Foto: Greenpeace

Más de medio centenar de activistas de Greenpeace han realizado una manifestación acuática, a lo largo de la dársena del río Guadalquivir en Sevilla, desplegando una pancarta flotante de 50 m2 y otras dos pancartas en varios kayaks. Con los lemas “Salvar el Agua”, “Transición Hídrica Justa ya”, demanda a los diversos partidos políticos que concurren a las elecciones autonómicas de Andalucía un cambio radical en la política de gestión del agua.

El viernes Madrid fue sede de las Naciones Unidas para tratar sobre desertificación y sequía. En el transcurso de la conferencia el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciaba que su prioridad para luchar contra este grave problema será centrarse en restaurar ecosistemas. Desde la organización le recuerdan que «restaurar un bosque puede tardar más de 100 años en ser efectivo para retener agua y evitar la sequía. Demasiado tiempo en plena emergencia climática. Es necesario actuar ya para abordar las causas que provocan estos impactos, como la agricultura y ganadería intensiva e industrial, el robo de agua, la mala gestión forestal o la contaminación. De nada de esto habló ayer Sánchez«

La elección de Andalucía para esta acción no es casual. La comunidad es una de las regiones más afectadas por la sequía y los problemas del agua. Las cuencas en peor estado del país son las del Guadalquivir y el Guadiana, con apenas un tercio de sus reservas. Por eso, el gobierno que se conforme tras los comicios de hoy debe acometer «una reforma urgente que garantice, en cantidad y calidad, el acceso presente y futuro a este recurso básico».

La ciencia advierte que, en España, como consecuencia del cambio climático, el agua cada vez es -y será- más escasa, lo que supone un problema de primer orden. Actualmente las reservas de agua están al 48,17 % de su capacidad, más de un 20 % menos que la media de los últimos diez años.

Colapso hídrico

A la escasez de lluvia, se suma el aumento de temperaturas que genera más evaporación, es decir, menos agua disponible. «Estamos hoy mismo en una ola de calor excepcional para estas fechas. Y, por si fuera poco, sigue aumentando la contaminación del agua con vertidos urbanos, industriales y, especialmente preocupantes, los procedentes de la agricultura industrial y las macrogranjas, por su extensión y distribución difusa por todo el territorio nacional».

Alertan de que la agricultura y ganadería intensivas e industriales consumen más del 80 % del agua dulce, «y es ahí donde deberíamos empezar a trabajar para poder gestionar mejor el recurso».

Según Julio Barea, responsable de la campaña de aguas de Greenpeace, “España debe repensar cuánto, cómo y para qué riega. Necesitamos asumir que el cambio climático ya está suponiendo modificaciones en las aportaciones de agua y que los escenarios muestran posibles reducciones. Por eso debemos fijar un régimen de caudales ecológicos que garantice las necesidades de agua de las especies y los hábitats o, de lo contrario, estaremos llevando a España a  una situación de colapso hídrico”.

Transición hídrica justa

Greenpeace vaticina que la agricultura será el sector que más sufra los efectos de la escasez de agua. Por eso, la organización remarca que «es fundamental que este proceso de replanificación del uso del agua se haga sin dejar atrás a los pequeños agricultores. Si no se hace de forma ordenada, serán las sequías o la situación de carestía de agua las que reduzcan las dotaciones y, con total seguridad, serán las partes más vulnerables del sector primario las que se verán más afectadas». Por eso, demanda que se reoriente la política del agua hacia un nuevo modelo de uso y aprovechamiento del recurso a través de una transición hídrica justa, cuyo objetivo sea la sostenibilidad en términos ambientales y sociales. Un cambio de enfoque hacia modelos de agricultura y ganadería ecológica, de baja huella hídrica y con políticas que redistribuyan el agua disponible con criterios de eficiencia productiva y laboral.

Otra reclamación de Greenpeace es la reducción del regadío intensivo e industrial, «acoplándolo a la disponibilidad de agua que el cambio climático ya está provocando, garantizando el apoyo a pequeñas y medianas explotaciones profesionales que contribuyen al equilibrio territorial, al asentamiento de la población rural y al relevo generacional del campo, y poniendo fin a la vulneración de los derechos humanos y laborales que a menudo ocurren en el sector».

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