Un banco sistémico es una entidad de gran tamaño, importancia en el mercado y con fuertes relaciones con otros agentes financieros. Cuando un banco sistémico tiene problemas puede generar consecuencias graves al sistema financiero internacional. Por esta razón el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, siglas en inglés) creó una serie de reglas para que esos impactos sean menores a través de unas fuertes exigencias de capital, supervisiones más intensas y regímenes de resolución adecuados. Es decir, que un banco sistémico no puede quebrar, es un too big to fail (demasiado grande para caer). Para que esto no ocurra todo el sistema financiero mundial en colaboración con las instituciones políticas siempre buscará soluciones para evitar una quiebra que pueda afectar al sistema económico internacional.
Según datos del Banco de España, sólo el Banco de Santander está considerado dentro de la clasificación de Entidades de Importancia Sistémica Mundial (EISM). «El Banco Santander ha sido clasificado dentro de la primera subcategoría, en la que ya se encontraba desde el 1 de enero de 2016, por haber obtenido una puntuación de 208 en el indicador que se utiliza para clasificar a las EISM. Por ello, el Banco Santander estará sujeto a un requerimiento adicional de capital de nivel 1 ordinario, el denominado colchón de capital de EISM, equivalente al 1 % de su exposición total al riesgo en base consolidada. No obstante, el colchón aplicable en 2017 será del 0,5%, según la Disposición Transitoria Décima de la Ley 10/2014, que establece un periodo de implantación gradual, por el que únicamente será exigible en ese año el 50 % del total cuyo requerimiento completo sólo será efectivo en 2019. La designación de EISM es objeto de una revisión anual. De mantener su condición de EISM en 2018, y su clasificación dentro de la primera subcategoría, Banco Santander estaría sujeto al cumplimiento de un colchón de EISM de 0,75 % en dicho año».
El Santander es el único banco español que se encuentra en esta categoría. Ni siquiera el BBVA es un EISM y se encuentra encuadrado en «Otras Entidades de Importancia Sistémica (OEIS)», al igual que están CaixaBank, Bankia, Sabadell y estaba el Banco Popular. ¿El Popular? ¿Un banco que estaba quebrado, que había que hundir para rescatar al Santander? Sí, el Banco Popular Español estaba considerado como entidad de importancia sistémica por el propio Banco de España.

Fuente: Banco de España

Según el Banco de España, «La cuantificación de los colchones está basada en línea con los nuevos criterios establecidos por el Banco Central Europeo a fin de reducir la heterogeneidad de los colchones de capital para OEIS que fijan los distintos países del Mecanismo Único de Supervisión. Esta nueva metodología ha dado lugar a un aumento de 0,25 % de los colchones finales exigibles a partir del 1 de enero de 2019 a BBVA, Sabadell y Popular».
La caída de resultados del Santander por los efectos de la desaceleración económica en Latinoamérica, sobre todo en México y Brasil, y del Brexit hacían peligrar la calificación EISM para la entidad cántabra, lo que provocaría que se le retirara la protección absoluta del sistema financiero internacional y de las entidades políticas nacionales e internacionales porque salir de esa categoría supondría dejar de ser un too big to fail y estar expuesto a una quiebra absoluta. Eso no se podía permitir y por esta razón era fundamental que el Popular cayera y fuera absorbido por el Santander para que los beneficios que ya se están generando con esta operación hiciera superar los duros controles a los que una entidad EISM tiene que someterse para poder mantenerse en esa categoría que, realmente, trae consigo un blindaje absoluto ante graves dificultades de capital o de beneficio, un blindaje que se aplica sin importar los daños colaterales que puedan generar los salvamentos a estas entidades too big to fail. En el caso del rescate al Santander han sido más de 300.000 familias a las que se les ha incautado su patrimonio. Hubiera dado igual que el número superara los 10 o los 100 millones. Al Santander había que salvarlo porque es un banco sistémico de importancia mundial y para ello se pusieron todos los resortes políticos, tanto en España como en Europa, y económicos, con la presión de los bancos de inversión como JP Morgan o de los bancos custodios que son los dueños reales del banco cántabro.
Tal y como hemos contado en Sabemos, la operación del Popular sólo tenía un objetivo: rescatar al Santander de los efectos negativos de la desaceleración latinoamericana y del Brexit. Sin el Popular no sería posible que en 2018 el banco cántabro permaneciera dentro de la categoría EISM. Para que esto sea posible están sacando beneficios tanto de la cartera de productos como de las acciones comerciales de la red de oficinas y de la venta del patrimonio inmobiliario a fondos buitre.
Por otro lado, también ayudarán a cumplir la regulación de los bancos sistémicos los bonos de fidelización con los que pretende comprar a los afectados del Popular, dado que se han diseñado para aprovechar la compensación como un modo de cumplir con las exigencias que ha de cumplir para permanecer con uno de los 26 EISM, sobre todo en lo referido a su capacidad de absorción de deuda y el mínimo de fondos propios y pasivos, ya que estos dos factores son colchones de capital y de deuda que ayudarían al Santander a recapitalizarse si tuviera algún problema de solvencia.