En la actualidad tenemos diferentes estilos de inversión completamente distintos entre si y cada uno con sus propias particularidades y distintas formas de gestión. Existe una máxima y es que no hay un estilo de gestión que valga más por encima de otro, simplemente son estilos diferentes, con diferentes características y para diversos clientes en función de su perfil y de su aversión o proporción al riesgo.

Es cierto que la sensibilidad de los inversores ante el riesgo varía mucho en función de cómo se enfrentan a la pérdida y hasta qué punto están dispuestos a soportarla,  ya que el nivel de comodidad que puedes tener cuando estás en negativo no es el mismo para todo el mundo.

Este perfil y aversión hacia el riesgo es también muy cambiante con la edad a lo largo de la vida de un inversor,  pues cuando una persona es joven es más probable que tenga una propensión al riesgo mayor porque tiene toda la vida por delante para poder recuperar dicha inversión, que otra persona que está a punto de jubilarse que  prácticamente buscará la preservación de capital con un objetivo de rentabilidad que supere ligeramente a la inflación.

La gestión pasiva y el trading en contraposición tradicionalmente sobre la eficiencia o no de los mercados siempre ha sido objeto de discusión entre el consenso de analistas de mercado. Si bien es cierto que la gestión pasiva o indexación a un índice bursátil está basada en una teoría de eficiencia fuerte del mercado, pues la rentabilidad objetivo buscada en este tipo de inversión es bastante inferior a otros tipos de gestiones, pero sin embargo el nivel de riesgo asumido también es inferior.

El trading, por otro lado, es quizás algo más arriesgado pero basándonos en mercados ineficientes en los que el proceso de ajuste suele ser lento nos da la oportunidad de búsqueda de rentabilidades absolutas superiores, tomando quizás un nivel mayor de riesgo asociado a las operaciones.

Daniel García es analista en XTB