La puesta en escena definitva de la concentración en el sector de las telecomunicaciones ha llegado con la compra de la asturiana Telecable por parte de Euskaltel. De esta forma, y salvo sorpresas que no permitiría el regulador, parece que el mapa de las telecos está configurado para los próximos años.

El último movimiento, anunciado a bombo y platillo desde hace meses, ha tenido su rúbrica definitiva este martes. En concreto, Euskaltel ha llegado a un acuerdo con Zegona para comprarle su filial asturiana Telecable por un importe de 686 millones de euros, incluidos 245 millones de deuda neta estimada a 30 de junio próximo, según ha comunicado la primera compañía a la CNMV, y que recoge Efe.

La comunicación aclara que la operación tendrá una contraprestación agregada consistente en 186,5 millones que se abonarán en efectivo y 26,8 millones de acciones ordinarias de Eukaltel de nueva emisión que suscribirá Zegona a un precio de 9,5% por acción y que representarán el 15% del capital social de la primera tras la ampliación.

La contraprestación en efectivo estará sujeta a los ajustes de deuda neta y capital circulante habituales en esta clase de operaciones, y los títulos de nueva emisión de Euskaltel no conllevarán el derecho a recibir ningún dividendo acordado y pendiente de pago correspondiente a los resultados del ejercicio 2016.

Al mismo tiempo, Zegona tendrá derecho a una contraprestación contingente, con un límite de 15 millones, equivalente al 35% del valor patrimonial de determinados activos que puedan aflorar en ciertas condiciones, correspondiendo a Euskaltel el 65% de dicho valor.

Como parte de la operación, Zegona podrá transmitir sus acciones en Euskaltel directamente a sus propios socios, aunque con ciertas limitaciones, pero no podrá ponerlas en el mercado durante un máximo de 24 meses.

Euskaltel, un cuarto operador amenazado

Tras esta operación, el operador vasco se configura como una alternativa en la región norte. Es decir, tanto en Galicia, Asturias y País Vasco pasaría a ser considerado el cuarto operador, el primero en muchos lugares, lógicamente.

Pero la situación no es la misma que hace algunos años. Con la llegada de los grandes operadores, sobre todo con el despliegue de fibra que están llevando a cabo Movistar y Orange, ese reinado de Euskaltel puede estar en entredicho. Y, por descontado, la competencia para captar clientes será mucho mayor.

Lo que sí parece claro, al menos de momento, es que la consolidación en el sector de las telecomunicaciones ha llegado a su fin. Por ahora. Con cuatro operadores a nivel nacional, y otro que tiene una presencia importante en el tercio norte de la península, parece que la competencia, algo que siempre obsesiona a los reguladores nacionales, se da por descontada. En todo caso, son la propia Euskaltel y MásMóvil las únicas que tienen margen para moverse de alguna manera. ¿Lo veremos pronto?