Ya es un hecho demostrado, tanto por las informaciones publicadas en Diario16 de las que se han hecho eco otros medios de comunicación como por lo que se va conociendo, que la operación de descapitalización del Banco Popular tenía un objetivo concreto: la venta de la sexta entidad de España al Santander. No hubo más candidatos entre los gestores de la estrategia de acoso y derribo como se ha dicho. Sí que se ofreció a BBVA en los últimos meses de la presidencia de Ángel Ron, oferta que éste rechazó porque tenía un plan de viabilidad aprobado por el Banco de España (BdE) que hubiera salvado la situación en que se encontraba en aquel momento. Sí que se ofreció al Sabadell con una operación poco clara y con escasa ética que Ron se negó a encabezar, momento éste en que el mexicano Antonio del Valle sentenció al anterior presidente del Consejo de Administración con amenazas e insultos. Sí que se ofreció a Bankia cuando la operación bajista encabezada por Emilio Saracho y por los accionistas e inversores mexicanos de Del Valle ya estaba en marcha, pero se encontraron con la responsabilidad de José Ignacio Goirigolzarri al ver los riesgos que corría la entidad a la que le encargaron reflotar y pidió unas garantías que los muñidores de la operación no estaban dispuestos a dar. En esos momentos se volvió a hablar de BBVA y de CaixaBank, cosa que sorprendía porque en la presentación de los resultados del primer trimestre el propio Consejero Delegado de la entidad catalana, Gonzalo Gortázar, afirmó que descartaba la compra de cualquier banco porque estaban centrados en la integración de BPI.
No había más de un candidato para comprar el Popular. Sólo había uno: el Santander. Sorprendía que apenas sonara en los momentos en que el precio de la acción se desangraba a un ritmo del 30% semanal. La entidad cántabra está en una situación límite por los resultados de Latinoamérica y, sobre todo, por las consecuencias del Brexit.
Hay que tener en cuenta que Emilio Saracho es un hombre del Santander. Trabajó en la entidad en dos etapas. El mismo día 7 de junio, tras haberse perpetrado la venta por un euro del Popular, el propio Saracho concedió una entrevista en la que estaba exultante por el resultado de la operación. ¿Cómo un hombre a quien le acababan de intervenir la entidad que presidía se puede mostrar tan eufórico? La respuesta es sencilla: acababa de finalizar con éxito la tarea que le habían encomendado, aunque superando en exceso los objetivos marcados.
Sin embargo, hay un hecho que no se puede dejar pasar. Antonio del Valle o Reyes Calderón, las cabezas principales de la operación, junto a Saracho, son personas con mucho dinero e influencia, pero no tienen el poder suficiente como para manejar el mercado bursátil con la eficacia en que se movió desde el día en que la ofensiva a la acción del Popular se lanzó cual Operación Barbarroja. Se necesitaba a un experto de primer nivel. Según fuentes académicas y especializadas en los mercados, el modo de gestarse la estrategia y la implementación de la operación bajista podría llevar la firma de alguien que durante años fue el verdadero gurú del mercado internacional: Javier Martín Artajo. Esta hipótesis tiene su lógica teniendo en cuenta que, hasta su caída en desgracia por el escándalo de la ballena, este hombre trabajaba para JP Morgan Chase, la misma entidad de la que era vicepresidente mundial Emilio Saracho. Hubo un tiempo en que, si Artajo iba en una dirección o lanzaba una ofensiva, todos los brokers y traders del mundo iban detrás. Sin embargo, forzó tanto la situación que le estalló el escándalo de «la ballena de Londres» por el que, presuntamente, Artajo falseó las cuentas de JP Morgan alterando el valor de sus activos. Esto provocó unas pérdidas de 4.500 millones de euros, curiosamente la misma cantidad que perdió Saracho durante su presidencia del Popular con la operación bajista (cantidad que se desconoce a dónde ha ido a parar); casualmente la misma cantidad que, según los análisis de Diario16 y las fuentes consultadas, ha ganado uno de los principales accionistas del Santander; es significativo que también sea la misma cantidad que Saracho entrega al BdE con las provisiones de activos para rebajar la solvencia de la entidad. 4.500 millones, una cifra mágica. La Fiscalía de Manhattan ordenó el arresto de Martín Artajo, pero la Audiencia Nacional denegó la extradición.
