Este año la serpiente informativa no se detuvo ni en el verano ni en la pertinaz sequía. El reptil es invernal y bicéfalo: de una parte, el Covid, y, de otra, los precios elevados de la energía a nivel mundial.

En España se pone de momento el foco en la luz y en la gasolina, pero la madre de todas las batallas es el gas, con su estratosférico precio. Es el desorbitado precio del gas el que tira del recibo de la luz.

Varias derivadas geoestratégicas y logísticas (el gas de Rusia, Ucrania, la tensión Marruecos-Argelia, el transporte del gas licuado, el desapego total por el carbón y la nuclear por parte de Alemania, el incremento de la demanda de Australia y China..) han convertido en “irracional” el mercado del gas ,lo que ha producido también un aumento del precio de la luz en el mercado mayorista, del que por fortuna está resguardada la mayor parte den los consumidores.

A pesar ello, desde los medios comunicación machacan a diario con el precio de la luz como si fueran terminaciones de la Lotería de Navidad. Se hace con tal insistencia que la ciudadanía puede llegar a alarmarse, confundiendo el imbricado mercado mayorista, con el mercado de abastos al que se va a diario para comprar cuarto y mitad de megawatio. Por fortuna, las cosas no son así.
 
Llama la atención cómo, pese la insistencia mediática, los consumidores españoles no saben en un 60 por ciento de los casos qué tipo contrato tienen contratado con su comercializadora, según datos del Comisión Nacional del Mercado de la Competencia. No serán tan grave el temblor mediático. Hay quienes sostienen que su recibo ha bajado.
 
Con todo y con ello lo peor aún no ha llegado. Estamos disfrutando en España de un inicio de invierno con temperaturas suaves. Cuando apriete el frío y las calderas de gas abran el grifo, el bolsillo temblará.

El recibo de la luz, con oscilaciones, se ha multiplicado por 6 en el mercado abierto, pero el precio del gas se ha multiplicado casi por 11.

El gas cerró abril el año pasado a 17,6 euros megawatio hora; en octubre de este año, a 180 euros MWH.

El precio del gas nos hace cautivos no solo del bolsillo, sino también del compromiso de descarbonización del Planeta en el que convergen todos los países, unos con más prisa que otros en función de su situación económica.

En España, que es bandera en transición energética y en multimillonaria inversión en renovables en sus distintas presentaciones, el dato sique siendo inquietante. Este septiembre la materia prima de generación de electricidad fueron centrales de ciclo combinado y cogeneración, según datos de Red Eléctrica Española casi en un 40 por ciento.

Hoy somos rehenes del gas, pero muchas grandes ciudades del mundo han suscrito ya un compromiso de eliminación paulatina del gas y de los combustibles fósiles. El año 2050 es la referencia de abandono definitivo. Se acabaría esa sucia boina que cubre las grandes urbes.

Las ciudades americanas de California son adelantadas en descarbonización, pero otras más cercanas como Ámsterdam, Rotterdam, Viena, Dublín…Bilbao se han comprometido con hojas de ruta veloces de transición energética.

Hasta que nos aproximemos a esas ciudades y a esas fechas soportaremos el convulso mercado del gas afectado por múltiples factores antes reseñados, especialmente por el despertar de grandes países como China e India cuyo crecimiento económico eleva considerablemente la demanda y con ello el precio.

Fuente: Diario16

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