Después de un año, como el pasado ejercicio, que se caracterizó por una incipiente fiebre de las criptomonedas por parte de una comunidad de inversores desconocida hasta ahora, parece que esta fiebre está empezando a calmarse.

Es cierto que todo activo que se revaloriza un 1000 % es lógico que coja un enorme atractivo por parte de la comunidad inversora, pero también es razonable que esta comunidad, como cuando realiza cualquier otra  inversión, primero analiza los riesgos de dicha inversión, los pros y los contras, busque una buena entrada, una buena gestión y la adecuada salida de la operación.

La cuestión es que la inversión en este tipo de activos se ha caracterizado más por un impulso especulativo que por una inversión coherente, al menos en la mayoría de los inversores que carecen de los  conocimientos necesarios sobre estos activos, por supuesto siempre hay una minoría que realizan estudios minuciosos de estas operaciones antes de acometerlas.

Por lo general ha sido así, un activo que no paraba de subir y muchos inversores que invertían obteniendo dichas revalorizaciones en su cartera, como consecuencia del brutal incremento en el precio de la cotización de estos activos.

Hace unos meses las Criptomonedas estaban en boca de todos, estaban a pie de calle, prácticamente todos conocían a una o varias personas que habían ganado dinero con estos activos y no precisamente poco dinero. Todos queríamos subirnos al carro, y aunque prácticamente era desconocido, repito para la mayoría de los inversores, pero las atractivas rentabilidades potenciales nos atraían cada vez más hacía este mundo.

Una vez finalizado el primer mes del año, podemos afirmar que esta fiebre por la que se caracterizó el anterior ejercicio parece que está comenzando a bajar, ya que tanto el precio como el impulso comprador está empezando a decaer.

Nadie sabe que deparará el precio de estos activos, pero lo que está claro es que todo parece apuntar a que se están tomando un descanso, después de la escalada del  año pasado.