Una de las leyendas bíblicas del Antiguo Testamento relata el castigo que infringió Dios a los ciudadanos de Babilonia cuando se disponían a construir una torre tan alta que tenía el objetivo de llegar al cielo. El creador del universo, molesto ante esa afrenta, hizo que los constructores de la torre hablaran distintas lenguas, de tal manera que no se pudieran entender. Ahora, muchos siglos después, las empresas agrupadas en el sector fintech se enfrentan a un reto similar: construir algo juntas hablando distintas lenguas.

Este jueves se ha celebrado el ‘IV Foro Fintech’ donde el principal punto del día ha sido la presentación del Libro Blanco del Fintech en España. Estas empresas del entramado financiero, pero que ejecutan sus servicios a través de la tecnología, han llegado a un punto de maduración en el que necesitan una regulación propia.

Lo que buscan con este documento, que es una iniciativa de la Asociación Española de Fintech e Insurtech, es concretar un marco de ideas y propuestas de cambios normativos que favorezcan la actividad empresarial de estas empresas dentro del sector financiero. Dichos cambios se han identificado como vitales para contribuir positivamente a la mejora de la competitividad de la industria financiera (banca, servicios de inversión y seguros) en interés de los consumidores.

¿Necesitan una regulación especial? En estos momentos, la gran banca tradicional se encuentra vigilada, controlada y regulada por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el Banco de España y las autoridades de competencia. Pero las fintech están en un limbo un tanto paradójico, donde son las comunidades autónomas y otros organismos públicos los que regulan su función.

Pero eso no puede seguir así. Según los datos que ofreció en el foro la vicepresidenta de la asociación, Marta Plana, en estos momentos hay más de 200 fintech en España que acumulan 2.500 trabajadores e invirtieron 250 millones de euros el año pasado. No se puede esperar más.

Además, como bien señaló durante la presentación Enrique Fernández, de EY, el sector debe dotarse de ciertos mecanismos para que no sea un coladero de iniciativas que poco tienen que ver con el fintech y, a su vez, distorsionan el trabajo que realizan quienes sacan adelante proyectos muy profesionales.

¿Pero por qué hablan distintos idiomas?

Con las cifras sobre la mesa, y las exigencias claras a la administración pública, hubo turno para una serie de mesas redondas donde los diferentes actores del sector expusieron sus ideas. Pero durante la presentación de la primera mesa, ‘La regulación Fintech como ventaja competitiva en el sector financiero” surgió una anécdota que debe hacer reflexionar al conjunto de este ecosistema.

El moderador fue presentando a los ponentes, junto a sus empresas y verticales de servicios a los que engloba en representación de otras compañías, y había seis en total, una simple representación que simbolizaba lo atomizado que se encuentra el sector. De hecho, bromeó con el público sobre si se acordaban de algún nombre.

Y es que… Asesoramiento y Gestión Patrimonial, Finanzas Personales, Financiación Alternativa:  Crowdfunding y Crowdlending, Crowd Equity, Crowdfunding / Lending sobre activos o bienes tangibles, Servicios Transaccionales / Divisas, Medios de Pago, Infraestructura Financiera, Criptocurrencies & Blockchain, InsurTech, Identificación Online de clientes y Big Data… y todo lo que pueda seguir surgiendo.

Éstas son algunas de las actividades que engloba el fenómeno fintech en estos momentos. Para su regulación proponen una serie de medias transversales, y, posteriormente en concreto, acciones específicas sobre cada vertical. ¿Pero es factible?

Ese es el objetivo. Seguramente no será sencillo, pero no se puede demorar. Muchas empresas necesitan que sus servicios estén controlados y vigilados. Eso ofrece garantías al mercado, a sus clientes y sus proveedores. Habrá que esperar que, aunque con distintas lenguas, todos consigan hacerse entender con el Gobierno.