Ya viene siendo tónica habitual. Cada vez que publicamos un artículo sobre lo que realmente ocurrió en el Banco Popular o sobre los movimientos del Santander las distintas redacciones del Grupo se llenan de mensajes de los afectados que nos hacen llegar a través de todos los medios: teléfono, correo electrónico o correo ordinario.
Esta vez la reacción ha venido por los artículos publicados en el día de ayer y a lo largo del fin de semana en referencia al anuncio del Santander de la acción comercial de los bonos de fidelización.
Prácticamente el total de las comunicaciones recibidas muestran mucho enfado, mucha indignación y, sobre todo, más decepción que se suma a la inseguridad que viven estas personas. Hemos repetido en multitud de ocasiones que no deben imaginarse a personas con mucho dinero que tenían invertido lo que les sobraba como un modo de juego o de buscar grandes rentabilidades. La gran mayoría de los afectados por la intervención del Banco Popular son personas normales, como usted o como yo, personas que tenían metido en la entidad en la que confiaban sus ahorros para, en unos casos, tener la seguridad de que su banco no les iba a meter en una encerrona. En otros casos, sobre todo en lo referido a los jubilados, utilizaban esos pequeños dividendos que les generaban las acciones para compensar su pensión o para poder pagarse unas vacaciones cada año. Incluso tenemos algún caso de utilización de esos pocos beneficios para poder dar un pequeño capital para familiares que lo están pasando mal por culpa del desempleo.
El anuncio del Santander de sus bonos de fidelización para clientes del Popular afectados por la intervención y la compra por un euro por parte de la entidad cántabra ha enfadado a muchos por varias razones. Citaremos algunos testimonios. Una afectada nos dice: «en referencia a la oferta que hace el Santander no encuentro las palabras que me dice el corazón. Pienso en la persona, o en las personas, que han ideado o desarrollado esta propuesta y no encuentro calificativo porque querer comprar las voluntades de miles de jubilados, pensionistas, que en muchos casos han perdido sus pequeños ahorros que les quedaban para sus últimos días de vida».
Evidentemente, no vamos a citar los cientos de testimonios que tienen un vocabulario mucho más grueso.
Otro afectado, que por su modo de expresarse tiene que ser un empleado o ex empleado del Popular nos dice: «Que todos los males acaecidos en el Banco Popular venían de la ampliación de 2016 y echar la culpa a los gestores de la época […] Hay que ser malas personas cuando saben que esos hechos nada han tenido que ver con el resultado final».
Muchas veces nos olvidamos de un hecho: hay miles de afectados que siguen siendo empleados del Popular. Casi todos ellos compraron acciones de la entidad porque el propio banco les ofreció préstamos o adelantos para poder adquirir los títulos. A la pérdida del valor de sus acciones hay que sumar la incertidumbre de más de 10.000 personas respecto a sus puestos de trabajo porque, no lo podemos negar, el sector bancario está destruyendo empleo y los del Popular están en serie peligro de extinguirse, tal y como ya hizo el Santander con los trabajadores de Banesto. La oferta de la entidad cántabra hace que sigan pagando esos préstamos o que se les continúen reclamando esos adelantos mientras duren los 7 años en los que no se podrá hacer efectivo el valor de esos bonos.
Como ya hemos dicho en anteriores artículos, esta oferta tiene dobles intenciones y los propios afectados nos están dando los mismos argumentos que hemos expuesto en anteriores artículos.