El presidente de EE UU, Donald Trump, vuelve a las andadas, y esta vez lo hace para restringir que los pasajeros que viajen al país desde diez aeropuertos situados principalmente en Oriente Próximo y el norte de África lleven aparatos electrónicos más grandes que un teléfono móvil, tales como tablets o portátiles.

Estos aeropuertos se encuentran en Amán, El Cairo, Kuwait, Doha, Dubái, Estambul, Abu Dhabi, Casablanca (Marruecos), y Riad y Yedá, en Arabia Saudí. Todos estos países son de mayoría musulmana. Así que compañías como Royal Jordanian Airlines, Egypt Air, Turkish Airlines, Saudi Arabian Airlines, Kuwait Airways, Royal Air Maroc, Qatar Airways, Emirates y Etihad Airways son algunas de las que se verán obligadas a acatar estas medidas, de forma indefinida, a partir de este viernes. Por el contrario, la medida impulsada por Trump no afectará a ninguna aerolínea estadounidense puesto que éstas no vuelan directamente a Estados Unidos desde dichos aeropuertos.

La política tomada por EE UU, más allá de sus implicaciones migratorias, no es nueva. Hace tres años, el Departamento de Seguridad Nacional del Gobierno de Barack Obama anunció un incremento de la vigilancia a través de la Administración de Seguridad de Transporte (TSA, por sus siglas en inglés). Esto se concretó en el mayor escrutinio de los aparatos electrónicos en determinados aeropuertos en el extranjero, donde se incluían aeródromos europeos.

La medida especificaba que durante el examen de seguridad, los agentes podrían pedir a sus propietarios que encendieran algunos aparatos, incluidos teléfonos móviles. Así, los aparatos sin batería no serían permitidos a bordo de la aeronave. Pero la diferencia es que, en esta ocasión, EE UU restringe llevar estos aparatos y el foco se centra sobre diez aeropuertos. A lo que se suman los intentos por impedir la entrada de ciudadanos de seis países musulmanes durante 90 días (Irán, Libia, Siria, Somalia, Sudán y Yemen).

Según la propia Administración, las nuevas restricciones han sido provocadas por informaciones de que grupos terroristas quieren introducir artefactos explosivos en aparatos electrónicos. Por lo que el Gobierno de Trump quiere desmarcarse de su veto migratorio a estos seis países musulmanes anunciado hace unos meses. De hecho, el 6 de marzo firmó una orden ejecutiva, aunque dos jueces federales han suspendido parte de la prohibición.

Mayor control de los aparatos

Aunque no todo el mundo lo recuerde, hasta hace poco el uso de aparatos electrónicos estaba prohibido en los aviones. En 2014, el requisito para que los viajeros puedan utilizar tablets, móviles y libros electrónicos es que estos permanecieran en modo avión. Motivo por el cual no  se podía conectarse a internet. De hecho, en la actualidad, el uso de estos dispositivos depende de las propias aerolíneas durante el vuelo. Éstas permiten, a determinada altura y bajo ciertas condiciones, usar dichos aparatos e incluso conectarse vía wifi.

Asimismo, las compañías aéreas también cuentan con especificaciones sobre las baterías de litio, especialmente tras los casos en los que las baterías del modelo de móvil Samsung Galaxy Note 7 han terminado ardiendo. Así, compañías como Iberia Express alerta de que “el transporte de baterías de litio está limitado por sus características y depende de si la batería está instalada en el equipo o si se quiere llevar como repuesto”.

En cuanto a las restricciones para el equipaje de mano, en Europa también se mira con lupa a algunos aparatos. Desde el 1 de marzo de 2015, los pasajeros aéreos tienen que pasar por una inspección en su equipaje de mano. Es decir, además de líquidos y objetos punzantes, se deben extraer de la maleta todos los dispositivos electrónicos y eléctricos. Se trata de una medida fijada por Bruselas y de obligado cumplimiento en todos los aeropuertos europeos.

Y como muchas otras medidas de Trump, se ha producido el efecto llamada. El Gobierno de Reino Unido ha prohibido la introducción de teléfonos, ordenadores y tablets de un determinado tamaño como equipaje de mano en vuelos procedentes de Turquía, Líbano, Jordania, Túnez y Arabia Saudí. Y por su parte, Francia está estudiando poner en marcha esta misma medida.