Sumergidos en la era de la convergencia, donde los operadores de telefonía empaquetan sus servicios cada vez más, sigue habiendo un reducto de compañías que pelean sin red propia por hacerse un hueco. Son los operadores móviles virtuales (OMV), que viven al amparo de las infraestructuras de Movistar, Orange y Vodafone; y sobre todo de que no den el zarpazo definitivo a este nicho de mercado con sus propias marcas de bajo coste.

Estos asuntos fueron tratados en profundidad la semana pasada en el marco del ‘Ingenium Mobile 2017’. Y es que los OMV, a pesar de no tener la frescura de hace años, siguen siendo una parte importante en el ecosistema móvil. En concreto, ahora mismo existen entre 30 y 40 compañías dedicadas a este negocio (de manera exclusiva), con una cuota de mercado que ronda el 10% y un volumen de ingresos sobre el sector del 8%.

Pero no cabe duda de que la gran pregunta es: ¿hay vida para los operadores virtuales? El contexto no es ilusionante. Movistar, Orange, Vodafone, y ahora también el Grupo MásMóvil (con Yoigo y Pepephone), mantienen su pulso por el mercado convergente del todo en uno. Esto provoca que familias enteras, junto a fijo y televisión, también contraten sus tarifas de móvil. Y no solo eso, las segundas líneas son otro objetivo prioritario para captar clientes. Pero es que, además, se suman las marcas low cost de estos operadores: Tuenti, Simyo, Amena y Lowi, que les permite ser -si cabe- más agresivos con los precios.

Por eso, la reflexión del consejero delegado de SUOP, Jaime Pla, tiene todo el sentido del mundo. Durante una mesa redonda aseguró que los operadores con red, ahora mismo, son el lobo y el cordero al mismo tiempo con esta estrategia de dos marcas en el mercado móvil. Puesto que, por una parte son los mayoristas para ofrecer red a los virtuales; pero a su vez compiten con ellos con sus marcas virtuales antes citadas.

¿Hay alternativas para los OMV?

Durante todo el encuentro, que se centra en este tipo de compañías, el mantra fue el mismo: el futuro de los virtuales tiene sentido si hay innovación. Así, el CEO de República Móvil, Carlos Vecino, afirmaba que “quedan muchas cosas por hacer y que los operadores con red todavía no hacen”. Esa es la única salida. Además, introdujo un concepto básico para la supervivencia de los OMV: “hay que pasar de ser operadores de bajo coste a operadores de gran servicio”.

Durante el encuentro ‘Ingenium Mobile 2017’

Todas estas ideas, no obstante, se encuadran en un marco regulatorio en que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha decidido eliminar el ‘Mercado 15’, que era el cuerpo regulador de este segmento móvil. Ahora serán los propio virtuales los que tengan que negociar con las grandes compañías el alquiler de las redes. Eso sí, siempre con la CNMC vigilante.

No obstante, y pese a los posibles problemas regulatorios, la coincidencia sobre la necesidad de innovar era total. Tanto, que realmente la sugerencia es que deben pasar de simples operadores a algo más parecido a los OTTs; es decir, las grandes empresas de internet que ofrecen servicios digitales.

El futuro de los virtuales está por escribir

Carlos Vecino sentenció que tan solo necesitan un 15-20% de clientes de los grandes operadores que no transformen en convergentes para sacar adelante su negocio. La certeza del CEO de República Móvil es que no van a competir cara a cara con las grandes compañías, y menos apostando por la nueva convergencia de bajo coste que ahora se ha puesto de moda.

En este sentido, Jaime Pla tiene claro que, en sí misma, la convergencia es algo que a muchos clientes terminará cansando por “pagar servicios que no necesitan”. Y ahí estarán ellos. Pero no solo eso. En España hay 51,1 millones de líneas móviles, de las cuales solo 40 millones tienen servicios de voz con banda ancha. Por lo tanto, queda una cantidad bastante importante de líneas que pueden generar más valor.

En todo caso, el futuro de los virtuales debe reinventarse sabiendo que Movistar, Vodafone, Orange y el Grupo MásMóvil estarán a otras guerras. Deben involucrar a sus clientes, ofrecer más por menos (sin perder nunca los márgenes ni la cabeza) y estrujar al máximo sus ideas. No serán los agitadores del mercado como hace una década, pero seguirán cumpliendo un rol muy importante.