Día seis de junio. El Consejo de Administración del Banco Popular se reúne en para tomar una decisión sobre lo que hacer en vista de la situación en que se encontraba la entidad tras los constantes ataques de las posiciones bajistas. Ahí fue el momento en que Emilio Saracho expuso sus «éxitos». Diario16 ha tenido acceso al acta de dicha reunión, un documento fundamental para entender todo lo que ocurrió después y cómo se dieron datos que no se correspondían con la realidad.

Fue Emilio Saracho quien tomó la palabra y reconoció que el Popular estaba sufriendo fuertes tensiones financieras provocadas por los menores ratios e capital respecto a sus competidores, la exposición a activos improductivos y «la menor cobertura relativa de éstos respecto a las principales entidades españolas». Sorprende que el entonces presidente de Popular citara como principal razón de la situación del banco las noticias en la prensa que estaban provocando graves «efectos sobre la posición de liquidez», sorprende cuando él era uno de los que filtraba esas noticias a un medio en concreto, tal y como fue reconocido por esa cabecera y no negado por Saracho.
Saracho reconoció en la reunión que el Popular estaba «cumpliendo con todos los requerimientos de capital que les son de aplicación de acuerdo con la legislación aplicable», pero que la tensión financiera estaba afectando a la posición de liquidez, algo que él sabía perfectamente porque esa era uno de los principales objetivos de la Operación Washington de la que él era uno de los elementos clave. Saracho también hizo una mención respecto a las agencias de rating que habían rebajado la calificación «entre 1 y 3 grados, dejando todas ellas la deuda senior del Banco Popular entre 3 y 6 niveles por debajo del “grado de inversión”».
Saracho, además, reconoce que el precio de la acción cayó un 62% en 2017, «habiéndose intensificado las caídas de precio en la última semana, con caídas del 45%» en las sesiones del 3, 4 y 5 de junio. Casualmente, ese descenso del valor de la acción se produjo tras las declaraciones de Elke König, hecho que Saracho obvió mencionar incluyéndolo dentro de la categoría de noticias publicadas por la prensa, pero que fue el último clavo en el ataúd del Popular.
Es significativo el escenario apocalíptico que plantea cuando afirmó que «durante este periodo, el índice Euro Stoxx Bank Index ha tenido una evolución marcadamente positiva, ya que en lo que va de año se ha revalorizado un 9,26%. Esta situación provoca que el precio de las acciones del Banco sea significativamente menor que su valor contable, siendo la proporción entre uno y otro muy inferior a la del grupo de comparación del Banco».
Para Saracho estas tensiones financieras se manifestaron en la posición de liquidez y de financiación del Popular y estaba provocando el incumplimiento de la ratio LCR (Coeficiente de Cobertura de Liquidez) que es una relación de un mes, que tiene como objetivo requerir a los bancos mantener suficientes activos líquidos de alta calidad para cubrir las salidas netas de efectivo durante un período de 30 días, hecho que fue comunicado al BCE para que se adoptaran medidas para retomar el cumplimiento. Sin embargo, según Saracho la posición de liquidez del banco se estaba agravando y, a día 6 de junio, era insostenible. Sin embargo, el Banco tenía depósitos de 60.347 millones de euros, lo que le estaba permitiendo «ir cumpliendo con todos sus compromisos a medida que han ido venciendo». Esto lo afirmó Saracho, reconociendo que aún no se habían producido incumplimientos más allá de la ratio de cobertura. Saracho plantea un escenario totalmente apocalíptico afirmando que esa ratio de cobertura había pasado en un mes del 74,4% al 24%. El presidente también reconoció que se había solicitado el 5 una provisión urgente de liquidez de 9.500 millones de los que se habían dispuesto 3.500. Hay que recordar que el propio subgobernador del Banco de España reconoció que el Popular no había aportado todas las garantías de las que disponía para acceder a una línea de liquidez mucho mayor por lo que, Saracho, al exponer los «éxitos» de su gestión, estaba reconociendo de manera cristalina que no se habían buscado todas las herramientas que tenía a mano para solventar la situación generada por las salidas de los depósitos.
Aquí llegó el momento en que Saracho dejó clara su intención: la intervención del Popular.  «A pesar del acceso a ese mecanismo urgente de provisión de liquidez, el Banco considera que los datos de liquidez expuestos y la ausencia de perspectivas de recuperación de fuentes de financiación estables en un futuro próximo obligan a considerar que el incumplimiento de la ratio LCR ha dejado de ser provisional y que ese incumplimiento ha pasado a ser significativo a efectos de la valoración de inviabilidad del Banco».
