En el entorno económico en el que nos encontramos con unos mercados sin rumbo fijo ni claro y con la volatilidad de determinados valores muy altas, se nos hace obligatorio valorar otras alternativas de inversión.

Cuando valoramos las rentabilidades obtenidas por los fondos de inversión de gestión pasiva vemos como las rentabilidades obtenidas, una vez quitadas todas las comisiones, no resultan tan interesantes como hace unos años. Esa conclusión, unido a los movimientos tan abruptos que experimentan los índices durante el año nos hace plantearnos hasta qué punto resulta interesante este estilo de inversión.

Tras valorar varias alternativas pensamos en una cartera de renta variable bien diversificada que tenga el objetivo no de buscar una beta ajustada e ir a por esa rentabilidad, sino aquella cartera diversificada que lo que busca como objetivo de inversión es ir a por el alpha de la cartera y, en particular,  el alpha que puede generar el sector respecto al mercado.


Esta alternativa tiene las ventajas de la gestión pasiva como de la gestión activa,  ya que el objetivo principal es que la cartera gestionada pueda batir al resto del mercado, con lo que el valor diferencial se pone de manifiesto en la gestión.


Este objetivo de inversión, que perseguimos con la cartera de renta variable diversificada, limita en gran medida las comisiones cobradas que, en muchas ocasiones,  lastran parte de la rentabilidad sobre todo en años en los que son muy planos o ligeramente negativos.


La forma de gestión y las diferentes ramas o alternativas que genera el invertir en los mercados financieros, no hacen que una en concreto sea la más adecuada. Siempre va a depender de lo que como inversores vamos buscando y ,sobre todo,  del nivel de riesgo que estamos dispuestos a asumir y a partir de qué nivel de pérdidas nos empezamos a poner nerviosos. 

Daniel García, analista de XTB,