La compañía aragonesa Imaginarium continúa con su caída en picado: desde 2012, más de 33 millones acumulados en pérdidas y, tras la auditoría de 2016 llevada a cabo por KPMG, la firma avisó por tercera vez (ya lo hizo en 2014 y 2015) de “la existencia de una incertidumbre sobre la capacidad del grupo para continuar como empresa en funcionamiento”.

Imaginarium es la excepción del sector juguetero español, sector que crece a un ritmo del 8,69% según la consultora NPD. Esto se cruza con las perspectivas negativas de la juguetera que cerrará su último ejercicio fiscal, entre el 1 de febrero de 2016 y el 31 de enero de 2017, con un descenso de las ventas del 14%, lastradas por España y Italia, y situará su resultado bruto de explotación (Ebitda) en una banda de entre uno y 1,5 millones de euros.

Y es que el milagro empresarial que fue Imaginariumen el momento de su creación en 1992, no lo es tanto desde que salió a cotizar al MAB (Mercado Alternativo Bursatil) y comenzó su expansión internacional en plena crisis económica (diciembre de 2009) financiándose con una deuda neta que en julio alcanzaba los 38,27 millones.

Tanto es así que su valor bursátil ha caído en picado desde entonces: de los 63,7 millones que marcó el día de su debut a los 31,8 millones de 2012, cuando entró en números rojos y los poco más de 6,04 millones actuales.

Imaginarium y sus explicaciones

Imaginarium ha achacado la situación a la pérdida de ventas del grupo en los mercados del Sur de Europa, producida por el cierre de tiendas con baja rentabilidad, en su mayoría franquicias, tanto en España como en el mercado internacional, así como al leve empeoramiento del margen, ahora situado entre el millón y el millón y medio de euros, lo que representaría una pérdida de Ebitda de aproximadamente 600.000 euros.

La dirección del grupo, liderado por Félix Tena, presidente y consejero delegado, está llevando a cabo un plan de eficiencia y reducción de costes, una revisión de los procesos con el objetivo de su simplificación y eficiencia y se abordará un plan de reestructuración de las filiales que no aportan ebitda positivo al grupo o que supongan un esfuerzo excesivo de financiación para la matriz, como es el caso del negocio en Turquía, donde la compañía traspasará las tiendas a un franquiciado o el de la filial Argentina, que va a disolverse para su posterior liquidación.

El consejo de administración inicia ahora conversaciones con sus acreedores para abordar una modificación de la estructura financiera dirigiéndola al nuevo plan de negocio y a las alternativas reales para la generación de ingresos así como un aplazamiento temporal durante un plazo de 90 días para el pago de la cuota de amortización del contrato de financiación previsto para el pasado 31 de enero y de la suspensión temporal del reembolso de las cantidades que puedan devengarse derivadas de los contratos de financiación.

La compañía confía en llevar a buen termino las negociaciones y ve factible la novación global de la estructura de deuda del grupo.

Imagen | ‘Bolsas y Mercados