Es entonces cuando Saracho, tras declarar ante el Consejo que el Popular era inviable y que, por tanto, había logrado cumplir con el objetivo que le marcaron los urdidores de la Operación Washington, propone dos soluciones para captar capital: en primer lugar, «a través de la venta y recapitalización por otra entidad»; en segundo lugar, «a través de una ampliación de capital que, sumada a una reducción del nivel de activos improductivos y a un incremento de su cobertura y a la generación de capital a través de la venta de activos no estratégicos, le permita desarrollar su modelo de negocio de forma autónoma». Es decir, que Saracho planteó las mismas soluciones que ya puso sobre la mesa en la Junta de Accionistas y que provocó una fuerte caída del precio de la acción. Sin embargo, en este caso hay una diferencia con lo ocurrido en abril. Encima de la mesa el presidente tenía la oferta de inyección de capital que le había hecho Antonio del Valle, oferta que, por supuesto, no aparece mencionada en el acta de la reunión del Consejo. Saracho, entonces, va más allá y deja claro que la segunda opción es inviable, aunque plantea las dos porque «el éxito de cualquier de las dos opciones requiere dotar de una mayor certidumbre sobre la valoración específica de los activos inmobiliarios que la entidad mantiene en balance, para lo que ha iniciado un proceso de tasación individualizado de los activos inmobiliarios que el grupo actualmente mantiene en propiedad». Según esa valoración, el valor se reduciría en 1.600 millones de euros sin contar con la provisión de los mismos. Sin embargo, acontecimientos posteriores dejan en evidencia esta afirmación puesto que un 51% fue vendido sin problema por el Santander con una reducción del 66% de su valor y que trajo consigo una operación de 5.100 millones de euros que han ido a la cuenta de beneficios del banco cántabro. Respecto a las provisiones de los activos inmobiliarios, Saracho presentó nuevamente un escenario apocalíptico muy alejado de la realidad.
Ahí es cuando Saracho afirma que el banco es inviable, hecho que el Consejo aprueba en base a las previsiones de incumplimientos de la ratio de liquidez lo que llevaría a que el Popular pudiera mantener la autorización como entidad financiera.
El último párrafo del punto referido a la inviabilidad del Popular recogido en el acta de la reunión es significativo: «Sin Perjuicio de lo anterior, y en tanto no se adopte una decisión por las autoridades competentes tras esta comunicación, el Consejo acuerda continuar buscando una salida privada a su situación actual mediante una operación corporativa, así como seguir trabajando en planes de acción alternativos que puedan permitir a la entidad la captación de capital para el caso de que no prosperase ninguna de las vías de negociación que se tienen abiertas en el marco de la operación corporativa». A pesar de esta frase, lo que hizo Saracho ya lo conocen ustedes: enviar una carta a la JUR declarando al Popular likely to fail y dando el pistoletazo de salida para la intervención.

Casualmente, mientras se estaba produciendo esa reunión, el Banco de Santander anunció que estaba dispuesto a realizar una ampliación de capital por 5.000 millones de euros para comprar el Popular. Fue la primera vez que la entidad cántabra se posicionó para hacerse con la entonces sexta entidad del país.
Saracho presentó unos datos sesgados que llevaron a la intervención del Banco. Por un lado, ofreció al Consejo de Administración los resultados de su obra, su «éxito», algo que corroboró al día siguiente en una entrevista en la que estaba particularmente satisfecho y feliz porque fue el Santander quien se hizo con el Popular por un euro. Por otro lado, no se puede afirmar que el banco tuviera problemas de liquidez con unos depósitos de más de 60.000 millones de euros, con unos activos inmobiliarios valorados en más de 30.000 millones, con una cartera de negocio que continuaba generando ingresos y, sobre todo, con una oferta sobre la mesa de ampliación de capital por 5.000 millones de euros. A todo esto, hay que mencionar el hecho fundamental de que, a pesar de que el valor de la acción había caído y que se habían retirado 14.000 millones de euros en depósitos desde que Saracho ocupaba la Presidencia de la entidad, el Popular no pudo acceder a la totalidad de la línea urgente de liquidez porque el propio Saracho no presentó todas las garantías que el banco tenía, tal y como reconoció el subgobernador del Banco de España.
Saracho dijo una vez a sus íntimos que le iba a dejar las «llaves de este puto banco en la puerta del BCE». Eso fue lo que hizo cuando se envió la carta dirigida a Danielle Nouy y que ustedes ya han visto. Cumplió su amenaza y superó los objetivos que le marcaron.
En consecuencia, de esta información se puede deducir que la venta del Popular al Santander por un euro arruinando a más de 300.000 familias  se gesta en una presunta estafa con premeditación y alevosía y que los presuntos estafadores deben ser identificados sin más demora por la Fiscalía Anticorrupción por la alarma social que representan esos trescientos mil perjudicad@s, por el enriquecimiento ilícito de terceros, tanto personas como entidades. Por otro lado la Audiencia Nacional, bajo el procedimiento procesal que consideren adecuado, debe paralizar de urgencia las actividades de desmantelamiento que el Banco de Santander está llevando a cabo con el Popular.
En próximos días Diario16 publicará los datos concretos que Saracho presentó al Consejo, unos datos que muestran claramente que la afirmación de que al día siguiente el Popular no hubiera podido abrir las oficinas era falsa.