Tras la finalización del periodo veraniego nos encontramos con una sana actitud ante lo que se nos avecina. No ha sido un trimestre fácil, en realidad no está siendo un año demasiado cómodo con todo lo que está sucediendo, nos encontramos con un año pésimo, hasta la fecha,  para el conjunto de la renta variable europea y en especial  para la española.

Cuando empezó el año quizás pocos hubieran imaginado el devenir de esta situación, ya que los titubeos e incertidumbres con los que comenzamos se han ido incrementando según avanzábamos el ejercicio.

La cuestión es que esta negatividad con la que nos enfrentamos al cierre del tercer trimestre del año se tiene que convertir en optimismo, pues encaramos dicho periplo que tradicionalmente suele ser bastante positivo para el conjunto del mercado.

Con las incertidumbres que tenemos en el horizonte despejadas deberían dejarnos el camino libre para volver a confiar en un final de ejercicio, que calme un poco las aguas revueltas a las que nos enfrentamos. Un final de la guerra comercial junto con una relajación de la depreciación de las principales divisas emergentes, sería un buen comienzo para este cambio de tendencia, una plataforma de lanzamiento perfecta para encarar un desenlace del año con la mejor de las disposiciones.

Tradicionalmente el final del ejercicio viene repleto de patrones estacionales y la mayoría suelen ser positivos, por no hablar del famoso rally de Navidad, aunque todavía lo vemos demasiado lejos.

Este cambio de trimestre puede ser el protagonista perfecto para que actúe como un punto de inflexión que refuerce la confianza de los inversores y se traduzca en números verdes en el parqué, números que por otro lado necesitamos. 

Daniel García, analista de XTB