La operación del Banco Popular fue, en realidad, el rescate del Banco Santander. Esta idea la hemos repetido insistentemente en Diario16 desde hace más de un año y tuvo que ser en el Congreso de los Diputados cuando José Antonio Álvarez, consejero delegado de la entidad presidida por Ana Patricia Botín, reconoció que desde el año 2.011 no habían obtenido ningún tipo de beneficio en el negocio en España y que los beneficios los obtenían de los resultados que el Grupo logra alcanzar en el extranjero. Concretamente, según Álvarez, «el Santander no gana dinero en España desde hace seis años. Del total de beneficios, el 60% proviene de Latinoamérica, el 21%, de Reino Unido y el 17%, de Santander Consumer Europa. El negocio en España, incluido el Banco Santander España, el centro corporativo y la división inmobiliaria no genera beneficios».

Estos datos confirman que el Fondo Monetario Internacional tenía razón cuando afirmó que el Santander era un peligro sistémico para la economía mundial por la excesiva dependencia que tiene en mercados que no son los suyos. Ahora está sufriendo graves problemas en Brasil donde la depreciación del real y la desaceleración de las economías emergentes resentirá los resultados del tercer trimestre (salvo que incluyan en patrimonio las pérdidas sufridas por el cambio de divisas, como ya hizo el Santander en las cuentas anuales de 2.017 y que ocultaba unas pérdidas de 8.000 millones de euros). Además, en el país carioca el banco cántabro tiene serios problemas laborales y ha sido condenado por la Inspección de Trabajo a pagar 5,3 millones de reales por provocar en sus empleados ansiedad, depresión y pánico. En Reino Unido ya sabemos la situación delicada en espera de la ejecución del Brexit, lo que también afectará al Grupo.

Por otro lado, parecerá anecdótico que las fechas coincidan o sean caprichosas. La afirmación de Álvarez podría ser interpretada como un misil a la línea de flotación de su presidenta dado que, el hecho de que desde 2.011 el Santander no haya obtenido beneficios en España coincide con, en primer lugar, con los años en que la economía estaba en recesión, los niveles de desempleo disparados, las tasas de morosidad por el impago de los créditos firmados durante la burbuja inmobiliaria y los factores macroeconómicos en contra de España. Esta época la lidió Emilio Botín y es lógico que los resultados del banco se resintieran. Sin embargo, tras su muerte la situación económica había cambiado, se había entrado en un ciclo positivo, un hecho que debería haber determinado una recuperación de los resultados del banco. Sin embargo, no fue así y durante la gestión de Ana Patricia Botín la situación no se arregló sino, más bien, todo lo contrario. En 2.011 el Santander llegó a cotizar a 9,11 euros y en esta semana ha cerrado el mercado a 4,18 euros por acción.

Las declaraciones de José Antonio Álvarez muestran cómo el Santander necesitaba una operación corporativa con la que poder hacer frente tanto a sus problemas de capitalización (Barenberg lo cifró en 10.000 millones de euros) como los de generar negocio en España. El Popular le aportaba, además de un valor de 11.300 millones, una cartera inmobiliaria, la posibilidad de operaciones corporativas como la venta de TotalBank o la de WiZink con las que conseguir liquidez, y, sobre todo, entrar en un mercado fundamental para la banca como es el de las pymes en el que Santander no tenía buen posicionamiento, sobre todo teniendo en cuenta el mapa productivo español que se basa, principalmente, en la pequeña y mediana empresa. A todo esto habría que sumar los créditos fiscales a cobrar por un valor superior a los 10.000 millones de euros. Hay que recordar que la auditoría independiente que varios expertos realizaron para Diario16 determinaba que el Santander obtendría antes del primer semestre de 2.018 43.000 millones de euros del Popular.

Ni siquiera con la entidad intervenida el Santander ha podido generar beneficios en España puesto que los resultados del segundo trimestre de este año determinaron que, de no ser por la caída de las ratios de morosidad y, por lo tanto, la reducción de las provisiones, el banco presidido por Ana Patricia Botín no había generado negocio en nuestro país. ¿Cómo sería la situación del Santander actualmente si no hubiera comprado al Popular por un euro? ¿Tanto dolor generado con la ruina de 305.000 familias no ha servido, siquiera, para mejorar los datos de rentabilidad del banco cántabro en España?