La industria de las energías renovables llegó a ser uno de los sectores con más pujanza de España. Sin embargo, el ‘hachazo a las renovables’, con el que el anterior ministro de Industria, José Manuel Soria, recortó la retribución a estos productores, tuvo unas consecuencias devastadoras en la manufactura de equipos para las plantas de energías verdes.

Los fabricantes de aerogeneradores y demás componentes para la construcción de molinos de viento se han visto obligados a recortar sus plantillas a la mitad. Esta industria ha pasado de tener 44.000 empleos en 2008 a los 22.000 con los que cuenta en la actualidad, según los datos con los que cuenta la Asociación Empresarial Eólica (AEE).

Por su parte, desde la patronal fotovoltaica Unef calculan que se han perdido 40.000 puestos de trabajo como consecuencia de los recortes de la retribución a las renovables. La parálisis del mercado español ha provocado un frenazo en la producción de placas solares y estructuras.

La industria renovable se ha visto lastrada por el parón en el mercado doméstico, así que ha tenido que acudir a la exportación como vía de subsistencia. En los últimos años, España ha exportado todo lo que ha producido en el sector de componentes para la eólica, según la portavoz de la AEE, Sonia Franco. “Se mantienen las fábricas en España a la espera de que el sector se reactive pero no tienen más remedio que exportar al extranjero”, subraya en declaraciones a SABEMOS.

“¿Sale rentable? Si mantienen las factorías es porque les compensa, de momento. Pero no se pueden quedar para siempre en un mercado que es netamente exportador”, añade, al tiempo que matiza que se han cerrado fábricas pero las empresas no se han ido de España. “No ha habido una estampida porque siempre ha habido esperanza de que volverá a recuperarse la actividad en España”, resume.

Lo mismo ha sucedido en la industria fotovoltaica. Pasar 5 años sin un mercado interno ha tenido un “efecto devastador” en la producción para el sector, explica el director general de Unef, José Donoso. Además, a estas dificultades se han sumado las “barreras” al autoconsumo, que penalizan la instalación de paneles para la generación particular de energía solar.

“Sin embargo, el sector no se ha hundido; los productores han reaccionado y han buscado mercados fuera de España. La experiencia acumulada en el país, el know-how con el que ya contaban, les ha permitido posicionarse en países como Japón, Estados Unidos y Sudáfrica”, indica Donoso. “Donde hay un mercado internacional de energías renovables hay empresas españolas”, resalta.

Las subastas que van a llegar

En el año 2016 se dio por concluida la etapa de congelación de las energías renovables, dado que se celebró una subasta para adjudicar la instalación de 500 megawatios (MW). El resultado fue inquietante, dado que un grupo sin prácticamente experiencia en grandes instalaciones renovables ganó la subasta sin pedir ninguna prima.

El cambio se va a notar sobre todo este año, dado que el nuevo ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, ha convocado una subasta de 3.000 megavatios, con mayores garantías para asegurar que lo subastado se construye. Sin embargo, desde las patronales observan esta oportunidad con reservas. Donoso es crítico con la nueva convocatoria y considera que la estructura regulatoria del concurso es mejorable.

Por otro lado, la postura de Nadal sobre el autoconsumo no acaba de convencer en la Unef. “Si atendemos a declaraciones públicas, parece que no va a cambiar mucho. Explota una serie de argumentos demagógicos sobre la solidaridad que no tienen nada que ver con la realidad”, afirma José Donoso, quien asegura que cada hogar español se vería repercutido con tan sólo 11 céntimos al año si las instalaciones de autoconsumo dejaran de pagar el mantenimiento de la red, una infraestructura que no necesitan puesto que gastan la energía que generan.

En cualquier caso, Nadal tiene la llave para devolverle a la industria de las energías renovables el brillo que perdió. “El futuro del sector renovable pasa por las subastas”, señala Sonia Franco desde la AEE. “Estamos en un impasse complicado. Lo que sería una pena es que las fábricas se marchasen porque no tienen actividad. Eso es lo que hay que evitar”, concluye.