La operación diseñada por Luis de Guindos, Emilio Saracho, el Santander con la complicidad de las autoridades españolas y europeas que terminó con la compra del Banco Popular por un euro por parte del Santander no tenía más objetivo que el rescate de la entidad cántabra. La caída de los beneficios de la entidad cántabra tanto en su negocio español como en Latinoamérica como en Reino Unido está sufriendo las consecuencias de los movimientos socioeconómicos globales y de la menor rentabilidad de productos estrella.
Las actuaciones del Santander desde que compró el Popular por un euro que tuvo como principal consecuencia la ruina de más de 300.000 pequeños accionistas están encaminadas a sacar beneficio de la sexta entidad financiera del país en el corto plazo. La operación de venta del 51% de la cartera inmobiliaria del Popular a BlackStone demuestra que el Santander tiene prisa y está negociando con los activos del Popular incluso antes de que Bruselas haya dado su autorización definitiva de la operación. Algo que es escandaloso. Imaginen que se realiza un precontrato de compraventa y el comprador comienza a vender las propiedades antes de que se firmen las escrituras.
Sin embargo, no es la primera vez que el Santander utiliza esta estrategia de venta de activos para salvar sus cuentas. Ya ocurrió hace unos años con la venta de su Ciudad Financiera en Boadilla del Monte y de miles de oficinas. En los años 2007 a 2009 la entidad cántabra se vio obligada a vender parte de su patrimonio inmobiliario propio con el fin de mejorar sus cuentas de resultados y superar los test de estrés del Banco Central Europeo. Para ello se puso en marcha el Proyecto Brick, es decir, un proceso de venta en sale&leaseback (vender para alquilar posteriormente) de activos del Banco de Santander por un valor de 4.400 millones de euros. El mismo proceso se produjo con la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte que, en principio, fue vendida en 2008 a Marne Inversiones por 1.900 millones de euros con un arrendamiento posterior de 80 millones al año.
El Proyecto Brick se hizo famoso por la implicación de Oleguer Pujol Ferrusola en la compra de las oficinas del Santander por 2.012 millones de euros en representación de Samos Servicios y Gestiones S.L. En esta operación también estuvieron implicados hijos de Javier de la Rosa o el hijo del compañero de pupitre de José María Aznar José María Villalonga. Todos ellos fueron imputados por blanqueo de capitales con la operación.
En principio, no hay una relación entre el Santander y los negocios de los Pujol. Sin embargo, la estrategia seguida por la entidad cántabra entonces es la misma que están aplicando en la actualidad con los activos del Popular. La diferencia principal es que esos activos aún no pertenecen al Santander porque la operación de compra aún no fue autorizada por Bruselas. Muy seguros están en la sala noble del Paseo de Pereda o en los despachos de Boadilla del Monte de que eso va a ser así, seguridad que demostraría la connivencia de las autoridades europeas con la operación que ha dejado en la ruina a más de 300.000 ciudadanos para rescatar a una entidad too big to fail.
Ahora nos encontramos con que el Santander ha tenido que poner 12.000 millones de euros, según la versión del banco, para sanear al Popular. No obstante, esos 12.000 millones ya están amortizados porque, en primer lugar, ha habido una ampliación de capital por un valor de 7.000 millones y, en segundo lugar, la propia entidad cántabra se va a beneficiar de incentivos fiscales por valor de 5.000 millones a final de año. Todo sumado da esa cifra que, según el Santander, ha tenido que poner para que las cuentas del Popular estén sanas.
Además, nos hallamos con la operación de venta del 51% de los activos inmobiliarios del Popular a BlackStone por un precio por debajo de mercado, unos activos valorados en más de 30.000 millones de euros en total. El precio de venta manejado por el Santander ha sido de 5.000 millones, es decir, un tercio de su valor nominal, con lo cual ya está haciendo perder dos tercios de valor. Por otro lado, el restante 49% será vendido a través de Aliseda, la inmobiliaria del Popular con la que se hizo con el 100% de la misma hace apenas un mes. La estrategia pasa también por tirar los precios por debajo del valor de mercado. Un escándalo. El retorno del tren de Glasgow.
Esta operación de venta de los activos del Popular que salvará las cuentas del Santander no sólo afecta al Santander sino que va a tener una consecuencia negativa para todo el sistema financiero español porque, como todo el mundo sabe, estas operaciones suelen tener un efecto dominó sobre el resto de entidades.
Como ya apuntamos en Sabemos el Santander ha provisionado con 7.000 millones el ladrillo del Popular, lo que ha elevado el nivel de provisiones hasta el 61%, porcentaje que sorprende teniendo en cuenta que las provisiones del Popular antes de la intervención eran del 47% y la media del sector está en un 51%. Para poder alcanzar esa media el Santander sólo habría tenido que provisionar 1.500 millones en vez de 7.000. Esto lo ha hecho para poder generar grandes plusvalías y, sobre todo, para presionar a la competencia y que se vean obligados a aumentar sus provisiones. Es claramente un ataque al BBVA.
La estrategia del banco vizcaíno para vender su ladrillo era realizar ventas individuales con descuentos a través de su inmobiliaria Anida. Sin embargo, la operación de BlackStone con la que el Santander pretende arreglar sus cuentas gracias a los activos inmobiliarios del Popular va a obligar al BBVA a cambiar dicha estrategia por la venta en grandes paquetes a los fondos buitre para no sufrir la presión de los bancos de inversión ni de los analistas de mercado. Es decir, que el Santander, además de sacar de su balance el ladrillo del Popular, de embolsarse miles de millones de beneficio y de arreglar su cuenta de resultados, consigue presionar a su competencia más directa a que malvenda sus activos.
Una operación así sólo puede haber sido diseñada alguien que conozca muy bien cómo funciona el sector inmobiliario. Posiblemente Antonio Carrascosa, como antiguo director general del FROB, haya tenido un papel más allá de ser quien intervino al Popular desde la JUR y la segunda parte de la estrategia tras la compra de la sexta entidad del país, es decir, el rescate en el corto plazo del Santander, haya sido diseñada por él.