La Junta Única de Resolución vendió el Banco Popular al Santander por un euro tras la resolución ejecutada por un procedimiento de bail in que dejó en la ruina a más de 305.000 familias. ¿Por qué fue regalado a la entidad presidida por Ana Patricia Botín y no a otra? Partimos de la base de que el Santander no había entrado nunca en las quinielas para entrar en la compra del Popular. Incluso la propia presidenta entró en la reunión del Club Bilderberg celebrada en Chantilly (Virgina, Estados Unidos) diciendo que el Santander no tenía intención de comprar a la sexta entidad y salió de ella con la operación cerrada. Hay que tener en cuenta la publicación de las decisiones del Consejo de Administración del banco cántabro celebrada el 22 de mayo y la aprobación del Proyecto Neptuno, en el que se indicaban las condiciones en las que accedería a la compra del Popular. Esas condiciones fueron las que, finalmente, se ejecutaron.

Mientras en el lado del Santander se realizaban los movimientos pertinentes, los instigadores de la operación interna para hacerse con el control del banco (Del Valle, Arias y Calderón) lo ofrecieron durante los últimos meses de 2016 y en 2017 al Sabadell, a Bankia, a CaixaBank o al BBVA. El Santander no había sonado en ningún momento. Sólo apareció «oficialmente» cuando se inició el Proyecto Hipócrates y respondió positivamente que tenían interés en el Popular dentro del escenario de resolución planteado por el FROB. Sin embargo, el 22 de mayo ya tenían las condiciones de compra aprobadas por el Consejo de Administración.

El Santander es una entidad que ha tenido, y tiene, mucha importancia en la construcción bancaria europea. En su momento fue relevante su entrada en el siempre difícil mercado británico con la compra de Abbey National Bank o de Alliance&Leicester y la entrada en el accionariado de Bradford&Bingley, además de inyectar capital en la compra de sucursales del Royal Bank of Scotland (RBS). En total, el Santander tiene invertidos más de 17.000 millones de euros en Reino Unido.

A nivel de retorno de dicha inversión, el 50% del beneficio neto de Santander UK se envía a España. En 2018 ese beneficio fue de 1.362 millones de euros, lo que supuso un 9% menos que en 2017. Además, el banco se enfrenta a la constante amenaza de la depreciación de la libra esterlina por las incertidumbres del Brexit, algo que se ha incrementado tras la llegada a Downing Street de Boris Johnson y su amenaza de un Brexit sin acuerdo el próximo 31 de octubre.

El Brexit, evidentemente, le ha afectado y le va a afectar al Santander, sobre todo si Boris Johnson lleva a efecto su amenaza de una salida del Reino Unido sin acuerdo. Tras el referéndum, la reacción inmediata de la entidad presidida por Ana Patricia Botín fue la de transferir el negocio de grandes clientes y de mercados globales a España para, en primer lugar, reducir costes y, en segundo lugar, para frenar los efectos del Brexit.

Era lógica la preocupación de la presidenta por la evolución que estaba teniendo la economía británica y por los niveles de crecimiento post Brexit . El Reino Unido está sufriendo una desaceleración económica y, sobre todo, una depreciación de la libra que la llevado a la divisa británica a niveles de 2017. El propio Banco de Inglaterra ya ha advertido de que un Brexit duro podría tener como consecuencia inmediata una recesión.

Todos estos factores afectarán al Santander UK y, por tanto, al propio grupo porque la demanda de crédito bajará. Según apuntó en 2017 Merrill Lynch, la desaceleración del crecimiento económico británico incrementará la morosidad del negocio del Santander, además de que producirá un desplome en los márgenes de beneficio e incrementará el volumen de pérdidas crediticias. A nivel del Grupo Santander, la división británica bajará su aportación por debajo de los 900 millones de euros. Todo lo anterior, sumado a la rebaja de las previsiones de rentabilidad al 8%, cuando antes del Brexit se encontraban en un 13%, hizo saltar las alarmas.

