Hace varias décadas, en los años setenta y ochenta del siglo pasado, el Banco Popular Español era el buque insignia de las finanzas españolas, hasta el punto de que las revistas internacionales más prestigiosas -‘Fortune’, ‘Forbes’, etc.-, se preguntaban cuál era el éxito del Banco Popular, lo bien gestionado que estaba, para ser el banco más rentable del mundo durante varios años.

Recuerdo una entrevista que hicieron al presidente Luis Valls Taberner (q.e.p.d), y en presencia también de Rafael Termes Carreró por motivo de haberse creado la Asociación de Directivos del Banco, en la que un periodista le preguntó: “¿Cuál es el secreto del Banco Popular?”. A lo que el insigne presidente le contestó de una forma sencilla: “Zapatero a tus zapatos”. ¿Qué significaba esta respuesta? Simplemente que había que obtener de los clientes de pasivo lo máximo, al mínimo coste y, eso sí, fidelizar al cliente y, posteriormente, ser el financiador sobre todo de pymes y clientes con el riesgo muy controlado. Para terminar, dijo: “Nada de aventuras”.

Por otro lado, cobrar las comisiones que pudieran, ser el colchón para afrontar los costes de transformación. Este concepto fue Rafael Termes el primero que lo utilizó en sus múltiples charlas a las que tuve el honor de asistir.

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Llegamos a la crisis del ladrillo y nos encontramos con que las lecciones magistrales que dio el fallecido presidente no se tuvieron en cuenta, lo que abocó al banco a una situación impensable, pero era la realidad.

En fin, no es el propósito del artículo juzgar la mala gestión de aquel momento, sino analizar los hechos desde, precisamente, ese instante.

Como todos sabemos hay tiburones, o buitres, que se aprovechan de la debilidad de sus víctimas. Bueno, empezamos por la entrada de unos inversores atípicos que quieren controlar Banco Popular con una participación minoritaria, pero que hacen mucho ruido.

Se realizan una serie de ampliaciones y operaciones que fueron en detrimento de la calidad de las acciones en Bolsa, lógicamente, por estos inversores atípicos. Conocen perfectamente la situación del banco y es cuando empiezan el acoso y derribo.

En primer lugar, tienen información privilegiada para hacer lo que crean conveniente a sus intereses. Es cuando deciden eliminar el escollo que supone el presidente Ángel Ron, al que no voy a defender precisamente porque, en un principio, se olvidó de los consejos de su predecesor Luis Valls, en eso de “zapatero a tus zapatos”.

En este acoso y derribo, los organismos que están para controlar, es decir, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el Banco de España y el Ministerio de Economía, miran hacia otro lado y nadie dice nada de la contratación de Emilio Saracho, que no es un gestor especializado en banca comercial, es un banquero de inversión recomendado por De Guindos y ha colaborado estrechamente con la trama mexicana encabezada por el accionista Antonio del Valle y que lidera, sin lugar a dudas, la operación bajista.  Y para eso necesitaba al que llaman “el Liquidador” y con este sobrenombre llega a Banco Popular.

El ataque de Antonio del Valle, accionista mexicano, y la pasividad y falta de respuesta de la entidad y de los organismos oficiales que deben controlar este tipo de cosas, han demostrado una vez más la debilidad del banco a la hora de defender su independencia.

Este hecho está ratificado por un informe presentado por la internacionalmente conocida agencia de detectives Kroll, que, como sabemos está especializada en investigaciones financieras y fraudes.

El desastre no puede ser más grande, la cotización de las acciones ha bajado a precio de saldo, cerrando el pasado viernes 2 de junio de 2017 a 0,43 eurospor acción, una capitalización que lleva a Banco Popular a 1.800 millones de Euros, cuando en la peor época de Ángel Ron valía 1,35 euros la acción. No olvidemos que el valor en libros es más de 11 veces la cotización en Bolsa actual, con el gravísimo perjuicio para los accionistas minoritarios, la mayoría jubilados que tenían ahí sus ahorros pensando que estarían seguros para su futuro.

Aquí nadie dice nada, ni el ministro de Economía, Luis de Guindos, que recordamos por su paso por Lehman Brothers, una de las mayores estafas del mundo financiero y por el consejo de Endesa siendo presidente su amigo Borja Prado. Ni la CNMV, ni El Banco de España, ni el Gobierno de Mariano Rajoy.

Por favor, en este país debemos ser serios. ¿Se imaginan que alguien con capital pudiera comprar acciones al precio de hoy, si ese alguien es un cargo político y lo comprara a nombre de un testaferro, apoyara la venta a una entidad que estuviera manejada por el Gobierno -Bankia, por ejemplo- y dos años después aflorara el verdadero valor del Popular compradas las acciones a 0,43? ¡Qué gran negocio! Y los pobres pensionistas y jubilados vendiendo a 0,43. ¡Vaya gracia!

¿Qué tenemos que hacer los pensionistas/jubilados ante esta clara utilización de información privilegiada que han usado unos desaprensivos para arruinar a los pobres jubilados y enriquecerse? En EEUU esta operación le costaría a unos cuantos «insidetraders», por lo menos,la cárcel y restituir la perdida a los damnificados.

Al actual presidente que, teóricamente, venía para genera valor al Banco Popular, se le ve el plumero actuando como lo que es, un liquidador. Tanto el ministro de Economía, como todos los que están en la operación bajista, sabían que Emilio Saracho no sabe nada de banca comercial, sector siempre muy rentable para el banco. Pero el presidente está siendo muy eficaz para cumplir el objetivo encomendado por sus señoritos Antonio del Valle y sus amiguetes del Gobierno y por la dejación de funciones demostradas por el Banco de España y la CNMV. No intervinieron en el requerimiento que los accionistas hicieron hace meses y han permitido una operación destinada a desprestigiar a una de las entidades financieras más prestigiosas de España y así satisfacer los intereses económicos de unos cuantos consejeros y de los “amiguetes” políticos del propio Gobierno.