en Polonia durante casi cincuenta años (1945-1989). Aquí, en Gdansk-Danzig, a finales de los años setenta comenzaron las primeras huelgas de sus astilleros que, capitaneadas por un sindicalista de tupidos cabellos llamado Lech Walesa, llevaron a Polonia al borde del abismo, provocando el golpe de Estado de 1981, y precipitando las reformas políticas y económicas en el país. No fue sin sangre: cuarenta ciudadanos de esta ciudad pagarían con su vida el desafío a un régimen inhumano y cruel incapaz de responder a sus demandas.

Unos años después, al calor de la Perestroika de Mijail Gorbachov, se fundaría el sindicato Solidaridad y se convocarían, en 1989, elecciones libres, que ganaría rotundamente el sindicato y pondrían las puntillas al ataúd que enterraría definitivamente al régimen postestalinista. La historia de Polonia no se puede entender sin conocer a Gdansk, que a continuación te presentamos en varias paradas que consideramos imprescindibles.

Iglesia de San Nicolás

1. Iglesias de Gdansk-Danzig

Hay numerosas iglesias que ver en Danzig, predominando las evangélicas y las protestantes de los antiguos pobladores alemanes, entre las que destacamos la de Santa Bárbara, la de San Nicolás, la de Santa Brígida y la de la Virgen María, que es realmente la Catedral de la ciudad y donde se puede observar un reloj astronómico que a las doce en punto ofrece el espectáculo, muy esperado por decenas de turistas, de una sucesión de personajes bíblicos que al ritmo de un tintineo y dirigidos por Adán y Eva parecen bailar sobre nuestras cabezas. También la urbe es conocida por la Catedral de Oliwa, por el barrio del mismo nombre donde se ubica. Si se tiene paciencia y fuerzas, también te recomendamos subir los 405 escalones que conducen, a través de sus angostas escaleras, a través de la torre de 78 metros hacia una espectacular vista de la ciudad que aunque sin ser de 360 grados merece la pena. Hay muchas iglesias y pequeñas capillas en Gdansk, pero hemos reseñado solo las que hemos considerado de mayor interés monumental.

2. Museo de la Segunda Guerra Mundial

Es el mejor museo de la ciudad, pero te recomendamos madrugar para su visita y tener paciencia, pues suele haber numerosos grupos y colas esperando para visitarlo. Quizá es el mejor museo sobre la Segunda Guerra Mundial que hay en Polonia y quizá, me atrevería a decir, que en toda Europa del Este. Sobre este lugar, muy recomendable y que es didáctico, expresivo y muy gráfico, hemos encontrado esta reseña en el periódico catalán La Vanguardia que reproducimos a continuación: “El museo, que abrió en marzo, está dividido en cuatro bloques: El camino hacia la guerra, el terror de la guerra, la larga sombra de la guerra y el viaje en el tiempo. Pese a las presiones que recibieron del ultraconservador Gobierno de Ley y Justicia -que querían un museo más “patriótico”-, los comisarios de la exposición presenta la experiencia polaca de la guerra en un contexto europeo e internacional más amplio”. Está situado muy cerca del centro histórico y no hace falta utilizar transporte público para llegar al mismo.

3. Museo de Solidaridad

Una vez que nos hemos sumergido en la historia de la Segunda Guerra Mundial, y sin necesidad de andar mucho, podemos dirigirnos hacia el Museo de Solidaridad, el sindicato que lideró las protestas contra el régimen comunista y acabó liderando la transición hacia la democracia de este país centroeuropeo. El European Solidarity Center –Centro Europeo de Solidaridad– se encuentra situado al norte del casco antiguo de Gdansk, en la periferia del antiguo astillero de Lenin. Los visitantes del museo entran atravesando la conocida puerta número 2, que jugó un papel central durante la huelga, ya que los trabajadores portuarios se reunían diariamente enfrente de esta entrada.

Ayuntamiento Principal, Gdansk.

4. Cementerio de los soldados soviéticos

Sin ser un lugar céntrico, es un cementerio curioso y muy poco visitado, sobre todo debido a las numerosas reticencias que todavía tienen los polacos acerca de sus “libertadores” soviéticos. Conviene recabar información antes de dirigirnos a este camposanto, que por lo general es poco visitado y bastante solitario, e ir a horas prudentes. Las tumbas de los 3.089 soldados soviéticos están dotadas de una estrella blanca de cinco puntas y el recinto sagrado está decorado con un monumento, al más puro estilo del “socialismo real”, dedicado a la victoria del Ejército Rojo sobre los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Como curiosidad, hay que reseñar que hay otro cementerio dedicado a los soldados alemanes que murieron en la Segunda Guerra Mundial y otros enterrados anteriormente, más concretamente durante la guerra franco-prusiana (1870), y que también se puede visitar, aunque es bastante adusto, sombrío y frío.

5. Craft Beer y Hotel Central

Es el mismo lugar, es decir, un restaurante llamado Craft Beer y un lugar de alojamiento lujoso pero no caro conocido como Hotel Central. Su historia arranca en el año 1893 y a lo largo del siglo XX sufrió numerosas transformaciones, siendo conocido hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, como uno de los establecimientos más lujosos de la ciudad. En 1945, una vez terminada la guerra, el hotel quedó casi completamente destruido, abandonado y en desuso. Ya instalada la dictadura comunista en Polonia, el hotel fue dedicado a clínica para ferroviarios, dada la cercanía con la estación de trenes, y a finales del siglo pasado estaba completamente abandonado. A principios de este siglo, una nueva dirección se hizo cargo del establecimiento y ahora está completamente renovado y remozado, habiendo abierto sus puertas de nuevo en el año 2014. Tiene una ubicación fantástica en la ciudad, estando a dos pasos del centro y de todos los lugares más interesantes de Gdansk, incluidos sus museos. En lo que respecta a la cervecería, es un lugar muy bello, acogedor y que ofrece una buena oferta de cervezas, tanto locales como extranjeras, y comidas polacas tradicionales de una calidad indudable y a precios muy razonables.

6. Filarmónica de la Gdansk

Es una de las instituciones culturales centrales en la vida de la ciudad y con una gran raigambre y tradición, como suele ocurrir en casi todas las ciudades centroeuropeas, que también suelen contar con este tipo de centros. “El edificio que alberga la Sala Filarmónica del Báltico fue construido originalmente como una central eléctrica, con una fachada neogótica, entre 1897-1898 por la firma berlinesa Siemens and Halske, y su expansión continuó hasta 1913. La sede de la Filarmónica del Báltico polaco es un complejo de edificios en la antigua planta de finales del siglo XIX, ubicado en la isla de Ołowianka en Gdansk. Después de que la planta cerrase en 1996, se adaptó posteriormente entre 1996-2005 como sala de conciertos”, hemos podido leer en unas páginas dedicadas al turismo local y que hemos transcrito literalmente.

7. Las calles del centro

Hay siete grandes calles que atraviesan la ciudad de norte a sur y que te recomendamos para recorrerlas con intensidad, dado que en las mismas se concentran casi todos los monumentos y los principales bares, restaurantes y hoteles de la urbe. Las calles que no debes dejar de recorrer son las que te detallamos a continuación: Dluga -la más importante de todas las que detallamos-, Plivna Chlebnika, Swietego Ducha, Szeroka, Swietojánska, Straganiarska y Podwale Staromiesjkie. Este conjunto de calles constituyen lo que se conoce como la Gran Ciudad, en polacco “Główne Miasto”, que es, en definitiva, el casco antiguo de Gdansk, urbe fundada en 1263 y que es a dos mitades polaca y alemana.

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