A lo largo de los últimos meses, Diario16 ha expuesto las distintas operacionespor las que desde el propio Consejo de Administración presidido por Emilio Saracho. Hemos explicado a nuestros lectores cómo el objetivo principal del anterior presidente no era otro que descapitalizar el valor en bolsa de la acción del Popular para que llegara a un punto en el que fuera atractivo para que la sexta entidad financiera de España se vendiera a otro de los grandes bancos españoles. Sin embargo, hay mucho más. A medida que los días van pasando nos vamos encontrando cómo los movimientos venían de más arriba y que estaban orientados desde el momento en que los consejeros liderados por Antonio del Valle lograron que Ángel Ron abandonara la presidencia y les dejara campo libre para implementar la operación bajista.

El mercado bursátil no conoce a nadie más que a los intereses de los grandes fondos opacos que mueven la economía mundial. Lo hemos visto en diferentes ocasiones en los últimos diez años cuando no les importó especular sobre el precio de los alimentos provocando hambrunas en zonas muy sensibles a las oscilaciones del precio de las materias primas alimenticias. Si no tiemblan a la hora de aplicar operaciones especulativas que van a provocar miles o millones de muertos, ¿qué les impedía torpedear a una entidad financiera y dejar en la ruina a más de 400.000 seres humanos? Por otro lado, el dinero es cobarde y quienes manejan a su antojo los mercados saben que cualquier variación inesperada va a generar un escenario de pánico que provocará un proceso de ventas masivo.

Esto es lo que, en esencia, ocurrió con el Banco Popular. Se desechó el plan de viabilidad de Ángel Ron y se prefirió que Emilio Saracho, un liquidador, un experto en banca de inversión, realizara los movimientos adecuados para desestabilizar los mercados, crear el pánico y las ventas masivas, y depreciar el valor en bolsa de la acción un euro por debajo de cómo Ron lo dejó porque, tal y como reconoció el ex presidente, Saracho le dijo que la acción estaba muy alta y que había que bajarla. Todo ello ayudado, por supuesto, por el grupo de inversores mexicanos encabezados por Antonio del Valle y por la inacción de las entidades reguladoras dependientes de Luis de Guindos. A todo esto hay que añadir la guerra por el control del Popular desatada entre las organizaciones religiosas Opus Dei y Legionarios de Cristo, representadas, respectivamente, por Reyes Calderón y por Antonio del Valle.

Sin embargo, ¿fue un movimiento provocado sólo por Saracho, del Valle y el resto de cómplices en la operación o, realmente, las órdenes venían de otro sitio?

Este poder de los mercados sobre las empresas da mucho miedo. Si en un momento determinado los clientes de los bancos o fondos de inversión determinan que hay que hundir tal o cual empresa para sacar enormes beneficios, esos bancos o fondos moverán lo que haya que mover, aplicarán las estrategias que haya que aplicar para llevarlo a cabo. En España ha ocurrido eso y, sin quitar responsabilidad a quienes ejecutaron la operación bajista del Popular, los movimientos del mercado vinieron determinados por estrategias diseñadas en los grandes centros bursátiles de Wall Street o de la City de Londres, estrategias que se vieron favorecidas por las implementadas por Saracho, Del Valle y Calderón. La cuestión es si eran paralelas o convergieron en algún punto del inicio de la operación.

A lo largo de todas las informaciones que Diario16 ha ido ofreciendo respecto a la operación bajista incidimos en cómo el Popular fue ofrecido a diferentes entidades, primero al BBVA y al Sabadell, luego al Santander, pero, sobre todo, a Bankia cuando el precio de la acción estaba ya por debajo de 0,50 euros. Los primeros se encontraron con la resistencia de Ángel Ron. Con Bankia los promotores de la operación bajista se hallaron con la responsabilidad de José Ignacio Goirigolzarri. Cuando todo fueron especulaciones era muy extraño que la entidad cántabra no sonara cuando el negocio que controlaba el Popular sería un complemento perfecto para el Santander. ¿Por qué? ¿El Santander era el principal candidato para comprar al Popular cuando la operación bajista de Saracho, Del Valle y Calderón dejara el precio de la acción tan bajo que la adquisición fuera una ganga? ¿Quién manejaba todo?

Aquí es donde hay que estudiar la composición de los principales accionistas del Santander. La familia Botín apenas controla un 1% de las acciones. Desde hace años los socios mayoritarios del Santander son State Street Bank, Chase Nominees, Guaranty Nominees, Clearstream Banking, EC Nominees o BNY Mellon, por citar algunos. Entre estas entidades controlan más de un tercio del banco. Sin embargo, en la CNMV no existen registros de quiénes son los accionistas que controlan estas entidades. No hay obligación de ello, lo que deja una situación de total opacidad a la hora de controlar quién está detrás de ese dinero. Puede ser cualquiera. Son bancos custodios.