Las fuentes consultadas por Diario16 nos confirman que los movimientos fueron tan agresivos que no podían provenir de un grupo de accionistas, por mucho poder que tuvieran, que estaban tan bien manejados que sólo los podrían haber diseñado personas con experiencia en grandes operaciones de mercado y Artajo fue, en su momento, el número uno mundial en ello. Las mismas fuentes nos dicen que Artajo no tuvo que estar dentro de los movimientos, pero sí que podría haber sido el diseñador principal de la operación de descapitalización del Popular. La relación con Saracho de sus tiempos en JP Morgan daría verosimilitud a la hipótesis.
Sin embargo, el trinomio De Guindos-Del Valle-Calderón no contaban con que se estaban moviendo los hilos de la operación por detrás aprovechándose de los movimientos del mercado que conducen y dirigen JP Morgan y Saracho. Esos hilos estaban siendo manejados por entes superiores que tenían un único objetivo: entregar el Popular al Santander porque la entidad cántabra había hecho operaciones que iban más allá de la propia estrategia bancaria o de la entrada en mercados concretos. Muchos de los movimientos del Santander estaban orientados a estabilizar o a potenciar la presencia de la Unión Europea en el Reino Unido, por ejemplo. El Brexit está provocando graves perjuicios a las cuentas del Santander, lo que se suma a los malos resultados en Latinoamérica. Esto hizo que el Popular fuera un objeto de deseo y que el eje Bruselas (UE)-Fráncfort (BCE) facilitara las cosas para que el Santander se hiciera con la sexta entidad financiera española, con la complicidad de las autoridades españolas
Emilio Saracho, llegado el momento, para desmarcar su responsabilidad de sus cómplices Del Valle, Calderón y los inversores latinoamericanos, ya que éstos se iban a quedar fuera. De ahí su cabreo fingido ante su propio Consejo y la expresión de que «les voy a dejar las putas llaves de este puto banco en la puerta». Sin embargo, Saracho se sentía satisfecho porque, al fin y al cabo, él es un hombre de la entidad cántabra. Por eso no se opuso frontalmente a lo que él mismo estaba pergeñando en instancias superiores, sino que colaboró con ello que para eso le habían contratado. Así Saracho cumplió con su función y la misma noche del 6 al 7 de junio recibió un mensaje del propio Banco de Santander en el que se le comunicaba que había dejado de ser interlocutor en la operación ya que Saracho había terminado su trabajo con el mayor de los éxitos y superando objetivos.
Pero esta presunta intromisión de las autoridades europeas no podía haber sido posible sin la complicidad de las entidades de control españolas. Ahí es donde entra Luis de Guindos. Expertos consultados por Diario16 nos han confirmado que es inexplicable la actuación que tuvieron en los meses de abril y mayo de la Comisión Nacional del Mercado de Valores o del Banco de España. La inoperancia de las autoridades de supervisión españolas en la descapitalización del Popular es mucho más grave que lo ocurrido con Bankia y su salida a Bolsa. Por un lado, tanto la CNMV como el BdE no intervinieron en las operaciones a corto que desde los portales de inversión se ponían como recomendación para actuar con las acciones del Popular. Por otro lado, el Banco de España tuvo que frenar los movimientos de Saracho para descapitalizar los activos y el patrimonio del Popular cuando provisionó incluso créditos en activo y sin mora, algo que es ilegal. Pero se permitió. ¿Por qué? ¿Por qué no actuaron como hicieron una semana después de la compra por un euro del Popular con Liberbank?
