Ángel Juárez, presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània y la RIET.

Su mensaje es directo, sin paños calientes. Así se sincera el poeta granadino-tarraconense, hombre imprescindible para comprender una parte del asociacionismo catalán y conocedor de la implicación de la palabra en los procesos de cambio y búsqueda de nuevos horizontes hacia un planeta mejor.

Ángel Juárez, fundador y actual presidente de Mare Terra Fundación Mediterrània y la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET), es descrito por Aarón García Peña, director del programa «Poesía Exterior», como alguien que cuida de todo ser humano que se le ponga al lado «para trabajar por la Tierra, haciéndole el amor a los demás sin pedir a cambio una caricia».

Y esa, en realidad, ha sido su misión desde que llegó a Tarragona siendo casi un niño. Con él nació la lucha vecinal, como presidente de la Asociación de Vecinos de Riu Clar, miembro fundador de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Tarragona, colaborador de la Coordinadora de Federaciones de Vecinos de Cataluña, de la Asociación de Vecinos de La Albada y actual presidente de la Coordinadora de Entidades de Tarragona, que aglutina a más de 100 asociaciones de la ciudad. Sus mil batallas le han llevado, incluso, a ser observador de la ONU en elecciones generales y le han curtido en su militancia comprometida con la justicia social y los retos ambientales que plantea hoy nuestro planeta.

A lo largo del diálogo que mantienen periodista y poeta se plantean múltiples cuestiones: ¿En qué se diferencia un poeta de un activista?, ¿cuál es la tendencia del estado anímico actual de los poetas de lengua hispana?, ¿son el bien y el mal rasgos inequívocamente universales o están sujetos al relativismo cultural?, ¿son los poetas, por definición histórica, meros transgresores de la cultura en que nacieron? Si los poetas han querido siempre mejorar el mundo… ¿visto el resultado somos torpes los poetas?

Y ante estas preguntas, vuelve a surgir la necesidad de «solidaridad con el compromiso de los demás», como clave de bóveda de la RIET, un proyecto que surge en 2007, en Nicaragua, tras el primer encuentro de poetas, científicos, ecologistas, periodistas y personas procedentes de otras disciplinas. Ese «compromiso de militante por la tierra, pequeño o grande, por intentar hacer algo que lleve al avance de esta sociedad es lo que mueve nuestro colectivo», explica Juárez.

Ángel Juárez junto a la escritora Ana María Matute, miembro en vida y a título póstumo del comité de honor de la RIET.

Hoy, la RIET está compuesta por casi 1000 miembros. Una cuarta parte son poetas. Del total, 100 han sido represaliados en sus países de origen «y algunos han terminado en la cárcel por denunciar la injusticia», comenta. «Ahí está el ejemplo de Ernesto Cardenal, presidente honorífico de la RIET, uno de los padres de la Teología de la Liberación, a quien el gobierno de Daniel Ortega no le perdonó sus críticas. Y todo comenzó a raíz de la publicación de su libro La revolución perdida. Fue su condena a muerte», lamenta.

También reflexiona sobre la sensibilidad y la conciencia. «Somos egoístas incluso para cuidar del propio planeta. El gran problema lo tiene el hombre, la especie humana que se cree Dios o más que el universo, que el propio planeta, y que por intervenir a su antojo en el medio, hará que acabemos extinguiéndonos». Para él, la compasión hacia los demás «no está en manos de la Iglesia, es un valor universal».

Insiste en «la fuerza del amor» como bálsamo frente a los problemas que sufren millones de personas en todo el mundo. «Nadie es más que nadie. Me gusta mirar de frente a las personas. Valoro a las personas por su interior, por su personalidad. Sin autenticidad, humildad y sencillez será difícil ayudar a los otros». Y, respetando que las culturas pueden ser diferentes, afirma que «el bien es el bien y el mal es el mal. Cuando alguien está haciendo el bien hay que reconocerlo y si está haciendo el mal, tirarle de las orejas. La ambigüedad no entra en esta lucha diaria», sentencia.

Entrevista completa disponible en «Poesía exterior»

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