Uno de los puntos positivos de la entrada del Santander en el mercado bancario británico fue beneficiarse de la tradicional relación británico-estadounidense. La guerra comercial iniciada por Donald Trump al poder, sumada al Brexit y a las cifras macroeconómicas del Reino Unido, también está influyendo negativamente en las cuentas de la entidad de Ana Patricia Botín.

Ante estas perspectivas, en 2016 y 2017 la entidad de Ana Patricia Botín reaccionó. En primer lugar, potenció la banca online para reducir costes en más de 100 millones de libras esterlinas. Una parte importante de esta reducción vino del cierre de oficinas y de regulaciones de empleo. Otro punto importante de la reacción ya la hemos comentado anteriormente, la transmisión del área de grandes clientes y de mercados globales a Santander España para, de este modo, frenar el hecho de que la City londinense perdiera el acceso a los grandes clientes de la Unión Europea. Esto suponía para el Santander 16.900 millones de libras en activos y más de 1.000 empleados. Además, la entidad está haciendo lobby en el gobierno conservador para que, aunque haya un Brexit duro, se siga permitiendo a la City tener acceso a clientes de la Unión Europea tras la salida definitiva de Reino Unido.

Ante estas perspectivas en su división británica, el Santander necesitaba, antes de finalizar el 2017, incorporar a su Grupo una entidad que le permitiera compensar esas pérdidas. Ahí entraba el Popular. La resolución, con datos e informes que certifican que se intervino una entidad solvente y viable con una crisis de liquidez provocada por la gestión de uno de los hombres de Ana Patricia Botín, Emilio Saracho, fue, entre otras cosas, una especie de compensación a la entidad de Ana Patricia Botín por su entrada en el mercado británico ante las pérdidas que le va a generar el Brexit, sobre todo si es duro como está incidiendo Boris Johnson. Pero no sólo nos encontramos con una compensación simbólica entregando a precio de saldo una entidad sistémica. La propia decisión del Consejo de Administración del 22 de mayo fue la exposición de las condiciones. Además, Botín pidió la garantía europea de garantizar la ampliación de capital necesaria para afrontar la compra del Popular, garantía que se suma al dinero que está costando a los españoles la operación a través del ahorro de impuestos por valor de 4.900 millones de euros, dinero que prácticamente cubrió una ampliación de capital que, según los datos y las fuentes del sector financiero consultadas por Diario16, fue utilizado para otra cosa. Además, todo parece indicar que serán los organismos europeos los que asumirán el coste de las indemnizaciones de las demandas interpuestas contra la decisión de la JUR.

El Brexit fue uno de los puntos más importantes para que se tomara una decisión incomprensible si se tienen en cuenta los datos de solvencia y la verdadera situación del Banco Popular cuyo único problema fue la crisis de liquidez iniciada en el segundo trimestre de 2017 por los movimientos de Emilio Saracho, el mentor y confesor de Ana Patricia Botín.

El Santander necesitaba ayuda y ésta llegó en forma de regalo por parte de las autoridades europeas que, de este modo, devolvieron el favor que Emilio Botín hizo a Europa entrando en el mercado británico. Nuevamente, nos hallamos ante un ejemplo de la sinergia protectora de las élites que pasan por encima de lo que sea y cueste lo que cueste para nunca ser las víctimas, para ser los vencedores. Y el Santander es un banco vencedor.

Cuando en junio de 2016 se celebró el referéndum del Brexit, Emilio Saracho trabajaba aún en JP Morgan, en las oficinas que el banco de inversión estadounidense tiene en Londres. Además de la capacidad de acceso a información económica privilegiada de la entidad estadounidense, las relaciones entre Saracho y Ana Patricia Botín pudieron ser claves para que el presidente que llevó al Popular a la resolución le presentara a su amiga un panorama muy negro de lo que iba a suponer para el Santander la salida del Reino Unido de la Unión Europea. En eso de presentar situaciones apocalípticas, Saracho es un verdadero experto, no en vano iba a «estrellar el avión [el Popular] contra el Banco Central Europeo».

 

Creemos que los datos de la JUR deberán conducir a la anulación de la resolución. Como no es un proceso reversible, por todo lo que ha hecho Santander y lo que han consentido las autoridades del Estado español y la UE, esto se encamina a una reparación del daño.