A buen seguro que mucha gente todavía no conoce los nombres que componen el Consejo de Ministros. Pese a no haber muchos cambios con respecto al anterior Gobierno de Mariano Rajoy, sí se incluyeron caras nuevas en ministerios clave. Una era en Fomento, donde aterrizó el exalcalde de Santander, Iñigo de la Serna. A las pocas semanas de jurar el cargo, su rostro aparece casi a diario en los informativos. El trabajo se acumula. Los conflictos, también.

Hace casi dos semanas que estalló el conflicto en la estiba. Los trabajadores encargados de la carga y descarga en los puertos marítimos españoles no han recibido de buen agrado la reforma que quiere llevar a cabo el Gobierno. Pero la necesidad obliga. Se trata de un mandato de la Unión Europea bajo amenaza de sanción.

El origen del conflicto que actualmente plantean los estibadores proviene de una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que en 2014 dictaminó que España ha estado incumpliendo la normativa comunitaria para el sector de la estiba. Ana Pastor, entonces ministra de Fomento, dio un paso al lado y dejó en manos de la patronal y los trabajadores alcanzar un acuerdo para reformar el sistema.

Pero la llegada de Íñigo de la Serna al Ministerio de Fomento cambió las cosas y se puso en marcha la redacción de un proyecto de Ley que obligaría a liberalizar el sector para que las empresas estibadoras puedan contratar libremente a sus empleados. Y es que, en este momento, son los sindicatos quienes deciden a quién sí y a quién no se contrata.

Todo esto ha acabado con una amenaza de huelga que, finalmente, no será secundada. Las cifras económicas que se barajan ambos bandos son demoledoras. Cada jornada de paro podría suponer al conjunto de la economía española unas pérdidas de 50 millones de euros. Pero si Bruselas impone sanciones, éstas serían de 134.000 euros al día.

Bajo esta doble amenaza, el ministro Iñigo de la Serna ha conseguido algo más de tiempo. Al menos una semana. Será este próximo viernes cuando todos tengan que estar de acuerdo. Y sí, lo tendrán que hacer sin él. Desde Fomento ya han indicado que se trata de algo que deben resolver entre patronal y sindicatos, y que el Ministerio solo mediará en caso de conflicto. Algo que volverá a surgir.

Por tierra los trenes

En el conflicto de la estiba (casi) todo tiene un carácter laboral, así como la amenaza de una multa. Sin embrago, en tierra, Iñigo de la Serna se está metiendo en diversos pantanos a base de promesas.

En las últimas semanas ha prometido que llevará alta velocidad ferroviaria a Granada y Santander. Asimismo, se ha reunido con los empresarios que reclaman un Corredor Mediterráneo de alta velocidad, y también les ha prometido lo suyo.

En cuanto a la ciudad andaluza, todo ha quedado claro (más o menos). El AVE no ha llegado hasta ahora por problemas técnicos. De ahora en adelante no llegará por otros motivos, pero ya se buscarán excusas. En cuanto al desembarco en su antigua alcaldía, Santander, el conflicto reside en el dinero. Costará llevar el AVE a Cantabria más de 1.300 millones de euros. Por el momento no hay fecha ni plazos concretos. Solo promesas que terminarán cabreando a los cántabros.

Con el Corredor Mediterráneo la película es distinta. Aquí hay diversos intereses económicos. El lobby creado en forma de fotografía con Juan Roig a la cabeza asegura que ellos suponen el 50% del PIB español. En compras, ventas, exportaciones e importaciones. Por lo tanto reclaman lo suyo. De la Serna inclina la cabeza y dice que sí. Otra toro más con el que lidiar sin ningún tipo de compromiso en firme.

Por último, y esto no es culpa suya, pero deberá hacerse cargo, unas acusaciones de soborno por las licitaciones públicas de Adif. Ya han pedido los partidos de la oposición su comparecencia en el Congreso. Quizá sería buena idea ir con todos los temas a la vez.

Por aire con Aena

Terminando con el trinomio de los problemas ministeriales, Iñigo de la Serna debe alzar la cabeza, mirar al cielo y solventar la privatización de Aena con la presión de la oposición, a la que deberá poner de acuerdo; y las reclamaciones sindicales para que esto no se lleve a cabo.

Aunque antes de todo eso se ha tenido que poner a malas con el propio gestor aeroportuario por la bajada de las tasas aéreas, algo que puede incidir en la cuenta de resultados de Aena y que, lógicamente, no ha sentado bien a la compañía.

Los sindicatos del ala dura de Aena ya han salido a la calle varias veces para protestar contra la privatización. Cuentan con el apoyo de Unidos Podemos. O sea, con el ruido mediático. A su vez, como accionista mayoritario de la compañía debe jugar en la Bolsa, y ver qué hacer para que en el momento de su venta, que llegará, la compañía cotice en el punto máximo.

Todo ello, teniendo que convencer a PSOE y Ciudadanos de que deben apoyar al Gobierno para reformar la Ley y poder privatizar Aena. Iñigo de la Serna tendrá un intenso calendario pata contentar a todos… por tierra, mar y aire.

Imagen | ‘@idlserna