La actividad de un banco custodio es desconocida. Complementan a sus clientes en todos los procesos de inversión o la adquisición de activos. Pero nadie conoce quiénes son esos clientes. Teóricamente, sólo se encargan de custodiar los valores que les dejan en depósito, no deberían operar con ellos. Pero…

En España ya controlan altos porcentajes del accionariado de empresas como Endesa, Telefónica, BBVA, Repsol o Iberdrola. En concreto, más de 50.000 millones de euros en acciones y todo ello sin que se conozca quién está detrás de ellos, sin que se sepa qué personas o fondos de inversión mueven cantidades de dinero que suponen, en algunos casos, el PIB de los 42 países más pobres del mundo. Otro ejemplo relevante de banco custodio lo tenemos en el rescatado Monte dei Paschi de Siena, que controla el 9% de la multinacional eléctrica Enel que tiene intereses en España.

Los bancos custodios, además, están en la órbita de las operaciones anti blanqueo y de evasión de capitales de las instituciones policiales internacionales. La opacidad que ofrecen como valor añadido a sus clientes es aprovechada en muchos casos como un modo de lavar dividendos comprados con dinero poco claro. Como no están domiciliados en nuestro país los beneficios logrados por las operaciones del mercado no están obligadas a tributar en España. Un ejemplo de ello lo tenemos en el banco Clearstream Banking que estuvo envuelto en escándalos de corrupción y de blanqueo de capitales como, por ejemplo, las conexiones del Banco Ambrosiano con la mafia y el Vaticano, o, por ejemplo, con presuntos sobornos cobrados por altos cargos del gobierno de Nicolás Sarkozy. En Estados Unidos se detectó que esta entidad ocultaba fondos iraníes destinados a la financiación del terrorismo. Clearstream maneja un 3% de las acciones del Santander.

Otro tipo de banco custodio, aunque sin relación directa con la entidad cántabra, lo tenemos en el Banco Activo de Venezuela, cuyo presidente José Antonio Olivera tiene importantes relaciones con altos directivos de algunos de los principales bancos españoles y que se ha visto implicado en escándalos de blanqueo en Andorra y Panamá. De Banco Activo, además, se dice que custodia fondos procedentes de los casos de corrupción vía PDVSA y que tiene inversiones en diferentes países de Europa, entre ellos España.

Los expertos dicen que los bancos custodios no pueden por sí mismos generar ningún movimiento de mercado, pero sí los clientes a los que representan y a los que pueden aconsejar a través de empresas afines. Eso sí, no hay que confundirlos con bancos de inversión como JP Morgan Chase… ¿o sí?

Uno de los grandes accionistas del Santander es Chase Nominees que pertenece al grupo JP Morgan. Es un banco custodio que maneja paquetes de acciones de grandes fortunas y grandes fondos de inversión. JP Morgan, precisamente la empresa de la que era uno de los vicepresidentes mundiales Emilio Saracho, el mismo Emilio Saracho que antes de entrar en el banco de inversión americano había pasado en dos ocasiones por el Santander, el mismo Emilio Saracho que llegó al Popular para liquidarlo, para generar pánico en los mercados y descapitalizar el valor de la acción.

Estos grandes custodios, teóricamente, no pueden hacer ningún movimiento en el mercado, pero si uno de ellos pertenece a un grupo que sí puede hacerlos, como es el caso de JP Morgan Chase, la ecuación está clara. Saracho renunció a muchas cosas para hacerse cargo del Popular. ¿Por qué? Él seguía trabajando para JP Morgan y éste, a su vez, trabajaba para los inversores que tenían sus paquetes inversores en Chase Nominees. Saracho no trabajaba para los verdaderos dueños del Popular, sus accionistas. El último presidente hizo todo lo posible para que la situación fuera insostenible. Jugó con Bankia, jugó con el BBVA, pero, en realidad, el único candidato para la venta era el Santander, el único con el que lograría el objetivo que le habían puesto sus verdaderos jefes, la familia Morgan.

El Santander era el único interesado en hacerse con los activos de Popular y la operación bajista de Saracho, Del Valle y Calderón sólo podía tener éxito si había detrás la influencia necesaria para generar el pánico en los mercados. Del Valle es un hombre con mucho dinero, pero no tiene la capacidad de mover tantos hilos como para generar un escenario para que un banco como el Popular pierda el 50% de su valor en una semana. Hubo otras manos que movieron los hilos y, esas manos, habría que buscarlas entre los que son los verdaderos dueños de las principales empresas españolas.