Un día del otoño de 2016 en Madrid, en el restaurante madrileño Paradis, entre platos de merluza de pincho sobre risotto de huitlacoche, bacalao a la florentina, suprema de pintada rellena de foie y crema catalana, toffee y limón, conversaban un grupo de eminentes personas y de grandes empresarios españoles. Ahí se encontraban Antonio del Valle y Reyes Calderón. Se acababa de presentar una oferta para que el mexicano se hiciera con el control del Banco Popular. El magnate norteamericano les acababa de hacer una oferta que le convertiría en el máximo accionista de la sexta entidad financiera de España para, posteriormente, poder venderla al Sabadell. La propuesta era la siguiente: él invertiría la cantidad de 2.000 millones de euros en la ampliación de capital que estaba prevista en el plan de viabilidad de Ángel Ron por medio de una operación por la cual cedería 200 millones a cada uno de los grandes empresarios para que entraran en dicha ampliación a través de un fondo con el que el mexicano ya había negociado las condiciones. Ese dinero sería devuelto a través de la concesión de un crédito por parte del Popular por la misma cantidad. De este modo, Del Valle se convertiría en el máximo accionista por encima de la sindicatura.
La idea de Del Valle era sencilla. Para poder llevar a cabo esta operación era necesario que la acción bajara y, ante la resistencia de Ángel Ron a que se llevara a cabo cualquier movimiento bajista para realizar una venta que fuera en contra de los intereses de los accionistas, se hacía fundamental la entrada de una persona que tuviera preponderancia entre los grandes clientes y que fuera capaz de desestabilizar al Consejo para, en primer lugar, sacar a Ángel Ron de la Presidencia; en segundo lugar, elegir a la persona adecuada para ejecutar la operación bajista que llevara al Popular a un precio que el Sabadell (u otra entidad) pudiera afrontar; en tercer lugar, comprar a ciertos medios de comunicación alimentándolos con publicidad o con noticias redactadas para su publicación que generaran tal caos en el mercado que acelerara el proceso de descapitalización de la acción. La persona elegida para hacer esto fue Reyes Calderón.
Para desestabilizar al Consejo y para descabalgar a Ron de la presidencia Calderón contrata al prestigioso despacho de abogados Alemany, Escalona & De Fuentes para que la ayudaran en el relevo. Además, la consejera gracias a sus influencias en el Opus Dei, a su cargo como profesora en la Universidad de Navarra, tenía acceso prácticamente ilimitado con el propio Luis de Guindos. En una reunión le pone en conocimiento toda la operación que se ha diseñado junto a Antonio del Valle. El ministro de Economía da el visto bueno a la misma y gestiona una reunión con el gobernador del Banco de España Luis María Linde quien, tras el encuentro con Calderón, habló con Ángel Ron para plantearle el relevo porque, según le había informado la consejera, había mayoría en el Consejo para ello. Éste se negó en redondo por una razón: él tenía un plan de viabilidad para el Popular que fue aprobado por el propio Banco de España y por el Ministerio de Economía y estaba decidido a llevarlo adelante porque era el único modo de recuperar al que fue el mejor banco del mundo.
Ante esta negativa, Calderón no cejó en su empeño y echó mano de sus contactos entre la prensa. La consejera es también escritora y, como tal, redactaba noticias que se enviaban a ciertas redacciones que se publicaban prácticamente sin editar. Cuando no las escribía ella, las dictaba y salían a la luz generando una imagen tanto del Popular como de Ángel Ron que afectaba al valor en bolsa. Ante esta presión mediática Ron dimite para no dañar más a la entidad.
Para llevar a cabo la operación bajista era necesario poner al frente de la entidad al hombre adecuado, a un experto en banca de inversión que conociera el funcionamiento de los mercados pero que no tuviera ni idea de banca comercial. Antes de que Ángel Ron dimitiera tanto Calderón como Del Valle y sus inversores mexicanos se reunieron con un hombre recomendado por Luis de Guindos: Emilio Saracho, uno de los vicepresidentes de JP Morgan Chase para la zona EMEA. El hombre perfecto, con prestigio y con una trayectoria que le avalaba para hacer lo que tenía que hacer. Reyes Calderón estaba satisfecha porque pensaba que había sido ella la que había llevado a Saracho a la presidencia del Banco Popular. Lo que no sabía era que ese nombre había sugerido por otra razón y por otros jefes que estaban ocultos como el lobo estepario pero que en el momento oportuno cazaría a su presa porque la operación Del Valle/Calderón no era para la que trabajaba Saracho.
Cuando Reyes Calderón llegó al banco la acción estaba a 0,80 euros y, en menos de 9 meses, lo dejó en 0,31. Por otro lado, y es donde se ve la perversidad de la operación que creían que manejaban Del Valle y Calderón pero que estaba en manos de otros, cuando la consejera llegó al banco las posiciones bajistas en el Popular suponían un 6,3% de la presión de los mercados, hasta que se produjo el relevo en la presidencia alcanzó el 11% hasta llegar a un máximo del 12,4% desde que Saracho fue nombrado presidente. Además, el Popular tuvo una sobredemanda en la ampliación de capital de junio de 2016 de 3.400 millones de euros. Los movimientos diseñados por Calderón, Del Valle y Saracho (aunque éste los hacía pensando en otro patrón) lo llevaron en menos de un año a ser intervenido y dejando a más de 300.000 pequeños accionistas en la ruina para, finalmente, fracasar y hacerle el trabajo sucio a los que se han llevado a la entidad. Por tanto, la presunta iniquidad, en el caso de Reyes Calderón, fue doble porque, sin ella saberlo, trabajó para un jefe, pero fue el tentetieso de poderes superiores que se aprovecharon de su ambición y de su avaricia.
Pero ¿cómo una persona como Reyes Calderón accede a puestos en los Consejos de Administración de grandes empresas o bancos? Evidentemente, tiene influencias por el hecho de ser miembro del Opus Dei, pero, de ahí a pertenecer a los consejos de multinacionales como OHL va un mundo. Respecto a la empresa de Villar Mir hay una conexión singular, tanto en España como en México está investigada por presuntamente financiar ilegalmente al Partido Popular y al PRI. También Antonio del Valle ha financiado al PRI en México. Conexiones que en estos círculos jamás son casuales.
Sin embargo, Calderón en el Opus ha pasado de ser héroe a villana, incluso en la Universidad en la que da clase puesto que, gracias a su intervención, la Fundación de la Universidad de Navarra ha perdido todo lo que tenía en el Popular. Dentro de la Obra nadie se espera que un miembro actúe en contra del bien común y la operación de Calderón ha hecho perder mucho dinero a muchos de los que no tenían su dinero bajo el control del Monseñor Pomares. Esta presencia del Opus Dei también generó tensiones por el enfrentamiento con los Legionarios de Cristo, organización ultra a la que pertenece Antonio del Valle.
La culpabilidad de Reyes Calderón es grande porque sus movimientos favorecieron, sin saberlo, a otra operación que estaba en marcha y que se sirvió de sus ansias de poder para conseguir que 300.000 pequeños accionistas lo perdieran todo.