La intervención del Popular por parte de la Junta Única de Resolución y la compra por parte del Santander por un euro de la sexta entidad financiera del país no sólo se ha cebado con los más de 300.000 pequeños accionistas —jubilados, pensionistas, trabajadores, autónomos— sino que está teniendo unas consecuencias devastadoras con los propios empleados del Popular.
Incertidumbre, temor, miedo, nerviosismo o resignación son algunas de las expresiones que hemos escuchado tras hablar con ellos. Este nuevo estado de la situación se une a la que ya vivieron durante los meses en que no tenían ninguna certeza de lo que sería de ellos tras las noticias interesadas publicadas por ciertos medios, informaciones que llegaban a las redacciones desde la planta noble del Edificio Beatriz de la calle José Ortega y Gasset de Madrid. Leer, escuchar o ver lo que esos medios publicaban junto con los datos alarmantes del valor bursátil del banco hicieron que muchos de ellos, que acababan de vivir un Expediente de Regulación de Empleo (ERE), se vieran obligados a trabajar bajo los efectos de calmantes o ansiolíticos por la tensión que se masticaba. Esta incertidumbre por su situación personal se unía a la que veían en los clientes o en los accionistas que visitaban a diario las oficinas para saber qué estaba pasando. El temor se acrecentaba mientras veían cómo esos mismos clientes retiraban sus depósitos o daban órdenes de venta de sus títulos o productos de inversión. En aquellos días se dieron situaciones dolorosas, tal y como ya contamos en este medio, como, por ejemplo, que tuvieran que ser los propios clientes los que consolaran las lágrimas de los empleados.
El día 7 de junio fue un trauma. Se acostaron con la incertidumbre y se despertaron con que habían regalado la entidad en la que trabajaban por un euro a otro banco.
Una trabajadora, que ha querido que mantengamos su anonimato por razones obvias, ha confirmado a Sabemos que “Desde antes del ERE, incluso antes, ya había un ambiente raro en el banco. Había una calma muy extraña, muchos rumores. Daba la sensación de que era el preludio de algo”. Y nos dice que, con su experiencia en el mundo bancario y en los mercados, lo que se ha hecho al Popular no fue el resultado de un movimiento de la bolsa que tenía que haber algo más. “No puede ser de otra manera. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que esto no se hace de la noche a la mañana”.
Desde ese día 7 de junio el nivel de incertidumbre se ha mantenido. Lo único que ha cambiado ha sido la causa de la misma. Son muchos trabajadores los que nos dicen que siguen trabajando gracias a las pastillas porque el hecho de no saber qué va a ser de ellos les impide tener una jornada laboral tranquila. Esperan que en cualquier momento se pueda tomar una decisión del Santander de prescindir de ellos como ya ocurrió con los trabajadores de Banesto. El problema que tiene la entidad cántabra es que para ejecutar un ERE no van a poder echar mano a las prejubilaciones porque tras el Expediente de 2016 apenas quedan empleados que cumplan con los requisitos para acogerse a esta solución. En principio se calcula que no se tomará ninguna decisión hasta que el Popular esté totalmente incluido dentro del Grupo Santander, es decir, unos 18 meses. Sin embargo, tal y como están acelerando desde el banco cántabro los tiempos todo puede pasar y eso provoca que la incertidumbre sea mayor. Un trabajador que lleva más de 20 años en el Popular nos dice que “La incertidumbre continua igual. La plantilla tiene asumido que van a hacer ERE. Lo que ocurre es que muchos compañeros tienen la esperanza de que se den unas condiciones aceptables para poderse ir”.
Preguntamos a una joven empleada si han cambiado las condiciones laborales desde el 7 de junio y su respuesta nos deja atónitos: “Los niveles de presión comercial son insoportables. Te hablo de multi conferencias diarias a las 8 y a las 3. En medio, correos y llamadas para hacer un seguimiento de la actividad comercial. Ponen objetivos inalcanzables con la amenaza a la plantilla de que si no se cumplen va a haber consecuencias. En las comunicaciones a la red se nos advierte de las pésimas consecuencias que tendrá el incumplimiento de los objetivos comerciales. Haciéndonos responsables de ello. Esto encima de haber saqueado a la plantilla con las acciones. Parece que se les ha olvidado lo ocurrido hace mes y medio”.
En un correo electrónico de un director regional al que ha tenido acceso Sabemos, se puede leer lo siguiente: “Reflexionad, por favor, acerca de que no tiene sentido que en lugar de irnos de la oficina y descansar, tengamos que hacerlo con la preocupación añadida de las consecuencias negativas porque hayamos sido incapaces de cumplir un solo compromiso. Reitero, primordial por favor que hasta en la última oficina se cumplan los objetivos de inversión cuanto antes. Ved cómo y con quién vais a hacerlo”. Comunicaciones como esta son cada día más habituales.
Las informaciones publicadas por Sabemos respecto a cómo se gestó la operación para entregar el Popular al Santander han calado en la plantilla y, sorprendentemente, también en la nueva dirección del banco porque, según confirma a este medio un trabajador, les resulta sorprendente que en las reuniones diarias “ya aparecen referencias a la legalidad de la intervención. La respuesta que dan es que no se haga caso que son malintencionado de la prensa. Eso mismo ocurrió antes del ERE y de la intervención. Por eso es llamativo y sospechoso”.
El escepticismo ante las resoluciones que puedan tomar la justicia española y europea también es mayoritaria entre los empleados, aunque algunos todavía tienen esperanzas en que los tribunales tumben la operación. “No creemos que vaya a cambiar nada, todo está bien atado y manipulado. El Santander continúa dando pasos tras haberse oficializado el acuerdo. De todos modos, estamos expectantes. Es tan complejo todo que tampoco sería sorpresa que saltara la liebre por algún sitio”, nos confirma otro trabajador.
Muchos de los trabajadores del Popular también son pequeños accionistas. Fueron miles los que compraron títulos en la ampliación de capital de 2016 o los que ya tenían acciones anteriormente. Nadie podía esperar que se produjera un ataque contra esos valores que eran seguros. Si no lo hubieran sido, ¿los propios empleados, que tienen más información que cualquier ciudadano, se hubiesen arriesgado a solicitar préstamos o adelantos de nómina para adquirir esos títulos? Evidentemente, no. Su rabia hacia la operación por la que se les ha incautado esa pequeña inversión, como a los otros 300.000 pequeños accionistas, es grande, sin embargo, comprobamos cómo la incertidumbre y el miedo supera en algunos casos al enfado o la indignación.
Preguntamos a una trabajadora si los sindicatos no están defendiéndoles y nos hace una mueca que demuestra escepticismo y nos dice que “Cuando el Santander lanzó la campaña de las preferentes como compensación, los dos sindicatos más grandes se quisieron apuntar el gol”.
Así es cómo los trabajadores están viviendo una operación que les ha transformado en víctimas, al igual que los más de 300.000 pequeños accionistas. Mientras esto ocurre en las oficinas o en los servicios centrales del Popular, el Santander sigue negociando y comerciando con los activos de la sexta entidad financiera del país aún sin haber obtenido la autorización de Bruselas. Mientras esto ocurre, la entidad cántabra estará creando un plan para que el ERE de los trabajadores del Popular les cueste lo menos posible, independientemente del daño que ya están haciendo a quienes se dejan día a día la piel por el banco en el que han trabajado y que, en muchos casos, sienten como suyo.