Hoy apenas quedan ya dos poblaciones de oso pardo en nuestro país, una en la Cornisa Cantábrica con 300 / 400 ejemplares y otra en los Pirineos con cerca de 80. | Foto: WWF

La sentencia impone la pena más elevada hasta la fecha por matar a un oso en Castilla y León, condenando al autor a dos años de prisión, cuatro de inhabilitación para la caza y a un pago de 17 505,95 euros en concepto de responsabilidad civil. Sin embargo, también atribuye parte de la responsabilidad a la propia Junta de Castilla y León: «al autorizar, a través de sus funcionarios, una cacería en momento prohibido e inadecuado».

La Audiencia condena al acusado como autor material de un delito contra la fauna por provocar la muerte de una osa que estaba acompañada de, al menos, un osezno que no fue encontrado, pese al operativo de búsqueda desplegado tras la cacería. Se confirma que «el disparo fue realizado por el acusado a una distancia de unos 40 metros sin extremar las precauciones necesarias, sin emplear el visor que llevaba». Todo ello aunque había sido advertido y era conocedor de que se encontraba en una zona osera. Asimismo, no había comprobado ni se había cerciorado con toda la seguridad que es necesaria por el lugar en el que se encontraba, Reserva de Parque Natural con una reducida población osera, y por el tipo de especie o ejemplar al que estaba disparando. 

Además, el condenado, según recoge la sentencia, «es residente habitual en la zona, jefe de cuadrilla en ese momento y cazador habitual, habida cuenta de que ocupaba el mejor puesto de todos, que él eligió y en la zona más alta y con mejor visión.» Por ello, la Audiencia concluye que existió «dolo eventual en la conducta del cazador.»

Desde WWF España celebran que este caso, en el que la organización estaba personada, «haya acabado con la condena para el culpable. Disparar a una osa, una especie en peligro de extinción, es un delito contra la fauna. Además, el animal se encontraba en un espacio protegido, y tenía una cría, por lo que es aún más grave», según apunta Laura Moreno, Responsable del Programa de Especies de WWF. Y continúa: «Pedimos a la Junta de Castilla y León que no autorice cacerías en zonas oseras sensibles, ya que este no es un caso aislado, sino que estos incidentes se repiten cada año.»

Esta sentencia pone de manifiesto que los delitos contra la fauna no son delitos menores y que cada vez se persiguen y condenan de forma más contundente. «Esperamos que el resultado de esta sentencia, la mayor por matar a una osa en Castilla y León, sirva de precedente para evitar que se vuelvan a cometer este tipo de crímenes», concluye Moreno

Una especie amenazada

El oso pardo es una de las especies más amenazadas en la Península Ibérica por la destrucción y fragmentación de su hábitat y el aumento de crímenes ambientales como la caza furtiva y el uso ilegal de trampas o venenos. Se estima que un 40% de las muertes de osos en la Cordillera Cantábrica son causadas por el ser humano.

Hoy apenas quedan ya dos poblaciones de oso pardo en nuestro país, una en la Cornisa Cantábrica con 300 / 400 ejemplares y otra en los Pirineos con cerca de 80. Sin embargo, en los últimos 20 años más de 45 osos han sido hallados muertos en la Cordillera Cantábrica, quince de ellos a causa de envenenamientos, doce por disparos de cazadores, cuatro por el uso de trampas, dos por atropello y ocho por causas desconocidas.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.