Rescate al Santander
La operación del Popular estaba encaminada a ser un rescate del Santander. Por un lado, la entidad cántabra recibía unos activos inmobiliarios muy amplios con los que podría sacar un buen rédito con una macrooperación de venta. A las dos semanas de haber adquirido a la sexta entidad financiera española, el Santander encargó a Morgan Stanley la venta exprés del ladrillo del Popular que está tasado en más de 35.000 millones de euros. No es la primera operación que el Santander encarga a la firma norteamericana y su eficacia está probada porque, en menos de un mes ya han conseguido que varios fondos buitres que operan en España se interesen por la compra de todo el paquete. LoneStar, BlackStone, Cerberus (el fondo del hijo de José María Aznar) y Apollo ya han comunicado su interés en la operación. Un 70% de estos activos están provisionados, por lo que las ofertas de estos fondos para adquirir el 51% del total —que es la idea del Santander— podrían rondar los 5.000 millones. El otro 49% lo gestionaría el propio Santander a través de Aliseda que fue adquirida en su totalidad por la entidad cántabra la semana pasada.
Por otro lado, el Santander gana con la adquisición de un mercado en el que el Popular era muy fuerte: el de las Pymes. Sin embargo, distintas empresas de análisis cuestionan que esto vaya a ser así, sobre todo por la fuga de 7.000 millones en activos de las pequeñas y medianas empresas en el mes de abril, según confirmó la patronal bancaria AEB. No obstante, estos movimientos o discrepancias con la realidad del Popular, el Santander gana músculo en un sector en el que cojeaba sobre todo por la fortaleza del departamento de riesgos de la entidad de Cantabria que hacía muy difícil el acceso al crédito a las pequeñas y medianas empresas.
Si a todo lo anterior sumamos los más de 5.000 millones de euros que se va a ahorrar en impuestos, el Santander va a paliar con la compra del Popular las pérdidas generadas en Reino Unido y en Latinoamérica. Según los cálculos hechos por los expertos de la entidad cántabra, los beneficios a corto plazo de la compra del Popular estarían situados en el entorno del 25% respecto al valor del total de los activos netos de la entidad incautada.
La importancia del Eje Bruselas-Francfort-Madrid
Volviendo a la intervención de Europa, con la connivencia de las autoridades españolas, hay un hecho fundamental: el propio informe de Deloitte que, según la auditora, era un informe de liquidación no para acometer una ampliación de capital, tal y como afirmó Saracho en la Junta de Accionistas.
Entre lo anterior y los falsos informes de solvencia presentados al BCE, se tomó la decisión de entregar el Popular al Santander. No hay actas de las reuniones de la Junta de Resolución o del MUR. No se sabe si hubo más ofertas. Directamente se entregó a la entidad cántabra por un euro, es decir, que las autoridades europeas expropiaron a la sexta entidad financiera de España sin tener en cuenta más que unos datos que estaban falseados tanto a nivel de activos como a nivel de liquidez.
Las autoridades europeas y las españolas perpetraron un golpe de Estado con la expropiación del Popular, porque la venta de la entidad por un euro al Santander fue un golpe de Estado en el que se violaron los derechos fundamentales de más de 400.000 seres humanos, de pensionistas, de empleados, de trabajadores, de clientes. Europa expropió sus bienes sin ningún rubor y para que De Guindos pudiera presumir de que no iba a tener coste para el erario público español, cosa que es mentira porque sólo en lo que se va a ahorrar el Santander en impuestos la factura para los ciudadanos será de más de 5.000 millones de euros.
La expropiación sólo responde a un hecho: pagar los favores que el Santander ha hecho para el fortalecimiento de la unión bancaria europea al entrar en mercados en los que es muy complicado entrar. Además, el propio Gobernador del Banco de España ha confirmado que no fue muy lógico que se interviniera un banco que estaba ganando dinero, por más que su valor en bolsa hubiera sido torpedeado por los movimientos del mercado.