Aunque sigue siendo el sexto mayor banco de España, la situación del Banco Popular está muy lejos de ser buena. La entidad cerró el año pasado con las mayores pérdidas que ha visto un banco no nacionalizado en España. Pérdidas que rondan los 3.500 millones de euros, habiendo invertido provisiones por valor de casi 5.700 millones.

Hoy por hoy, el banco se enfrenta a una realidad muy difícil: Fitch bajó su calificación crediticia a B+ y, según Goldman Sachs, JP Morgan y Deutsche Bank, los accionistas no verán dividendos hasta, por lo menos, 2019.

Tras la salida de Ángel Ron de la presidencia y la llegada de Emilio Saracho el pasado 20 de febrero, comenzó un nuevo horizonte para la entidad. El actual presidente tendrá que elevar sustancialmente su capital, si pretende asegurar la supervivencia del banco en solitario.

La hoja de ruta impuesta por el Banco Central Europeo contempla, en primer lugar, la venta de sus activos improductivos, que ascienden a los 35.676 millones. Aunque Saracho es muy consciente de que le será muy difícil conseguir los ingresos suficientes como para evitar la ampliación de capital.

El presidente ya ha empezado a mover sus fichas. Comenzó una negociación con el Grupo Libra, un conglomerado financiero e inversor griego interesado en invertir, entre 350 y 400 millones, en el negocio inmobiliario del Popular, el principal pasivo que lastra la solvencia del banco.

Esta operación no sólo podría ser ventajosa en el terreno financiero, también supondría demostrar la fortaleza del grupo, que conseguiría desprenderse de gran parte del banco malo.

Esta estrategia se completa con la venta rápida de activos no estratégicos. El banco ya ha encargado a Bank Of America Merrill Lynch que explore el interés del mercado por una de sus posesiones más preciadas: la participación en WiZink, que asciende al 49% del total, valorada en 1225 millones.

Saracho también reactivó la venta de su filial en EEUU, TotalBank, tras haberla pospuesto el pasado diciembre, y bajo la gestión de Ángel Ron, para gestionarla el mismo.

Las otras alternativas de Banco Popular

La segunda opción contemplada por el BCE para sanear las cuentas y librarse de los activos tóxicos, es la ampliación de capital. Una operación que los analistas cifran en 3.000 millones y que, como ya hemos indicado antes, va a ser muy difícil que consiga evitarla.

Si la combinación de las dos anteriores no es suficiente para dar salud a la entidad, no le quedará más remedio que renunciar a la independencia del banco y buscar el mejor precio para su venta. Y Saracho ya ha asegurado a sus directivos, que “no le temblará el pulso si tiene que vender el Popular”.

Aunque todos los grandes bancos españoles coinciden en que no se plantearán la adquisición hasta que el Popular no complete su saneamiento, ya que hacerlo antes supondría cargar con el peso de las provisiones.

CaixaBank es el favorito de Goldman Sachs, porque es el el que más rentabilidad obtendría de la operación. Aunque para JP Morgan, los resultados serían demasiado modestos como para justificar un esfuerzo tan grande.